jueves, 27 de enero de 2011

Entre los deseos y la realidad

El amigo y compañero Juan Manuel Peluffo ha criticado las últimas notas de este blog, y ha hecho una defensa de lo que él llama “el proceso” K, considerando que esa es una mejor conceptualización que la de “modelo”, ya que esta última sería “estática”.

Lo extraño es que Peluffo atribuye a este blog el “error” de llamar “modelo” a algo que debería llamarse “proceso”, cuando es el gobierno quien machaca constantemente con la idea del “modelo”, y jamás habla de “proceso”.

El error de atribuir a este blog conceptos y opiniones que no tiene ni jamás ha vertido en sus entradas, se repetirá varias veces, a lo largo del trabajo de Peluffo. Ello torna bastante enojosa la tarea de defender la opinión original, ya que no sólo hay que refutar las críticas que lo merezcan, sino que también hay que aclarar que uno no escribió muchas de las cosas que el crítico responde como si así hubiera ocurrido. Algunas de esas cosas le merecen el calificativo de “dislate”.

Esta observación no es formal, sino metodológica y política. En el debate político estamos (lo digo en primera persona porque me incluyo) muy acostumbrados a encasillar la opinión del oponente, y entonces criticamos la opinión encasillada, que ha sido prefabricada a nuestro gusto. Pero cuando se trata de exponer argumentos, aclarar ideas, cuando se busca entender al otro y hacerse entender uno mismo, eso no aporta claridad. Lo que pasa es que los vicios de la militancia política se cuelan siempre, hasta inconscientemente.

Empieza diciendo Peluffo que la idea fundamental que sostienen las notas es que el modelo en cuestión no ha producido ninguna modificación estructural al “esquema neoliberal menem-cavallista”. Y termina diciendo que posicionarse frente al gobierno actual de la misma manera que lo hacíamos frente al menemismo es no visualizar el verdadero carácter de la etapa histórica que atravesamos.

Efectivamente, es mucho más fácil discutir con algún interlocutor imaginario que haya afirmado las cosas que se señalaron en el párrafo anterior. El problema es que este blog no dijo ni piensa eso. Y aunque éste blog no está autorizado para hablar en nombre de “los compañeros de Proyecto Sur”, tampoco esos compañeros piensan así.

Decir que la estructura productiva de la argentina no ha variado sustancialmente respecto de la estructura productiva de los años 90, y decir que el esquema actual es igual al esquema neoliberal menem – cavallista, son dos cosas totalmente diferentes. Si el amigo y compañero Peluffo quiere discutir con los que dicen y piensan esto último, si es que los hay, puede hacerlo. Pero tendrá que tomar otro blog y otras notas como punto de partida. Desde ya que en esa discusión vamos a estar del mismo lado. Pero no es la discusión que nos ocupa en este caso, sin desmerecerla.

La idea de “estructura”, de “estructura productiva”, y los conceptos relacionados, que fueron utilizados en las últimas entradas de este blog, y en el reportaje que el semanario El Economista le hizo a Kosakoff, se refieren a lo que los economistas llaman de ese modo. Los semiólogos cuando hablan de “estructura” se refieren a otra cosa. Y los geólogos, y los politólogos, y podríamos seguir ad infinitum. Pero por si no estaba claro, se aclara en una de las notas: el peso relativo de los diferentes sectores productivos, según la clasificación económica académica, en la composición del PBI, y por lo tanto en la generación del ingreso nacional en un determinado período. Sector primario, sector secundario, sector terciario. Al amigo y compañero Peluffo eso le parece un enfoque parcial e insuficiente. Esta vez sí es responsabilidad de este blog, que deliberadamente ha querido evaluar el “modelo” K por sus resultados en la estructura económica. Puede ser un enfoque parcial, pero es igualmente legítimo en la medida en que no falsee la realidad.

Las notas (esas notas) que se publicaron en este blog no tenían otras pretensiones que esas: mostrar el contraste entre un discurso política y culturalmente “progresista” como el que tiene el gobierno, y sus escasos resultados en materia de transformación estructural de la economía nacional.

Y los datos son testarudos. Los datos oficiales. Los que dicen que el sector industrial no creció en relación al total del PBI, ni a valores corrientes ni a valores constantes, mientras que sí lo hicieron el sector primario ligado a las exportaciones y el sector terciario. Que los sectores que más han crecido en los últimos años son los productores y exportadores de materias primas agrícolas, combustibles y minería. Que esos sectores están dominados por empresas multinacionales, que emplean poca mano de obra, y que no pagan buenos salarios. Que la demanda de todas las personas (trabajadores y capitalistas) que tienen relación con estos sectores dinámicos no alcanza para desarrollar armónicamente ni a los otros sectores productivos ni a todas las regiones del país, y que tampoco contribuye decisivamente a la integración regional. Ninguna de estas cosas mereció un comentario en el trabajo de Peluffo aunque, bueno es reconocerlo, tampoco puso en duda su veracidad.

Ninguna de esas afirmaciones significa, a juicio de este blog y de cualquier lectura no prejuiciosa, que el esquema actual sea “igual al esquema neoliberal menem cavallista”. Lo que sí se afirmó es que, por todo lo señalado, no alcanza para lograr la “inclusión social”, salvo que se crea que tal como estamos hoy, ese objetivo se ha alcanzado. Entonces estamos jodidos, ¿o no?

Sería criticable este enfoque a un año o dos de gobierno. Pero no lo es a más de 7 años de gobierno. Eso es también lo que se quería resaltar. Una estructura productiva no se transforma en 7 años. Pero en ese lapso se puede iniciar una fuerte tendencia al cambio. Jamás este blog ha afirmado, como pretende Peluffo “extendiendo su razonamiento”, que las transformaciones producidas por la última dictadura no han sido estructurales. Por el contrario, la dictadura y el menemismo son dos buenos ejemplos de cómo siete años son suficientes para desmontar un modelo productivo y sentar las bases de otro.

Las experiencias de la dictadura y del menemismo permiten afirmar que en siete años, entendidos como “proceso” no “se concreta un modelo” pero sí se pueden instalar sus principales características y condicionar el futuro. En este sentido se puede afirmar que, con un “esquema” distinto del neoliberal menem-cavallista, los logros en materia de estructura del kirchnerismo han sido magros.

Eso es precisamente lo que se quiere poner en debate. No es atribuyendo cualidades transformadoras al sesgo ideológico de un gobierno que las transformaciones se producen. Si las transformaciones no se producen, a pesar del cambio en el sesgo ideológico del gobierno, eso es lo que tiene que movernos a la reflexión, mucho más a los oficialistas que a los opositores. Si lo que falla no es el sesgo ideológico, entonces habrá otras cosas que han fallado o que están fallando, o más importante aún, QUE NO SON CONSISTENTES CON ESE SESGO IDEOLOGICO TRANSFORMADOR, y que están impidiendo los cambios.

Muy probablemente esas cosas excedan el terreno limitado de la “economía”. Mejor dicho, tienen que ver con las formas con las que el esquema económico se ve afectado por las relaciones sociales y políticas, la construcción de un poder de cambio o la renuncia a esa construcción, sin ignorar el conjunto de decisiones tomadas por el gobierno, pero al mismo tiempo sin caer en el error de creer que las decisiones de gobierno, por sí mismas, construyen poder. Eso es un enfoque tecnocrático, y además subestima el trabajo de todo proyecto político en la base de la sociedad. Aclaración: no digo que Peluffo haya subestimado esto, pero sí digo que ha hecho un fuerte hincapié, como todos los compañeros oficialistas, en el “balance” de las decisiones del gobierno.

Ahora la pregunta es si las limitaciones o las omisiones del gobierno se quieren ver o se quieren ocultar. Si todo es un problema del contexto, como cuando éramos jóvenes y decíamos que “son tácticas del viejo”. Veamos.

Si el enemigo principal son los medios de comunicación hegemónicos el gobierno está en lo correcto y no elude la batalla contra el enemigo principal. Ahí no hay limitaciones. Pero si Gioja es un empleado de las multinacionales de la minería eso es un problema del contexto y hay que ganar en San Juan.

¿Qué pasa? La minería como sector productivo ligado al mercado internacional, que amenaza el agua de los glaciares, un recurso escaso y cuyo dominio define el futuro estratégico de la humanidad, ¿es un tema economicista? En cambio en el mundo de las comunicaciones, de la biopolítica, de los bienes culturales, la batalla de los medios es fundamental y eso también define el futuro. ¿Porqué no se miden las dos cosas con la misma vara? Es insoslayable reparar en que Magnetto no quiso ser socio de Kirchner, antes de que se declarara la guerra entre ambos, mientras que Gioja siempre quiso serlo.

¿Esto es una chicana? De ninguna manera. Es un ejemplo del modo de construcción política y de alianza social del gobierno, que impide que se produzcan modificaciones estructurales en la economía del país.

Una posibilidad es valorar los logros del gobierno. Peluffo lo hace y lo hace bien. Y recurrir al concepto de “proceso” y a partir de ahí, considerar que el “mantenimiento del rumbo” va a ir dando los resultados deseados, mientras se gana tiempo para desarticular a los poderes que se oponen al cambio y se va construyendo la fuerza política y social capaz de sostener y profundizar esos cambios. Es válido y legítimo. Pero, ¿es realista?

Podrá responderse, ¿y desde qué lugar político se cuestiona el realismo y la eficacia del kirchnerismo? ¿Desde Proyecto Sur?

Esa es otra discusión. Este blog no va a rehuir esa discusión. Pero los defectos de Proyecto Sur, que posiblemente sean muchos, no convierten en aciertos a los errores del gobierno. Las dificultades de construcción política de Proyecto Sur no implican que entonces la construcción política del gobierno sea virtuosa. Rescatando al filósofo Panigassi, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Aquí no queremos llevar agua para un determinado molino. Aquí queremos poner en discusión la realidad, y para ello primero tenemos que aceptarla.

¿Podemos decir orgullosos, como dice Peluffo, que este año se “removieron” los “resabios neoliberales” del Banco Central porque lo echaron a Redrado? ¿Y no tenemos nada que decir acerca del tiempo que estuvo Redrado al frente del Banco Central y las razones para que eso haya sido así? ¿No tenemos nada que decir respecto del tiempo que estuvo Redrado al frente de la Secretaría de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales? Aquellos que siguen este blog saben que, en su momento, nos referimos a estos temas. Basta ver las entradas de enero de 2010, hace un año. ¿Qué sector del kirchnerismo se acordaba que Redrado era neoliberal antes de que lo echaran?

Podrá decirse que esa era una “alianza circunstancial” que se rompió y la prueba es que Redrado no está más en el Banco Central, que ahora está “Merche”. Muy bien, ¿qué sector del kirchnerismo dice hoy que Boudou es neoliberal? ¿Qué creen que es? ¿Y Scioli? ¿Qué creen que es? ¿Y De la Sota? ¿Qué es De La Sota? Capital, Provincia de Buenos Aires y Córdoba, ¿en qué manos van a quedar?

Por el lenguaje, parecería que esta entrada ya ha “derrapado” en una discusión de café. Pero la idea es preguntar si estos hechos no hablan de una construcción política que condiciona los cambios estructurales, y ahora el término no se refiere sólo a la estructura económica.

Dice Peluffo, y tiene razón, que no podemos enfrentar a este gobierno como enfrentamos al menemismo. Y el uso de la primera persona nos incluye en su mismo espacio, lo cual es un gesto de compañerismo que se valora.

Este blog dice también que cuando desde la misma vereda política enfrentamos al menemismo, ¿cuántos dirigentes de Proyecto Sur estaban de nuestro lado y cuántos de los que hoy están o apoyan al gobierno estaban en la vereda de enfrente? ¿Cuántos de los que hoy son gobernadores e intendentes oficialistas, y candidatos para el 2011 estaban en una y en otra vereda?

Estas preguntas no son chicanas. Se hacen para contestar elípticamente las críticas que Peluffo hace respecto de los programas de TV a los que asiste Pino Solanas o las columnas periodísticas que publica en la prensa “hegemónica”. Y no es que las miserias ajenas tapen o compensen las propias. Es que no se puede ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio.

Algo estará pasando en el oficialismo si sus dirigentes y candidatos son quienes son, aunque el “esquema neoliberal menem cavallista” haya cambiado, este blog vuelve a poner la mira en el futuro: ¿con esta política y con este bloque de poder, se puede llegar a la inclusión social?

miércoles, 26 de enero de 2011

Una defensa del "modelo K"

A raíz de las últimas notas publicadas en este Blog, relacionadas con "el modelo K", el amigo y compañero Juan Manuel Peluffo se tomó el trabajo de escribir unas líneas con la intención de refutar algunos conceptos y afirmaciones publicados, y de hacer una defensa de lo que él llama "el proceso K", más que "el modelo".

Lo hizo a modo de carta abierta "a los compañeros de Proyecto Sur", identificando las posiciones de este blog con las de ese proyecto político.

Ello obliga a hacer una aclaración: este blog no oculta sus simpatías políticas. Prueba de ello son los links a las páginas de Pino Solanas y de Claudio Lozano. Pero ello no es directamente aplicable a la inversa, es decir, las posiciones de este blog no comprometen a Proyecto Sur ni al partido Buenos Aires Para Todos en Proyecto Sur.

Por lo tanto, tampoco las críticas que, como se verá, Peluffo hace a esos partidos son necesariamente extensibles a lo que se ha publicado en este blog, y por lo tanto no puede ni debe Hombre de Ningún Lugar responder a esas críticas.

Hecha esta aclaración, a continuación se transcribe el trabajo de Juan Manuel Peluffo, el cual será polemizado y puntualmente respondido en los próximos días, en estas mismas páginas.

A LOS COMPAÑEROS DE PROYECTO SUR

Estas líneas fueron motivadas por un artículo publicado por el compañero y amigo Jaime Farji en su blog Hombre de Ningún Lugar (algo Lennoniano el cumpa) sobre lo que llama el ”modelo K”.

La idea fundamental que sostiene es que el modelo en cuestión no ha producido ninguna modificación estructural al esquema neoliberal menem-cavallista, y que por lo tanto su capacidad de inclusión social es muy limitada, por lo que es probable que los planes de asistencia social, el discurso progre, la propaganda y la política no alcancen como contención social para esos excluidos, y por lo tanto se produzca una reaparición de la represión para sofocar el conflicto social, habiéndose además perdido una excelente oportunidad para, a través de esa “alianza con la sociedad”, crear un nuevo movimiento político capaz de sustentar un auténtico proceso de transformación. (corregime si me equivoco e interpreté mal algunas de tus ideas).

Por mi parte intentaré demostrar que: 1) sí se han producido modificaciones estructurales y 2) que más que modelo K deberíamos hablar de un proceso (con perdón de la palabra) K, para dar una idea de dinamismo dialéctico, que el concepto de modelo, desde mi punto de vista, reduce a una visión economicista y estática.

Mi primera objeción al planteo fue la re-estatización de la Previsión Social (AFJPs), para mí un claro ejemplo de una modificación estructural en el plano económico. Jaime la relativizó planteando que sí, sin duda era una reforma estructural a nivel del Sistema Previsional. Voy, por lo tanto, a desarrollar un poco el tema.

La privatización de las Jubilaciones tuvo 2 efectos fundamentales: significó una brutal transferencia de recursos del sector laboral-productivo al financiero (modificación estructural neoliberal). Cálculos de diferentes organismos estiman que, a lo largo de los 14 años de vigencia del sistema, las comisiones derivadas (30% de los aportes) significaron unos 15.000 millones de USD. Por otro lado, se produjo un terrible desfinanciamiento del Estado, que siguió pagando las jubilaciones existentes por un largo período, y garantizando montos asegurados. A esto debemos sumar la reducción a la mitad de los aportes patronales. Por lo que el desfinanciamiento estatal a lo largo de los 7 años dentro de la convertibilidad significaron cerca de USD 40.000 millones . En un escenario de peso sobrevaluado, saldos neutros o deficitarios de comercio exterior y alta evasión impositiva, esto se tradujo en forma casi lineal en deuda externa. Durante el período “convertible”, la misma saltó de USD 65.000 millones a USD 120.000 (todo esto son aproximaciones, sólo uso el disco rígido de mi cerebro). El funcionamiento durante 10 años de la economía gracias al indispensable endeudamiento externo, es otro rasgo estructural del modelo neoliberal “ a la argentina”.Ese endeudamiento, que llegó en el 2002 a representar casi el 150% del PBI, ató cada vez más a la economía domestica a los monitoreos y condicionamientos del FMI. A su vez para generar tasa de ganancia en ese marco, las empresas, fundamentalmente las industriales golpeadas por la competencia extranjera, comenzaron un proceso de expulsión de mano de obra, generando un ejército de reserva laboral que permitió una tendencia a la baja en los salarios en general. El máximo exponente de este proceso fue la reducción en un 13 % de todos los sueldos estatales y de las jubilaciones. Los bajos salarios y jubilaciones y la alta tasa de desempleo (alrededor del 16 % a lo largo de la convertibilidad neoliberal), son desde mi humilde punto de vista , un aspecto socio económico indispensable de este modelo, y , por lo tanto, estructural.

A diferencia de Bernado Kosakoff y Claudio Lozano, que acuerdan con la visión de Jaime, tiendo más a coincidir con Paul Krugman y Joseph Stiglitz, ambos Premios Nobel de economía, heterodoxos ellos e hipercríticos del neoliberalismo (el primero de ellos acaba de publicar en El País un análisis de cómo deberían salir Grecia, Irlanda, Portugal y España de la catástrofe neoliberal, y les propone tomar como ejemplo el Argentine way), o Aldo Ferrer, si tomamos un local, que plantean que sí, este es un modelo de ruptura con respecto al neoliberal.

En el actual escenario debemos señalar:
La deuda externa pasó de representar el 145% del PBI al 45 % .
La desocupación pasó del 16% promedio de los 90 al 8 % promedio. Es cierto que la calidad del empleo es baja, pero también aceptemos que partimos, hace 7 años, de un desempleo superior al 20 %.
Se pasó de estado de déficit fiscal y comercial casi crónico a los superávits gemelos. Jaime dice que el superávit primario casi se esfuma una vez que se pagan servicios de la deuda. Muchos países europeos hasta ayer ejemplo conviven con déficits del 10%.
El efecto Tequila, una crisis financiera en un país periférico, llevó la desocupación al 19 % y a la caída del PBI en 1995. La actual crisis cuasi catastrófica que estalló en los países capitalistas centrales (comenzando por EEUU) en 2008, provocó dificultades pero nada parecido al terremoto del Tequila.

Humildemente, considerar que el actual modelo económico es en esencia el mismo de los 90, tiende a parecerme un dislate. Y más aún si pasamos de lo estático de “modelo” a un concepto de proceso en desarrollo. Aquí vamos.

El modelo neoliberal no es sólo un modelo económico. Es un modo de organización social integral. Por lo tanto presenta facetas económicas, políticas, ideológicas, sociales y, ¡Gramsci al fin! culturales.

El proceso iniciado en el 2003, luego del estallido del 2001-2002, a diferencia de lo que plantea Jaime, está, en mi opinión, en pleno desarrollo. No acuerdo con la visión de que “si no se aprovecharon los años de vacas gordas para realizar los cambios estructurales, no se harán nunca”. Creo sinceramente, que ese es un reduccionismo economicista. Las medidas más profundas (cuasi-estructurales) que tomó el Kirchnerismo las tomó luego de dos derrotas políticas: la 125 en 2008 (seguida por la re-estatización de las AFJP) y de la derrota electoral (en realidad casi, porque el FPV fue la primera minoría con el 32% de los votos nacionales, seguido por el ACy S con el 29%) y la Ley de Medios, AUH, el desplazamiento de los resabios neoliberales en el Central con la llegada de Mechi y el Matrimonio Igualitario (sin duda no una medida estructural económica pero profundísima en términos de cuestionamiento a la hegemonía de las clases dominantes y el sentido común imperante). Mientras las medidas económicas se iban desarrollando se entabló simultáneamente un duro enfrentamiento político, ideológico y cultural con los sectores sociales dominantes.

Para hacer un parangón histórico: el modelo neoliberal dio su primer pasito en Argentina en 1975 con el Rodrigazo, antesala del Golpe del 76. De allí al 83 no se desarrollan, prácticamente, reformas de las que el cumpa Farji califica de estructurales, pero sí se avanzó en los planos militares, sociales, ideológicos y culturales. El asesinato de 30.000 argentinos, la represión generalizada a todos los sectores que intentaron oponerse a la dictadura, el exilio de decenas de miles, fueron básicamente un accionar político-militar no estructural, pero sí indispensable para posibilitar reformas de ese tipo a futuro.

Una iniciativa de tipo legal institucional, la Ley de Instituciones Financieras de Martínez de Hoz, claramente súper-estructural, iniciaría la transformación del modelo de acumulación industrialista basado en la sustitución de importaciones que se había desplegado hasta 1970 hacia el modelo de valorización financiera triunfante en los 90.
Esto inició el proceso de desindustrialización que culminó en los 90.

Si emuláramos el método analítico estático y economicista del cumpa Farji diríamos: el establishment desaprovechó 5 años de poder total y absoluto (del 76 al 81), pues no realizó concretamente ninguna reforma estructural en su momento aparentemente más favorable, siguiendo el ejemplo de Reagan y Thatcher. Y también concluiríamos que el nuevo sector hegemónico en el bloque dominante sería la clásica oligarquía terrateniente, capaz de desobedecer el mandato Yanqui de boicot a los juegos Olímpicos de Moscú en 1980 para continuar con sus pingues negocios con la URSS. Y luego, con el retorno de la democracia y tras los 2 primeros años de Alfonsín, con su política de dureza frente al FMI, su política internacional autónoma, su política de DDHH con el Juicio a las Juntas, diríamos ”Ufa, sonamos, no hicimos los cambios estructurales en el mejor momento, no los haremos nunca. Y, sin embargo, no fue así .Lo sembrado por la dictadura Cívico-Militar en términos legales-institucionales, la deuda externa contraída que se multiplicó por 7 en 7 años, la sensación de frustración, temor y derrota que asolaba al pueblo argentino, y los errores de la gestión alfonsinista, que reculó luego de sus aciertos iniciales (economía de Guerra, Felices Pascuas,etc), que impidieron una acumulación de fuerzas que permitiera desmontar las trampas neoliberales dejadas por la Dictadura Cívico Militar, posibilitó una contraofensiva del establishment, y mediante la hiperinflación conducida por los “capitanes de la industria”, lograron no sólo anticipar el cambio de gobierno, sino condicionar fuertemente al próximo y, lo más dramático, la rendición de la sociedad argentina. Aplicación exacta de la receta del desastre tan bien explicada por Naomi Klein. Pero ahí recién comenzaba la etapa final de despliegue y consolidación del “modelo”. No estaba definido cuál era el nuevo sector hegemónico . Menem, como parecía obvio, pensó inicialmente que eran los capitanes de la industria y sectores agro-exportadores. Y se equivocó fiero. Al poco tiempo tuvimos un par de “hípers” más, plan Bonex y, frutilla del postre, Cavallo. Y allí se despliega la batería completa del neoliberalismo, implementada por el auténtico cortador del bacalao, el capital financiero aliado a las incipientes empresas privatizadas: convertibilidad con tipo de cambio sobrevaluado a favor del nuevo peso, apertura total de la economía, desregulación, privatización total de servicios y empresas públicas, cuasi desaparición del gasto social, etc., acompañada por medidas “superestructurales” coherentes: Impunidad a los que iniciaron el “modelo”, relaciones carnales con el “Consenso de Washington”, atomización del Movimiento Obrero con flexibilidad laboral, imposición de una escala de valores coherentes con todo eso, individualismo, egoísmo, exitismo personal, etc.

O sea, la consolidación del modelo neoliberal llevó en total 19 años, desde 1976 a 1995 con la reelección de Menem. Ese modelo funcionó sin aparentes fallas hasta el año 2001, aunque algunas voces minoritarias advertían, en los márgenes de la sociedad, que estaba agotado desde 1997, porque era incapaz de incluir a la totalidad de la población, ni siquiera a una mayoría importante.

Del mismo modo, podríamos decir que el actual “modelo en desarrollo” comenzó a instalarse en 2003 y está en pleno despliegue. No hay que olvidar el punto de partida, el escenario del cual partimos. La mayor catástrofe económico social de los últimos 100 años y una crisis orgánica del sistema político, que, en medio de una llamativa dispersión, “premia” al modelo que había llevado al país a esa situación. Porque no debemos olvidar que Menem y López Murphy, exponentes cabales del neoliberalismo, obtienen el 41 % de los votos. Y que Kirchner asume la presidencia por esas raras volteretas del destino.

Y por lo tanto el despliegue del nuevo modelo está fuertemente condicionado por las correlaciones de fuerzas que ese porcentaje atestiguaba. Y a pesar de eso, de la carencia de una fuerza organizada alrededor de fuertes convicciones político-ideológicas, el proyecto fue avanzando, con las inevitables contradicciones producto de esa correlación de fuerzas pero, simultáneamente, buscando coherencia interna. Si el neoliberalismo exigía impunidad para los Dictadores, este proyecto impulsó la Memoria y la Justicia, encarcelando a 150 represores y procesando otros 600, si necesitaba una Corte adicta y sumisa, éste indujo a la conformación de la más prestigiosa e independiente de los últimos 50 años. Si antes se necesitaban relaciones carnales, ahora se imponía la unidad y solidaridad latinoamericanas, con el No al ALCA, el apoyo a Evo, Correa, y el repudio al golpismo Hondureño, si se debía obediencia al FMI, ahora ni siquiera Farji sabe cómo se llama el delegado para Latinoamérica de ese organismo, si el endeudamiento era indispensable, ahora vivimos el momento de mayor autonomía externa desde la 1ª Presidencia de Perón (Zlotowiadja dixit), si se negociaba cuanto bajar los salarios amenazando con el ejército de reserva, ahora se alcanzan porcentajes de aumentos superiores a la inflación de Miguel Angel Broda, si en esos días se le rendía pleitesía a la cúpula reaccionaria de la Iglesa Católica, hoy la distancia se mide en años luz, si antes se congelaban y reducían las jubilaciones, ahora la mínima se ha duplicado en términos reales, si antes se reprimía en Cutral-Co, Tartagal, Tierra del Fuego o Plaza de Mayo, hoy se resiste la presión del aparato mediático y la derecha política por poner orden, si antes se recibían halagos de ese aparato mediático, ahora se lleva adelante una guerra sin cuartel contra los medios hegemónicos; si antes teníamos las manzanas partidas y culos de Sofovich en ATC, hoy tenemos el canal Encuentro. Y ya me estoy aburriendo.

Sin duda que hay aspectos negativos, errores y algunos horrores. Pero en la balanza lo positivo parece ser mucho más que lo negativo. Y el proceso sigue adelante. Con contradicciones. Dialécticamente, como corresponde.

Ante esto, los compañeros de Proyecto Sur plantean: esto es más de lo mismo. Es el mismo modelo, es de re-derecha, el kirchnerismo es la etapa superior del menemismo. Creo que cometen un gravísimo error. Posicionarse frente al gobierno de la misma manera que enfrentamos al menemismo es no visualizar el verdadero carácter de la etapa histórica que atravesamos.

Y aunque no fuera más que gatopardismo, lo sería de tal audacia y creatividad que deberían planearse otra forma de posicionamiento. Si para el imaginario colectivo mayoritario, adherentes y opositores, este es un gobierno de “izquierda”, si para los voceros orgánico históricos de los sectores dominantes, esos que nunca se equivocan al señalar al enemigo, La Nación, Mariano Grondona, la Sociedad Rural, la cúpula eclesial, el ala liberal de la UIA, el FMI el kirchnerismo es Satanás y sus Legiones a destruir, si cientos, quizás miles de sobrevivientes setentistas estamos convencidos de que estamos avanzando en un proceso de transformación profundo de nuestra Patria , si miles o decenas de miles de jóvenes han redescubierto la pasión y la militancia política luego de dos décadas de apatía y extrañamiento, algo profundo debe estar pasando.

Y da pena, y bronca también, verlo a Pino intercambiar guiños y sonrisitas “a la Biolcatti” con el redactor del Comunicado 150 de Campo de Mayo, de pasearse diariamente por los canales de los medios hegemónicos, de los reportajes a página y media completa en la Tribuna de Opinión de la más rancia oligarquía. A nosotros que prolongamos hábilmente su proyecto nos tiran con misiles, a los auténticos revolucionarios los adulan y les regalan USD 100.000 de una página de La Nación. A mí, humildemente, hay algo que no me cierra.

Juan Manuel Peluffo

lunes, 17 de enero de 2011

Sobre "el modelo" del gobierno "K" (nota 4 y última)


¿Cuáles son los resultados del “modelo”?

En un contexto de crecimiento de los precios internacionales de las materias primas agrícolas, mineras y energéticas que la Argentina produce y exporta, se lograron elevadas tasas de crecimiento del producto, balanzas comerciales favorables, y superávits fiscales primarios (antes del pago de los servicios de la deuda) importantes.

Con una política cambiaria que privilegió el dólar alto, compensando con la intervención del BCRA una tendencia lógica a la revaluación del peso, aumentaron el empleo y el salario de los trabajadores formales, manteniendo cierto nivel de competitividad externa en sectores industriales no tradicionales.

Sin embargo, el empleo informal sigue siendo muy elevado. En ese sector los salarios reales no aumentaron sino todo lo contrario. El 25% de la población está excluido del proceso productivo y vive en la marginalidad, aún cuando perciba un ingreso mínimo. El número de pobres sigue siendo tan elevado después de 7 años de kirchnerismo como lo era después de los primeros 7 años del menemismo y la brecha entre quienes más y quienes menos ganan sigue siendo muy elevada.

Luego de los años de gracia de la reestructuración de la deuda de 2005, el superávit primario apenas alcanza para cubrir los compromisos externos. El sostenimiento de un dólar alto, para no perjudicar a la industria y el empleo, genera tendencias inflacionarias, que sumadas a las estructuras productivas y de distribución oligopólicas, y a la puja distributiva, no hacen prever una fácil contención de este proceso, con su negativa influencia en la situación social y en la distribución del ingreso.

Dados los sectores dinámicos del crecimiento económico de los últimos años, la naturaleza trasnacional de quienes los organizan y dominan, el volumen de excedente generado, la parte del excedente se distribuye en el interior del país, y la parte que se queda en el exterior o se transfiere al exterior, el tipo de bienes que demandan en el interior los distintos grupos de la población empleados en esos rubros, está claro que este “modelo” no es capaz de lograr la “inclusión social” pretendida por el gobierno en su discurso. Después de más de 7 años, en los cuales ya tuvieron lugar las mejores condiciones (ausencia de crisis internacional, postergación de los pagos de la deuda, capacidad ociosa en el aparato productivo local), no parece que extendiendo en el tiempo el funcionamiento actual de la economía, los resultados en materia de inclusión vayan a llegar finalmente.

Los sectores dinámicos no emplean gran cantidad de mano de obra ni pagan salarios elevados. La extensión de la frontera agrícola no puede prolongarse mucho más porque ya está ocupando las zonas menos productivas y está invadiendo la propiedad ancestral de los pueblos originarios. La frontera se expande a expensas de la destrucción de montes nativos, lo que se pagará en el futuro. Lo mismo ocurre con los emprendimientos mineros, que ya enfrentan la resistencia de las poblaciones locales y se expanden a expensas de la destrucción de los glaciares.

Las clases alta y media alta que se han beneficiado del “modelo” no tienen el peso demográfico suficiente como para que la producción de los bienes de consumo que demandan, incluso los durables (automóviles, yates, 4x4, etc.), puedan garantizar ni la producción nacional (muchos de esos bienes se importan) ni el pleno empleo.

Sin embargo, con altos precios internacionales de las materias primas, este esquema puede durar mucho tiempo más, y el estado puede seguir intentando compensar, mediante transferencias directas a las familias, y mediante obras públicas de carácter social, los elementos más injustos del “modelo”.

Si ése es el plan del gobierno, bueno sería reconocer que su objetivo no es, ni será, la inclusión social, sino el mantenimiento del “statu quo” con los niveles más bajos posibles de conflictividad social.

¿Y el futuro?

La renuncia a producir cambios estructurales puede pasar inadvertida por la población mientras este esquema logre contener la conflictividad social, y es por ello que el gobierno se enfoca, cada vez más, en la gestión política y comunicacional del conflicto social, antes que en remover sus causas.

Por ello no puede prescindir de sus relaciones con el sindicalismo tradicional, con los políticos tradicionales del justicialismo, y ante la eventualidad del uso de la fuerza pública, no puede arriesgarse a no tener el control de las fuerzas de seguridad. Y para revestir todo esto de progresismo, cuenta con una batería de instrumentos de comunicación social que utiliza con una eficacia digna de mejores causas, al menos en lo que respecta a la manipulación de las conciencias de sus propios adherentes.

Si bien intensifica su discurso “anti corporaciones”, renuncia a hacer una alianza con la sociedad, y en lugar de ello se entrega en manos de otras corporaciones, más afines a la conservación del poder que se acumuló hasta el presente.

Pero por inteligente que sea el manejo de la comunicación o de las relaciones con la corporación política, sindical y policial, los problemas del “modelo” seguirán estando en el hecho de que el mismo no garantiza la inclusión social, y por lo tanto, no garantiza la paz social. Una verdad de perogrullo.

Con el agravante que las corporaciones política, sindical y policial, exigirán un precio cada vez más alto para contener el conflicto social con los métodos ya conocidos por todos.

Si fueran eficaces en la contención, el statu quo se mantendrá, con los niveles de injusticia conocidos, y el kirchnerismo habrá pagado el precio de renunciar a la construcción de un movimiento político de cambio.

Si, por el contrario, esas corporaciones fueran desbordadas, la renuncia a construir ese movimiento, contando con la inigualable palanca que representa el poder del estado, habrá impedido a toda la sociedad tener una herramienta para conducir la próxima crisis, cuando indefectiblemente estalle, hacia una salida racional y democrática.

domingo, 16 de enero de 2011

Kosacoff a "El Economista": "El modelo productivo es el mismo de la década del 90"

El semanario El Economista, en su edición del pasado viernes 14 de enero de 2011, publicó una entrevista a Bernardo Kosacoff, quien fue hasta hace poco el director de la oficina de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dependiente de las Naciones Unidas), en Buenos Aires.

Por resultar de gran interés, y además, porque trata aspectos que este blog viene publicando en estos últimos días, se transcribe a continuación.

Bernardo Kosacoff da su primera entrevista después de dejar la oficina de la CEPAL en Buenos Aires. Actualmente es el director del Centro Empresa, Competitividad y Desarrollo del ITBA-Universidad San Andrés.

¿Cómo es la situación de las empresas argentinas?

La situación patrimonial de las empresas argentinas es una de las mejores en la historia del país. Esto se da en un proceso impactante en el que se duplicó la inversión en términos del producto desde el 11% y se financió con ahorros propios. Eso fue gracias a un cambio macroeconómico producto del incremento de la tasa de ahorro público que no solo financió el incremento de la inversión sino también la salida de capitales que hubo en estos tres últimos años. Esto ocurre en un insólito contexto patrimonial de las empresas que quedó a la luz cuando ocurrió la crisis financiera de 2009. En todas las crisis anteriores las empresas llegaban con niveles altos de deuda, préstamos a los que no podían hacer frente y niveles de compromiso que quebraban la cadena de pagos. Todo esto configuraba un cóctel explosivo que cuando ocurría una crisis macroeconómica terminaba amplificando los problemas de la economía real.

En la crisis de 2009 el nivel de morosidad del sector privado era menor al 3% y en 2001 era del 29%. Esto significó que el sector bancario no sufrió la crisis de 2009

¿Cree que en la Argentina hubo un cambio de modelo productivo en los últimos años?

En la década del 90 la Argentina tuvo cambios estructurales que impactaron en el patrón de especialización y eso no se ha modificado hasta hoy. La respuesta de las empresas a un contexto con tipo de cambio apreciado como el de la convertibilidad, la tasa de interés real positiva y la ausencia de planes de competitividad cambiaron la función de producción de las firmas. Es decir, las empresas en la Argentina aprovecharon la amenaza de las importaciones para desmantelar sus negocios y eso significó dos cosas. Primero, la destrucción de la cadena de valor. Segundo, el aumento del contenido de productos importados en las fundones de producción de las empresas, ya que éstas incorporaron a sus funciones de producción una proporción cada vez mayor de insumos importados. Ninguna de estas dos características fueron revertidas en los últimos años.

¿Se pensó que con la devaluación de 2002 se podía modifcar?

Exacto, pero no fue así. Hubo una recuperación extraordinaria desde 2003 cuando se creció cerca de 70% y el empleo formal creció 30%, ero no hubo un cambio en la función de producción. No se integraron las cadenas de valor ni se modificó el componente de productos importados en la producción de las firmas.

¿Nacieron sectores nuevos dentro de la industria?

El crecimiento de la Argentina no se da con un cambio en el patrón de especialización. Es cierto que hay algunos sectores que hoy tienen un papel más destacado en la economía. El turismo es un caso y la minería otro. También está el tema de los servicios transables como la industria informática, bienes culturales, por ejemplo. Pero no hay una masa crítica.

¿Cuál es el patrón productivo de la Argentina? ¿Cómo lo define?

Somos productores de bienes primarios.. Eso se refleja muy bien en las exportaciones donde lo que pesa principalmente es el tema de los recursos naturales. Es cierto que en las décadas del ochenta y noventa hubo cambios que permitieron exportar aluminio y productos petroquímicos. Pero la base sigue siendo la misma: la explotación de recursos naturales. Y ahora, en la última década, explotó el boom de la industria automotriz. Sin embargo, tampoco allí se introdujo un cambio en la función de producción de las empresas. Está claro que hoy la Argentina tiene una dinámica automotriz que no había antes pero señala que cuantos más autos venda o más autos exporte, mayor será el déficit de autopartes. ¿Por qué? Porque el país no logró crear una dinámica de cambio estructural que cree más valor agregado en términos de tener más integración nacional en el sector. Eso significa tener 40 ó 50 autopartistas que duplican la capacidad de producción en el mercado. No se logró producir motores en el país, ni mecanismos más complejos y circuitos eléctricos. La dinámica de cambio estructural que se dio en la década del noventa fue aprovechada con la modificación del régimen macroeconómico que dejó un crecimiento espectacular. Pero no hubo un cambio estructural.

¿Cómo se comportó la inversión en la década pasada?

Parece una frase hecha pero yo creo que marca la realidad: la mitad del vaso está llena y la otra vacía. El crecimiento de los últimos años se obtuvo gracias a la capacidad ociosa que había en la producción y en el empleo, pero también es cierto que si no hubieras pasado de una inversión del 11% al 22% del PBI era imposible crecer como se hizo. A partir del 2007 aparece este tema de que se necesitaban tres o cuatro puntos adicionales de inversión. Construcciones, PYMES y turismo pesan fuerte en las inversiones y faltan las grandes. Faltan 30 ó 40 empresas grandes que tengan un proceso de inversión sostenido en la producción de bienes transables.

¿Quiénes invierten en la Argentina?

En la Argentina hay fenómenos de adquisiciones y no un proceso de creación de nuevas plantas. Esto ocurre desde hace 20 años. Hay unas 400.000 empresas, pero las que cortan el bacalao son las 500 más grandes. Si alguien me pregunta dentro de esas 500, cuáles son las que se han creado en los últimos 20 años, cuesta a uno identificarlas. Si en cambio uno encuentra casos de adquisiciones. En la década del 90 fue motorizado por las firmas trasnacionales y en la última por las empresas brasileñas.

Cuando uno mira las 500 firmas más grandes de la Argentina se da cuenta que el proceso de extranjerización continúa porque 400 de ellas tienen capital extranjero. Y muchas de ellas no han invertido en los últimos años. Están en los sectores más importantes, tienen grandes participaciones en los mercados donde se desempeñan y son firmas líderes. Pero todas ellas están en la cola del proceso de inversiones.

¿Entonces porqué la economía de Brasil se primarizó y tiene muchas más empresas grandes que la Argentina?

De Brasil se dicen muchas cosas y se oculta esta verdad. Su proceso de industrialización no existe. Ambos países tienen una agenda muy parecida y hay una revalorización de lo brasileño. Gran parte de los nuevos factores que explican el crecimiento argentino se consiguió por las ventajas que significa tener un vecino de gran tamaño y que crece.

Pero Brasil sufrió una paradoja en los últimos años. Por un lado las empresas tienen un desempeño espectacular, pero no se explica por un cambio en el patrón productivo. Brasil aumentó la participación en la producción de alimentos, minerales y en hidrocarburos. Pero lo que hay que decir es que a las empresas brasileñas les fue bien en los últimos años porque se incorporaron 30 millones de personas al mercado de trabajo, lo que dinamizó el consumo interno como no se veía desde hace décadas. El clima de negocios en Brasil fue bueno porque subió el empleo y bajó la pobreza. No porque Lula haya conseguido un cambio de modelo productivo con una industrialización compleja y sofisticada.

¿Porqué dice que la Argentina y Brasil tienen una agenda parecida?

Tienen sectores industriales que son islas sobre las que se puede avanzar en los próximos años. En la Argentina, INVAP, Biosidus y otros casos, invitan a soñar. En el mundo hay 180 países en desarrollo. En menos de 12 hay núcleos del grado de sofisticación como los de la Argentina o Brasil. Hay un desafío en la materia. Hay sectores que demuestran que se puede seguir en esa línea. Cuando uno ve casos como Chile, país que siempre se pone como ejemplo en los últimos 20 años, la realidad indica que es muy difícil encontrar ejemplos de sectores con gran potencial para lograr el valor agregado que la Argentina está en condiciones de generar. Chile es una economía mucho más elemental en el sentido de las capacidades competitivas, que las que tiene la Argentina.

¿Cómo se inserta el debate del modelo productivo en el discurso político?

Hubo un avance muy notable, en el discurso del gobierno y de toda la clase política en general, en el que la innovación es importante, la especialización es importante, la educación es importante, el desarrollo de las capacidades productivas es importante. El gobierno tiene un discurso y un lenguaje profundamente industrialista y productivista. Pero de ahí a la concreción hay una distancia muy grande y lo que sabemos es que el gobierno no pudo cumplir con la promesa de reindustrializar el país. Pero repito, el dato positivo es que todos los dirigentes políticos, me refiero tanto a los del gobierno como a los principales líderes de la oposición, comparten que el país debe seguir este rumbo. Y esto no es un dato menor porque la Argentina en la década del noventa había torcido ese rumbo. Para adelante se vislumbra que se recorrerá el camino de conseguir una mayor industrialización.

¿Se puede evitar la primarización de la economía o es una falsa promesa?

El tiempo por sí solo no lleva a los países a la sociedad del conocimiento. En mi opinión esta dinámica se puede romper si la Argentina y Brasil negocian su inserción en el mundo como productores mundiales de alimentos. Los dos países producirán dos tercios de las proteínas que demanda el mundo, pero la realidad es que hoy solamente vendemos insumos agropecuarios.

¿Dónde estarán las oportunidades?

La demanda de alimentos será creciente, pero las tasas de ganancia son mayores en los productos elaborados a partir de las materias primas. Es decir no en el grano de café sino en esas cafeteras modernas que venden el café en un cartucho listo para preparar. El mundo tiene restricciones para producir alimentos. Restricciones de tierra y de agua que la Argentina y Brasil no sufren. Los dos países tienen que tener una estrategia en común para avanzar en estas áreas. En ambos países hay firmas internacionales de alimentos que son de primer nivel mundial. Son las principales exportadoras pero ni en la Argentina ni en Brasil tienen sus laboratorios para desarrollar productos sofisticados. Mi opinión es que deben desarrollar un programa para que estas firmas desarrollen programas específicos en un área del mundo que es fundamental para ellos.

¿Se vuelven a discutir los temas de microeconomía?

Resolver los temas micro ocho años atrás era fácil. El país tenía una capacidad ociosa elevada, los costos salariales eran muy bajos, el tipo de cambio competitivo y los costos de las tarifas baratos. La Argentina tenía la oportunidad de crecer en el mundo gracias a una moneda barata. Hoy el país se encuentra utilizando la capacidad de una manera plena. Todo hace pensar que en los próximos cinco años los márgenes competitividad-precios estarán completamente ausentes. En mi opinión hay que hacerse a la idea de que en el período que se avecina no habrá una mejora notable en el tipo de cambio, una caída del costo laboral, costos de servicios bajos. Hoy no hay márgenes como se tuvo hasta hace unos años, de tener un modelo productivo basado en la competitividad de los precios baratos. Ahora viene la etapa en la que se debe mejorar la competitividad a través de los factores más duros que no son los precios y son mucho más profundos. Se trata de generar más y mejores recursos humanos, desarrollar proveedores, articular el desarrollo tecnológico con el productivo. La agenda es más sofisticada y compleja que en 2003.

¿Pero esa no era la agenda del 2007?

La campaña de Cristina Kirchner de 2007 se basó en enunciar todas las cosas que se habían hecho y las que faltaban. Todo indicaba que era la etapa que venía. Pero nada de esto se ha conseguido. Fue fantástico que la Argentina haya sorteado una crisis como la de 2009 sin destrucción del tejido tecnológico, productivo y de empleo. Ahora, el país enfrenta otros desafíos.

¿Qué preocupa más hoy a los empresarios?

La incertidumbre macroeconómica del mediano plazo. Cómo se eliminarán las distorsiones, de qué manera se terminará haciendo eso y cómo se definirá la continuación del actual proceso político. Hoy el país necesita alargar el horizonte porque los empresarios tienen dinero para invertir y no lo hacen por temor a que les pase lo que sucedó a fines de la década del noventa: se salió del tequila, se invirtió fuerte y luego sufrieron grandes pérdidas cuando se decidió salir de la convertibilidad.

La Argentina necesita invertir U$S 10.000 millones en infraestructura en los próximos años, una quinta parte de la fuga de capitales de los últimos años. Si hay algo que sobre hoy en el país es dinero.

sábado, 15 de enero de 2011

Sobre "el modelo" del gobierno "K" (nota 3)

¿Qué estructura productiva se está consolidando, transcurridos más de 7 años de gobierno “K”?

Como es sabido, el Sector Primario está integrado por la agricultura, la ganadería, la pesca, la minería, la extracción de combustibles. Este gobierno no ha tenido ninguna iniciativa de modificación estructural de las tendencias en estos sectores, fuertemente dominados por empresas extranjeras.

No se ha revertido, sino profundizado, el esquema petrolero de extracción de reservas previamente descubiertas por YPF cuando era estatal, con exportación libre de crudo al exterior. Lo mismo cabe decir de las licencias de pesca, y ni qué hablar del proceso de “sojización”, una agricultura sin agricultores, caracterizada por la siembra directa con semillas genéticamente modificadas para resistir los agroquímicos, articulada y dominada por muy pocos y grandes grupos internacionales, propietarios de las licencias de los herbicidas y de las semillas, de la estructura de financiación, de acopio, de transporte y de exportación del producto. En minería ocurre lo mismo, con grandes empresas trasnacionales que explotan a cielo abierto yacimientos mineros, degradan el ambiente, contaminan los ríos y destruyen los glaciares

El sector primario proporciona grandes volúmenes de exportación y, por ende, de divisas, que son capturadas parcialmente por el tesoro a través de los derechos de exportación. Esos ingresos públicos resultan fundamentales para cancelar la deuda externa y para financiar las transferencias a las familias sin ingresos, es decir que se aplican a lograr “el desendeudamiento” y la “inclusión social”.

Por lo tanto, los “instrumentos virtuosos” de este “modelo” están indisolublemente ligados al mantenimiento de una estructura productiva y una integración en la división internacional del trabajo en la globalización, que tendrá consecuencias negativas por generaciones. No se trata de “un aspecto aún no abordado” e indeseable de la realidad. Se trata de un elemento consustancial.

En ese contexto, la confrontación con “el campo”, lejos de estar ligada al objetivo de modificar el esquema productivo, requería su permanencia, y sólo pretendía un reparto diferente de los excedentes entre el estado y los privados.

El Sector Secundario es la industria. Tampoco aquí se ha innovado o modificado mucho en relación con la estructura anterior a 2003. Las industrias que gracias a un dólar alto pueden abastecer al mercado interno y, en ciertos casos, colocar parte de su producción en el exterior, especialmente en Brasil, como las manufacturas de origen agropecuario o el sector automotriz, tienen buenos desempeños. Las restantes, oscilan en ciclos cortos de bonanza o dificultad, muchas veces dependientes de lo que pase en Brasil. Y todo ello sin una auténtica asociación entre capitalistas argentinos y brasileros.

El Sector Terciario se integra con el comercio y los servicios. Con el objetivo de controlar la evolución de los precios en el corto plazo, se ha privilegiado la relación con los grandes formadores de precios, en lugar de hacer reformas de fondo en los canales de distribución de bienes, y combatir las tendencias monopólicas u oligopólicas. O sea que también en esta cuestión, el gobierno sostiene una estructura de comercialización concentrada, más fácil de monitorear, con el agravante que los resultados en materia inflacionaria han sido negativos.

Tampoco se han hecho reformas sustanciales en el sector financiero, aunque se repite que se presentará al Congreso un proyecto de Ley para cambiar la Ley de Entidades Financieras de la última dictadura.

Puede concluirse entonces que “el modelo k” no ha introducido, ni siquiera como tendencia, cambios en la estructura productiva que se configuró en nuestro país desde la época de la dictadura militar, luego del agotamiento definitivo del modelo de “sustitución de importaciones”.

Los sectores “dinámicos”, que determinan cómo se configura en el presente y se continuará en el futuro, la producción sectorial y regional, son conglomerados empresarios multinacionales que operan en el mercado global, tanto de productos agrícolas, energéticos, mineros y, en menor medida, industriales. Así, hoy tenemos una estructura productiva mucho más ligada al mercado internacional. Ello, en el caso de la Argentina, implica una estructura productiva mucho más volcada al sector primario y a la exportación.

Mañana, nota 4: ¿Cuáles son los resultados del “modelo”?

viernes, 14 de enero de 2011

Sobre el "modelo" del gobierno "K" (nota 2)

¿Cuáles son los objetivos que el gobierno propone?

El actual gobierno se presenta como distinto, o sea un gobierno que no busca conservar el “statu quo”. Por lo tanto, como un “gobierno de cambio”.

En un principio, el “cambio” que expresaba el gobierno consistió en “recuperar” la “normalidad”: restablecer la autoridad presidencial, legitimar la cúspide del poder judicial, investigar y sancionar los crímenes de lesa humanidad cometidos en el pasado impulsando la sanción de leyes que anularan la impunidad. Esta batería de medidas de carácter político-institucional, demuestra el carácter determinante de lo político-institucional en relación con lo económico-social.

Esa primera etapa, de “restauración de la política y del poder del estado”, no requería la formulación de una utopía social. El “cambio” más importante era “recuperar un país normal”. Por otra parte, ¿qué individuo, grupo o sector social hubiera atribuido credibilidad a cualquier utopía social formulada desde un estado que no tenía autoridad en el poder ejecutivo, que estaba sospechado de corrupción en el parlamento, y que carecía de independencia en la justicia?

Para beneficio del gobierno, pero también de la sociedad, esa etapa fue exitosa. Y a partir de ella, se pudieron confrontar diferentes visiones del orden económico, político y social, con entidad mayor que un mero divertimento académico.

Este tipo de confrontación, que se da en toda sociedad con estabilidad institucional, consiste en la puesta en acción de los recursos de poder (económicos, simbólicos, organizacionales, electorales, etc.) de los diferentes actores. El gobierno hace uso de los recursos que legítimamente le da el aparato del estado. Y es a través de su discurso, pero fundamentalmente de su acción, que se infiere su proyecto real. A más de 7 años de gobierno, es factible analizar su proyecto a partir de sus acciones, y también de sus omisiones.

Si volvemos a los elementos que caracterizan al “modelo”, salvo la idea de “inclusión social”, que puede ser un fin, todos los demás aspectos son “medios”.

Incluso la idea de “inclusión social” resulta limitada, cuando se incluye en ese concepto que una parte de la población tenga ingresos para consumir los bienes indispensables, gracias a transferencias del presupuesto, pero no participa del proceso productivo. Se trata de una idea muy modesta para el siglo XXI, y sobre todo muy alejada del concepto de dignidad.

Puede concederse que esto es una transición. Pero entonces habrá que indicar cómo llegar a la “verdadera” inclusión social. En esto el gobierno es deliberadamente ambiguo. Sólo habla de las cosas que ya hemos mencionado, como si la mera insistencia y permanencia de los “medios”, condujeran automáticamente al “fin”.

Se omite por completo la propuesta y el debate acerca de la estructura productiva que se desea para el país. Y que en los hechos se está operando. En un gobierno que hace de la “intervención estatal” y de las “políticas activas” instrumentos privilegiados, eso resulta por lo menos sospechoso.

Mañana, Nota 3: ¿Cuál es la estructura productiva que se está consolidando en el país?

jueves, 13 de enero de 2011

Sobre "el modelo" del gobierno "K" (nota 1)

Iniciamos hoy las entradas del año 2011, con la primera de una serie de notas que vamos a ir publicando todos los días, sobre las características del llamado "modelo" que pregona estar implementando el gobierno "K".



Nota 1: ¿El modelo es neodesarrollista?

El oficialismo ha instalado, con bastante éxito, la idea de que “el modelo” socio económico actual es sustancialmente diferente de los que lo precedieron.

Es curioso advertir que el “modelo” no tiene un nombre que lo defina. En otras épocas, hubo “modelo agroexportador”, posteriormente “industrialización por sustitución de importaciones”, y más recientemente, “libre juego de las fuerzas del mercado en el capitalismo globalizado”, al que algunos también llamaron “neoliberal”, y otros “economía popular de mercado”, según sus tendencias ideológicas.

Bajo la "era K", los elevados índices de crecimiento del PBI, y la asignación universal por hijo, los aumentos en las jubilaciones mínimas, las mejoras en el salario mínimo, vital y móvil, la entrega de netbooks a alumnos de escuelas públicas, y otras medidas similares, han permitido hablar de “crecimiento con inclusión social”.

Las dos reestructuraciones de la deuda cuya suspensión de pagos había declarado, a principios de 2002, el presidente Rodríguez Saá (ovacionado por la asamblea parlamentaria que escuchaba su discurso), la cancelación anticipada de la deuda con el FMI, y el inicio de las negociaciones con el Club de París, por su parte, sustentan que el “desendeudamiento” es otra característica del modelo.

El impulso al MERCOSUR y el rechazo al ALCA, políticas que han sido impulsadas de común acuerdo con el Brasil de Lula y la Venezuela de Chávez, apuntan a la “integración sudamericana”.

La estatización de las AFJP, la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, la reversión de concesiones de servicios públicos como el de Aguas Argentinas y la consecuente creación de AySA, la creación de ENARSA, (aún cuando no se haya renacionalizado YPF), la cancelación de la concesión del correo, sugieren un mayor “intervencionismo estatal”.

Algunos piensan que un “modelo” que se caracteriza por el crecimiento con inclusión social, el desendeudamiento, la integración sudamericana y el intervencionismo estatal, puede definirse como “neodesarrollista”.

El desarrollismo de las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado planteaba el objetivo del desarrollo autocentrado de los países de América Latina. Se basaba en el crecimiento del mercado interno a partir de la creación de una industria nacional, en la integración social (en Argentina el partido político que lo encarnó se llamó Movimiento de Integración y Desarrollo) a partir del pleno empleo del trabajo y del capital nacional, (asociado al capital extranjero allí donde éste estuviera interesado, o al estado en los otros sectores). Consideraba a los trabajadores como “capital humano”, concepto superador del de “fuerza de trabajo”, en el que la educación y la participación social y política resultaban indispensables.

Las limitaciones conceptuales y políticas del desarrollismo del siglo XX le impidieron ver que no era compatible el desarrollo con el capitalismo dependiente y con regímenes autoritarios, que eran los que predominaban en su época.

El caso paradigmático de esta contradicción es el de Aldo Ferrer, hoy kirchnerista, que fue ministro de Economía (1958-60) de la Provincia de Buenos Aires bajo el gobierno de Oscar Alende y posteriormente Ministro de Economía de la Nación durante las presidencias de los dictadores Levingston y Lanusse (1970-71).

El desarrollismo se planteaba objetivos económicos y sociales que no eran alcanzables con sus métodos políticos. Claro que, en aquella época, las corrientes de pensamiento que plantearon otros métodos políticos, también propusieron una revolución social con objetivos mucho más ambiciosos y radicales que los del desarrollismo.

Desarrollismo y Socialismo, entonces, siguieron caminos divergentes en América Latina, pero ambos fracasaron por su propia ingenuidad y por la brutal reacción de las clases dominantes locales, ayudadas por el gobierno de los Estados Unidos de América, y utilizando como partido político a unas Fuerzas Armadas que actuaron como ejércitos de ocupación extranjeros.

Para algunos, entonces, el "modelo K" es la reedición del desarrollismo pero en un contexto democrático, en un mundo multipolar y con "habilidad" para confrontar sólo con adversarios a quienes se puede derrotar o someter.

Mañana, Nota 2: ¿Cuáles son los objetivos que el gobierno propone?