sábado, 3 de octubre de 2009

Ley de Radiodifusión y Maniqueísmo (última nota)

En la entrada anterior se anunció que en la siguiente, es decir en ésta, nos íbamos a referir al maniqueísmo que existe en la sociedad argentina, cuando se aborda cualquier tema controvertido, no solamente el de esta Ley.

El maniqueísmo es generalizado, se ve en la televisión, en los medios, en los anuncios oficiales y en los avisos de los grupos afectados por las políticas oficiales. Unos defienden sus iniciativas. Otros sus intereses. A ninguno parece importarle pintar un panorama que realmente aclare el tema para el ciudadano común.

Por el contrario, se trata de orientar la opinión del ciudadano común en un esquema "blanco - negro", "bueno - malo". No hay grises. No hay matices. O se trata de una ominosa ley que coarta la libertad de expresión, que en esa concepción es hija de la libertad de empresa, o de lo contrario se convalida la ley de la más sangrienta dictadura militar.

El problema es que muchas personas que no son ni miembros del gobierno, ni directivos o tan siquiera empleados de las actuales empresas oligopólicas de medios de comunicación, reproducen los mismos discursos o las mismas lógicas de razonamiento. Desde luego que ese era el objetivo buscado por quienes primero instalaron los discursos maniqueos. Lo triste es constatar que personas inteligentes e independientes, que viven de su trabajo, que a veces consiste en alguna forma de creación intelectual, no sean capaces de independizar su propio pensamiento de esta tensión.

En síntesis, no son capaces de cumplir el rol que se espera de un intelectual comprometido con su tiempo y con sus semejantes: contribuir a la comprensión de la realidad social aportando argumentos válidos para el conjunto, desarticulando las construcciones de sentido de los poderes dominantes, iluminando los aspectos de la realidad que son precisamente ocultados por esos poderes.

Nada de eso hacen los "progres". No son capaces de ir "contra la corriente". Por cobardía, por pereza intelectual, o simplemente porque "queda bien" estar con la mayoría, no pueden sino reproducir con argumentos tal vez un poco más inteligentes o vistosos, el discurso oficial. Porque todavía, el discurso oficial pinta "progre". O porque los opositores al discurso oficial son tan cavernícolas que cualquier cosa es progre en contraste.

No es intención de esta entrada hacer una respuesta puntual al artículo de Mempo Giardinelli publicado en Página 12 el 15 de septiembre de 2009 y cuyo enlace se publicó en este blog en la entrada anterior.

Pero sí hacer algunos comentarios respecto de los esquemas de razonamiento que aparecen en esas líneas, y que reflejan el maniqueísmo de cierta intelectualidad progre argentina.

Por ejemplo, después de una introducción en la cual se aclara que no se es oficialista, lo que anuncia que todo lo que sigue será en defensa del oficialismo, y luego de decir con mucho respeto cómo se está de acuerdo con el personaje al que a continuación se pasará a denostar, se sostiene que Pino Solanas padece de "ceguera", lo cual (se aclara) no es un insulto sino una discapacidad.

Como es obvio que Solanas no es ciego, es también obvio que la ceguera que padece es política, y es muy difícil cuando se acusa a alguiern de ceguera política, que eso no sea un insulto. O sea que antes de esgrimir cualquier argumento se insulta.

Como ya se dijo antes, estas líneas no están dirigidas a Mempo Giardinelli. Esto pasa muy seguido entre personas que hasta se aprecian sinceramente. No pasa sólo con personas que pueden publicar en medios sus argumentos, sino entre colegas, profesionales, grupos de trabajo, etc.

Después del insulto, empiezan los argumentos. El primero es que Pino no ve que la propuesta oficial es un avance.

Después de decir que Solanas no ve algo que es evidente para cualquiera que mínimamente tenga conocimiento de la ley vigente y del proyecto oficial, viene la acusación: si los diputados que le responden no votan a favor de este proyecto, serán responsables de que todos sigamos con la ley de la dictadura.

Blanco, o Negro. Este proyecto es un avance, así que hay que votarlo. No votarlo así, tal como está, es "votar" por la ley de Videla.

¿Eso no será la verdadera ceguera, señores progresistas?

¿Y la posibilidad de mejorarlo en el parlamento? ¿Para qué país queda? ¿Para los países nórdicos? ¿Para democracias supuestamente más avanzadas que la nuestra, siempre incipiente? ¿Acaso el parlamento argentino no tolera que un proyecto no sea votado a libro cerrado? ¿la discusión legislativa es válida sólo cuando el oficialismo no tiene mayoría? ¿Qué concepto de pluralismo tiene aquel que no admite discusión simplemente porque puede ganar una votación?

Pero hay algo más grave aún en esta forma de razonar: la acusación que se le hace a Solanas es que, como el gobierno puede no tener mayoría, pero a pesar de eso aparentemente no quiere introducir cambios, el responsable de quedar con la ley de videla sería un sector político que NO ES OFICIALISTA, en nombre de alguna responsabilidad moral o ideológica.

Es decir: si hay mayoría no se discute. Si no hay mayoría tampoco se discute, pero eso sí, si perdemos, los responsables son los que se ponen a nuestra izquierda.

¿Cuál es el concepto de parlamento que hay detrás de este razonamiento? ¿Cuál el de pluralismo? ¿Cuál el de representación? ¿Para qué vota la gente a diputados de diferentes partidos, si no es para incorporar diferentes miradas?

Y esta afrenta a la inteligencia la está diciendo alguien que previamente aclaró que no era oficialista. Y que no reparó en que si el oficialismo no puede sacar una ley es porque sus propios diputados se le dan vuelta. Y que esos diputados que se le pueden dar vuelta son el fruto de una construcción política que incluye en las listas oficiales a lo más granado de la política tradicional argentina, a los que en los últimos 26 años no quisieron discutir la ley de radiodifusión y dejaron que perdieran estatus palamentarios otros proyectos de ley en el mismo sentido presentados antes pero no por Cristina Fernández de Kirchner.

Afortunadamente, esta vez primó la lógica, y como se hace en cualquier parlamento normal, para ampliar el apoyo a la iniciativa, el oficialismo aceptó introducir modificaciones, los diputados que están a la izquierda del gobierno le dieron su apoyo y la iniciativa tuvo media sanción.

¿Será más videlista esta ley ahora, o será mejor que antes?

Intentar mejorar una ley, con argumentos tan válidos como los otros, expuestos por diputados que tienen la legitimidad de haber sido votados para eso, porque quienes votaron a estos diputados no votaron a los candidatos del gobierno, ¿es ceguera?

Utilizar los recursos que todo diputado tiene, como ser no dar quorum si no lo consigue el oficialismo, o advertir que sin cambios no votarán esa ley, ¿es ceguera?

¿No será mucho almirante? ¡Faltaba más, brigadier!

Siguiendo con el artículo, las otras cosas que Pino o quienes están con él no ven, son cosas que jamás se han cuestionado desde ese sector.

Otra cosa que Pino no ve es que este proyecto no es del gobierno sino de un conjunto de organizaciones sociales, o sea que tampoco se reconoce la reivindicación de los "21 puntos" que ha hecho Solanas, Proyecto Sur, el partido Buenos Aires Para Todos en la campaña, ni que sea precisamente la diferencia entre los 21 puntos y el proyecto oficial lo que sustenta la postura de los diputados del sector.

Entonces, ¿quién padece de ceguera?

Pero lo más descolgado de la realidad, y que refleja las tendencias negadoras que abundan en esta progresía, es la afirmación de que "en caso de que su sector hubiese apoyado a Heller en la última elección, eso probablemente habría significado la sepultura del macrismo".

Esto se dice cuando ya se conoce el resultado electoral en la ciudad de Buenos Aires, es decir que se sigue sosteniendo que el que salió segundo debió haber apoyado al que salió cuarto, con muchos menos votos, una lista a la que no apoyaron ni siquiera los propios oficialistas. O sea que la "culpa" de que Macri siga "vivo" no la tienen los que primero dividieron el voto oficialista (entre Telerman y Filmus) y después no supieron tan siquiera armar una lista que los conforme a todos. Nada de eso, la culpa la tuvieron los que supieron poner en la agenda los temas que ni Macri ni la derecha, ni el gobierno quieren escuchar, y que supieron armar una lista con candidatos que captaron el voto de todos los oficialistas que no tenían a quien votar.

Lo cierto es que Macri sigue vivo. Pero afortunadamente hay una alternativa que podrá llegar a ser opción de gobierno o no, dependiendo de lo que se haga de aquí en adelante.

Pero si tapamos el sol con un dedo, esto va a ser muy difícil...

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