jueves, 9 de noviembre de 2017

Carta del President de la Generalitat del 7/11/2017 (en castellano)

Estimados conciudadanos
Estamos afrontando una situación impensable en un entorno democrático. Una parte del Gobierno legítimo de Catalunya, con su vicepresidente y 7 consejeros está en prisión, y otra parte, el presidente y cuatro consejeros, en el exilio; el Parlamento ha sido disuelto antes de tiempo y buena parte de la mesa vive con la amenaza de ser también apresada. Todo ello como consecuencia de haber sido leales con la confianza que nos otorgó la mayoría de los ciudadanos.  Hablamos de una situación que es claramente contraria al Estado de Derecho y al ordenamiento dela Unión Europea, y que aleja aún más al Estado español del grupo de países referentes de buenas prácticas democráticas,  Para decirlo suavemente, el Estado se ha situado muy a la periferia del bloque democrático central Europeo.
Siempre hemos defendido que la vía democrática es la única que nos permite vehicular la legítima aspiración de la independencia de Catalunya, y es justamente por eso que el Estado ha considerado que la única manera de frenarla es frenando la democracia, activando una estrategia desesperada y extrema, ante la firmeza democrática de las instituciones y la ciudadanía de Catalunya.  Muerta la democracia, muerta la independencia, he aquí su esperpéntica estrategia.
Los hechos de las últimas semanas confirman que el Estado español no ha entendido cómo funciona el mundo en el siglo XXI.  Privar de la libertad a los miembros del Gobierno de Catalunya y disolver el Parlamento de Catalunya a golpe de decreto y, por tanto, hurtar a los catalanes su soberanía, ha sido la única respuesta que ha sido capaz de articular ante las reiteradas ofertas de diálogo reclamadas insistentemente por las instituciones catalanas. Es un grave error pensar que la represión es el camino para que una buena parte de los catalanes abandonen sus legítimas aspiraciones.  Podrán imponerse físicamente, pero nunca podrán derrotar nuestras convicciones. Podrán asfixiarnos económicamente, pero no podrán frenar la potencia de un país europeo, emprendedor y con una gran capacidad de generar talento y prosperidad. Podrán humillarnos y asediarnos a nosotros y a nuestras familias, utilizando el perverso sistema mediático español, que ha impuesto un relato de odio y de mentira permanente sobre las instituciones políticas y las entidades soberanistas y ciudadanas, pero no podrán anular nunca nuestras aspiraciones democráticas.
Somos completamente conscientes de las incertezas y los temores que han sobrevolado estos días sobre todos ustedes, y entendemos la desorientación causada por nuestra falta de respuestas rápidas frente a los ataques desmesurados contra los representantes y las instituciones legítimas catalanas, pero les aseguramos que seguimos fuertes y activos, y que ni a ustedes ni a nosotros nos podrán robar ni un ápice de la dignidad con la que afrontamos estas horas difíciles de nuestras vidas y de la vida de nuestro país.
Ante este complejo escenario, el Gobierno legítimo de Catalunya tiene una doble obligación que cumpliremos a pesar de las circunstancias.  La primera, mantener la legitimidad de la libre elección que se expresó en las urnas el 27 de septiembre de 2015. Lo diremos tantas veces como haga falta a todo el mundo: somos un gobierno legítimo y tenemos un parlamento legítimo.  Desde Bruselas, apoyados por una estructura estable que ponemos en marcha hoy para coordinar las acciones del Gobierno, exigiremos este compromiso cada día y en cada ocasión a la comunidad internacional, denunciando la politización de la justicia española, su falta de imparcialidad, su voluntad de perseguir las ideas y reafirmamos la firme apuesta del pueblo catalán por el derecho a la autodeterminación, por el diálogo y por una solución acordada.  El tiempo que pasaremos tras las rejas españolas o en el exilio no será en vano si estamos unidos más que nunca en la defensa de Catalunya y en la denuncia de la decadencia democrática del Estado español, así como de los abusos de una Unión Europea que ha tolerado, y hasta amparado de manera vergonzosa, el accionar represivo español. Nuestro compromiso con los valores de Europa es más fuerte que nunca, porque todos juntos nos necesitamos, porque queremos fortalecer una Europa de ciudadanos, que tenga capacidad de vencer el miedo y las amenazas.
La segunda obligación, y esta los afecta a todos ustedes, es sobreponernos y sostener la democracia, ahora amenazada por la coalición que ha ejecutado el 155, en connivencia con la violencia jurídica, policial y de la extrema derecha.  Les pedimos una combinación eficaz de coraje, de firmeza, de indignación, de rechazo, pero también de paz y respeto, como la mejor actitud para ganar el combate que nos plantea un estado enloquecido y descontrolado. No nos dejemos arrastrar por la pulsión violenta que impera en buena parte del sistema político español, porque es el único ámbito en el que seguramente perderemos. Recordemos que cuando hemos planteado embates democráticos, los hemos ganado todos. Siempre. El último, el 1° de octubre, en unas condiciones extremadamente difíciles, en medio de una indecente ofensiva de violencia ordenada por el Estado.
La hoja de ruta para los próximos días y semanas es clara y nítida: primero, defender la democracia. Lamentablemente debemos volver a hacerlo, como ya lo hicimos en otros momentos de nuestra historia, cuando nos visitaron los del clan del 155 bajo la forma de Primo de Rivera, el general Franco o Felipe V. Toca resistir, perseverar y continuar defendiendo nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra historia, que es una historia de éxito sostenida en la diversidad, la capacidad de agogida de otros pueblos de España y del mundo, y sobre todo sostenida en la esperanza de futuro. Toca ahuyentar democráticamente de nuestras instituciones a los que las han querido hacer suyas con un golpe de estado. Toca dar respuesta a los que quieren desmenuzar el autogobierno que nos había quedado después de la sentencia del Estatuto y de la retahíla de leyes, decretos y medidas siempre tendientes a la recentralización más o menos encubierta, pero efectiva en la práctica. Y defenderemos la democracia votando, como lo hemos querido hacer siempre. Queríamos votar y queremos votar. Ciertamente hubiéramos querido hacerlo como ya lo hicieron en Escocia y como harán otros países en el futuro.  Queríamos y queremos resolver las aspiraciones ciudadanas a través de las urnas y por eso tomamos las elecciones que plantea el Estado español el día 21 como un reto para recuperar la plena democracia sin presos, sin venganzas, sin imposiciones, sin furia y plena de futuro, de diálogo y de acuerdo.
El otro elemento central de la hoja de ruta es exigir y conseguir la libertad de los presos políticos que tiene secuestrdos el Estado español, el vicepresidente, los 7 consejeros y los presidentes de Omnium Cultural y de la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. No podemos fallar, no podemos quedarnos inmóviles ante el sufrimiento de sus hijos, sus parejas, sus familias, sus amigos y su gente, que somos todos nosotros. Es la hora de ser más perseverantes que nunca. Diez personas y sus familias representan, hoy, vuestra dignidad individual y colectiva. Por ellos y por otras personas que podemos seguir el camino de la prisión, debemos denunciar cada día su situación, y que el próximo sábado seamos centenares de miles en la Jornada Nacional por la Libertad que se ha convocado en Barcelona. Y eso sólo depende de nosotros, de vosotros, de nuestra fortaleza y de nuestras convicciones.
Sólo desde la ciudadanía, desde el compromiso democrático, desde la respuesta de base, organizada, democrática, pacífica pero radicalmente insobornable, podremos recuperar el control de nuestra vida colectiva y construir juntos, de manera democrática, dialogada, una República que nos hemos ganado en las urnas y que habrá que levantar, dándole sentido y contenido, también desde las urnas. Este será el reto de las instituciones, de las entidades civiles, de las empresas y de todos vosotros en los próximos tiempos.
Recuperemos la libertad este sábado en la gran manifestación en Barcelona, y en el reto electoral que el Estado nos ha impone para el día 21.  Y mañana continuaremos caminando todos juntos en libertad.
Carles Puigdemont
Toni Comín
Meritxell Serret
Clara Ponsatí

Luís Puig

Carta del President de la Generalitat de Catalunya del 7/11/2017

Carta des de Bèlgica
Benvolguts conciutadans,
Estem afrontant una situació impensable en un entorn democràtic. Una part del Govern legítim de Catalunya, amb el seu vicepresident i set consellers, és a la presó, i una altra part, el president i quatre consellers, a l'exili; el Parlament ha estat tancat abans d'hora i bona part dels membres de la mesa viuen amb l’amenaça també de ser empresonats. I tot plegat com a conseqüència d'haver estat lleials amb la confiança que ens va atorgar la majoria dels ciutadans. Parlem d’una situació que és clarament contrària a l'Estat de dret i a l'ordenament de la Unió Europea, i que allunya encara més l'Estat espanyol del grup de països referents de bones pràctiques democràtiques. Per dir-ho suaument, l'Estat s'ha situat molt a la perifèria del bloc democràtic central europeu.
Sempre hem defensat que la via democràtica és l'única que ens permet vehicular la legítima aspiració de la independència de Catalunya, i és justament per això que l'Estat ha considerat que l'única manera de frenar-la és frenant la democràcia activant una estratègia desesperada i extrema davant la fermesa democràtica de les institucions i la ciutadania de Catalunya. Morta la democràcia, morta la independència, heus aquí la seva esperpèntica estratègia..
Els fets de les darreres setmanes confirmen que l’Estat espanyol no ha entès com funciona el món al segle XXI. Privar de llibertat els membres del Govern de Catalunya i dissoldre el Parlament de Catalunya a cop de decret i, per tant, furtar als catalans la seva sobirania, ha estat l’única resposta que ha estat capaç d’articular davant les reiterades ofertes de diàleg reclamades insistentment per les institucions catalanes. És un greu error pensar que la repressió és el camí perquè una bona part dels catalans abandonin les seves legítimes aspiracions. Podran imposar-se físicament damunt nostre, però mai no podran derrotar els nostres marcs mentals. Podran asfixiar-nos econòmicament, però no podran frenar la potència d’un país europeu, emprenedor i amb una gran capacitat de generar talent i prosperitat. Podran humiliar-nos i assetjar-nos, a nosaltres i a les nostres famílies, recolzats pel pervers sistema mediàtic espanyol, que ha imposat un relat d'odi i de mentida permanent sobre les institucions polítiques i les entitats sobiranistes i ciutadanes, però no podran derrocar mai les nostres aspiracions democràtiques.
Som completament conscients de les incerteses i els temors que han sobrevolat aquests dies sobre tots vosaltres i entenem la desorientació causada per la nostra manca de respostes ràpides davant els atacs desmesurats contra els representants i les institucions legítimes catalanes, però us assegurem que seguim forts i dempeus i que ni a vosaltres ni a nosaltres no ens podran robar ni un bri de la dignitat amb què afrontem aquestes hores difícils de les nostres vides i de la vida del nostre país.
Davant el complex escenari, el Govern legítim de Catalunya té una doble obligació que complirem a pesar de les circumstàncies. La primera, mantenir la legitimitat de la lliure elecció que vau expressar a les urnes el 27 de setembre de 2015. Ho direm tantes vegades com faci falta a tot el món: som un govern legítim i tenim un Parlament legítim. Des de Brussel·les, recolzats per una estructura estable que posem en marxa avui per coordinar les accions del Govern, exigirem aquest compromís cada dia i en cada ocasió a la comunitat internacional, denunciant la politització de la justícia espanyola, la seva manca d’imparcialitat, la seva voluntat de perseguir les idees i reafirmant la ferma aposta del poble català pel dret a l’autodeterminació, pel diàleg i per una solució acordada. El temps que
passarem entre reixes espanyoles o a l'exili no serà en va si anem units més que mai en la defensa de Catalunya i en la denúncia de la decadència democràtica de l’Estat espanyol així com dels abusos d’una Unió Europea que ha tolerat, i fins i tot emparat de manera vergonyosa, les actuacions repressives espanyoles. El nostre compromís amb els valors d'Europa és més fort que mai, perquè tots plegats ens necessitem, perquè volem enfortir una Europa de ciutadans que tinguin capacitat de vèncer les pors i les amenaces.
La segona obligació, i aquesta us implica a tots vosaltres, és sobreposar-nos i sostenir la democràcia, ara amenaçada per la coalició que va executar el 155, amb connivència amb la violència jurídica, policial i de l’extrema dreta. Us demanem la combinació eficaç de coratge, de fermesa, d'indignació, de rebuig, i alhora de pau i respecte, com a millor actitud per guanyar el combat que ens planteja un Estat embogit i descontrolat. No ens deixem arrossegar per la pulsió violenta que impera en bona part del sistema polític espanyol, perquè és l'únic àmbit en què segur que perdrem. Recordeu que quan hem plantejat embats democràtics, els hem guanyat tots. Sempre. El darrer, l’1 d’octubre, en unes condicions extremadament difícils, enmig d'una indecent ofensiva de violència ordenada per l'Estat.
El full de ruta per als propers dies i setmanes és clar i nítid: Primer de tot, defensar la democràcia. Malauradament ho hem de tornar a fer, com ja ha succeït en d’altres moments de la nostra Història, quan ens han visitat els del clan del 155 en forma de Primo de Rivera, general Franco o Felip V. Toca resistir, perseverar i continuar defensant la nostra llengua, la nostra cultura i la nostra història, que és una història d’èxit bastida amb la diversitat, la capacitat d’acollida d’altres pobles d’Espanya i del món i, sobretot bastida amb moltes esperances de futur. Toca foragitar democràticament de les nostres institucions els qui se les han volgut fer seves amb un cop d'estat. Toca donar resposta als qui volen esmicolar l’autogovern que ens havia quedat després de la sentència de l'Estatut i del reguitzell de lleis, decrets i mesures sempre tendents a la recentralització més o menys encoberta, però efectiva a la pràctica. I defensarem la democràcia votant, com ho hem volgut fer sempre. Volíem votar i volem votar. Certament voldríem fer-ho com ja han fet a Escòcia i com faran altres països en el futur. Volíem i volem resoldre les aspiracions ciutadanes a través de les urnes i per això entomem les eleccions que en planteja l’Estat Espanyol el dia 21 com un repte per recuperar la plena democràcia sense presos, sense venjances, sense imposicions, sense fúria i plena de futur, de diàleg i de l’acord..
L’altre element central del full de ruta és exigir i aconseguir l’alliberament dels presos polítics que té segrestats l’Estat espanyol, el vicepresident, els set consellers i els presidents d’Òmnium Cultural i l’Assemblea Nacional Catalana, Jordi Cuixart i Jordi Sànchez. No podem defallir, no podem quedar-nos immòbils davant el patiment dels seus fills, de les seves parelles, de les seves famílies, dels seus amics i de la seva gent, que som tots nosaltres. És l’hora de ser més perseverants que mai. Deu persones i les seves famílies representen, a hores d’ara, la vostra dignitat individual i col·lectiva. Per ells i per altres persones que podem seguir el camí de la presó, cal que denunciem cada dia la seva situació i que el proper dissabte siguem centenars de milers a la Diada Nacional per la Llibertat que s’ha convocat a Barcelona. I això només depèn de nosaltres, de vosaltres, de la nostra fortalesa, de les nostres conviccions.
Només des de la ciutadania, des del compromís democràtic, des de la resposta de base, organitzada, democràtica, pacífica però radicalment insubornable, podrem recuperar el control de la nostra vida col·lectiva i construir junts, de manera democràtica, dialogada, una República que ens hem guanyat a les urnes i que caldrà aixecar, donant-li sentit i contingut, també des de les urnes. Aquest serà el repte de les institucions, de les entitats civils, de les
empreses i de tots vosaltres en els propers temps. Recuperem la llibertat aquest dissabte en la gran manifestació a Barcelona i en el repte electoral que l’estat ens imposa pel dia 21. I l’endemà continuem caminant tots junts, en llibertat.
Carles Puigdemont
Toni Comín
Meritxell Serret
Clara Ponsatí
Lluís Puig

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Volvemos después de mucho tiempo. Los catalanes por delante de sus dirigentes.

Un artículo imperdible de Jordi Graupera sobre la situación actual en Catalunya, luego de la proclamación de la República Independiente y de la intervención del Estado Español, el encarcelamiento de los principales dirigentes sociales independentistas, y la persecución judicial de las autoridades del Govern y del Parlament.

En este artículo se hace un panorama completo de la situación actual, pero sobre todo, de los errores de la conducción política del proceso independentista, en manos del PDeCat y de ERC, y cómo los ciudadanos de Catalunya, con sus acciones, han demostrado estar mucho más decididos en la defensa de sus derechos, que sus propios dirigentes.

Jordi Graupera.
¿Qué se ha hecho mal?
El Govern parece haber renunciado a hacer efectiva la declaración de independencia. No había nada preparado, en parte porque desde el día 1 por la tarde hasta el día 27 por la mañana, la conversación de los que han comandado todo eso fue sobre si ir o no ir a elecciones, en lugar de preparar lo que se podía hacer para asegurar la máxima efectividad de la declaración de independencia.
Tampoco hay ninguna de las estructuras de estado que se nos habían prometido en varias contiendas electorales. Las estructuras de estado, hay que decir, como concepto, no necesitaban 5 años para ser llevadas a cabo. Hacía falta, eso sí, tener preparada la parte legislativa, como la ley del referéndum y de transitoriedad, y los decretos que se derivan. Esta quizás es la parte más desarrollada, que el Govern y el Parlament han renunciado a activar de momento, y cada vez es más difícil y más simbólico. Todo lo hacemos en el momento más débil. Y también había que tener una cierta seguridad material y psicológica, que se darían órdenes a funcionarios claves, en particular a los Mossos.
Ya dije días antes del 27-S que el único argumento legítimo para no declarar la independencia era "no podemos". Pero que era un argumento que hacía falta hacerlo explícito, por el bien del país, e implicaba que los que se habían presentado como responsables de hacerlo posible no podían seguir ocupando los lugares de mando.
¿Por qué no había nada preparado? Hasta horas antes del referéndum del 1 de octubre, el marco general con el que gran parte del liderazgo trabajaba era que el Estado se impondría y no podríamos ir a votar. De hecho, a lo largo de todo el verano y hasta mediados de septiembre, la tesis más repetida (a mí, personalmente) era que Rajoy aplicaría el 155 antes del referéndum y se convocarían elecciones inmediatamente. En aquel momento ya pensé que esta era básicamente una idea que surgía de las entrañas de la política catalana y que había quien trataba de venderla a Madrid.
Eso explica por qué el referéndum se hizo con una mano delante y la otra detrás. Básicamente, se hizo con tres cosas: las urnas, el censo universal y las infraestructuras (lugares de votación y centro de datos). Estas cosas se hicieron en formato de guerrilla, de manera tal que casi nadie sabía el todo de la ecuación y, los que creían que podía salir bien, confiando en la gente. Esta fue la clave. La gente no fue processista, la gente defendió las urnas porque allí residía su libertad: y lo hicimos con los cuerpos y el peso de la historia, igual que el Estado respondió, y fracasó, con los cuerpos de seguridad y el peso de la historia.
Nuestro mando no se esperaba que el referéndum saliera tan bien, sobre todo ante la policía. Y el mismo día 1 por la tarde ya se empezó a discutir, como he dicho, si había que ir a elecciones. Los tres argumentos más poderosos para ir eran que no había nada preparado, que con el referéndum el soberanismohabía ampliado el círculo para incluir parte de la izquierda federalista (y que con una DI se reducía, mientras que con unas elecciones se consolidaba), y que habría muertos y el president y el Govern serían responsables.
Estos argumentos, juntamente con una visión de las relaciones internacionales que me parece vacía de historia, llevaron a la suspensión del día 10. Hacía días que se pensaba una fórmula suspensiva, como ya expliqué, para dar tiempo a prepararse, para aparecer como los dialogantes en la escena internacional, y para tratar de forzar el Estado a negociar. De todas las versiones posibles, la fórmula que se escogió era la más débil, igual que con la preparación del referéndum. La versión más débil que dejara todas las puertas abiertas y el máximo margen de maniobra al Govern de la Generalitat.
Eso dio cierto aire, pero también dio todo el margen de reacción al Estado, que se puso a operar en todos los frentes: el político, con el discurso del miedo; el judicial, con la detención de Sànchez y Cuixart, y el internacional, deslegitimando el referéndum y el bando catalán en general. Cada día la Generalitat era más débil, las órdenes tenían menos posibilidad de ser obedecidas, había menos predisposición psicológica a dar instrucciones, el miedo se extendía por la población y la clase política, y el Estado vio que no tenía ninguna necesidad de intercambiar 155 por elecciones, que es el pacto que ofreció Puigdemont, o que le hicieron creer que Moncloa aceptaría, por los canales abiertos con Urkullu, Mas y Santi Vila.
Pero Moncloa dijo que no, el jueves por la mañana. En Madrid se dice que Rajoy quería, pero que el partido, el aznarismo y la Zarzuela le dijeron que ni hablar. Quizás es cierto, pero tiendo a desconfiar de los relatos que dicen que el rey es bueno y la corte mala. Si quieres que una cosa pase, creas las condiciones para hacerla posible. Y Rajoy ha alimentado la represión y el castigo como marco operativo.
El jueves por la mañana el presidente informó al grupo parlamentario que no había ninguna mediación, que no tenía el control de los Mossos y que tampoco había un crédito concedido para operar. Es en este momento que algunos parlamentarios del PDeCAT, como el alcalde de la Seu d'UrgellAlbert Batalla, o Jordi Cuminalsottogoverno de la presidencia de Mas, anunciaron que dejaban de ser diputados y rompían el carné del partido. Algunos consellers se opusieron, con el argumento que la represión sería igualmente, y que valía la pena protegerse institucional y socialmente.
Pero cuando se supo que el 155 se aplicaría igualmente, con elecciones o sin, y que la persecución judicial no se detendría, el president y el entorno del mando decidieron que esta decisión la tenía que tomar el Parlament, y no un hombre solo. Es una decisión acertada, y tiene un pero. La razón por la cual Puigdemont no quiere tomar la decisión solo es, a mi entender, que preveía una represión dura contra el pueblo, que podía llevar que hubiera enfrentamientos violentos y muertos. Puigdemont compró el marco que dice que la represión del Estado es su responsabilidad y que, por lo tanto, tiene que operar de manera tal que no la provoque, o al menos, que no pese sobre su conciencia.
La perversidad de este argumento es que no tiene fin. La represión tiene muchas caras, algunas más sutiles, que acortan y arruinan vidas, como sabemos todos. Y la necesidad de evitarlo en toda costa lleva, al final, a la sumisión total. Es muy peligroso infantilizar estos marcos represivos, a la larga lo empeoran todo. Sobre estas premisas no se puede construir ninguna comunidad política ni ninguna libertad, con una excepción: que lo hagas explícito y dejes que la gente sepa qué pan se da y pueda escoger.
Pero una vez has decidido ir a una declaración de independencia, a pesar de la liturgia triste con que se hizo, tienes que ir con todo lo que tienes.
Desde el aparato simbólico (arriar la bandera española), el legislativo (convocar el Parlament inmediatamente para aprobar los famosos decretos que se dice que hay preparados y establecer la ilegalidad de la aplicación del 155 en Catalunya), el ejecutivo (todo el mundo en los despachos o en el Palau), emitir órdenes e instrucciones para hacer efectivo aquello que es a tu poder (publicar la declaración en el DOGC, incluido), el internacional (contactar cancillerías formalmente para informar de la nueva situación), y el municipal (tienes 700 alcaldes dispuestos a hacer que en muchas zonas del país no tengas ningún problema y te puedas centrar en las partes críticas) y sobre todo, el social.
Centenares de miles de personas estaban dispuestas a defender la república con actitud de resistencia pacífica. La organización de muchos CDR es operativa y magnífica, y son muchas las ideas que estaban listas, al menos en parte. Rodear la sede del Govern y del Parlament, marchas lentas para bloquear los desplazamientos policiales, miles de tractores auto-organizadospara bloquear infraestructuras, complicidades sindicales, huelga general indefinida y un discurso de liderazgo inequívoco mientras se ponen en marcha las primeras medidas. ¿No todos los mossos te obedecerán? Cierto. Pero ni hace falta que los pongas todos en esta tesitura, ni hace falta que los envíes a enfrentarse a la Guardia Civil. Eso y mucho más era ir con todas.
Pero en los discursos de las escaleras del Parlament, ante los alcaldes, ya se vio que este no era el tono ni el objetivo. La gente celebraba, pero nadie pensó que hubiera que defender nada porque no había nada concreto que defender: ¿dónde estaba el president? ¿qué hacía el Govern? ¿por qué había la bandera del Reino de España ondeando en el Palau de la Generalitatde la República catalana recién declarada? La gente, claro, se fue a casa. Y los consellers también, después de una breve reunión. Algunos ya empezaron a pensar como enfilar hacia el "exilio"; temporal o no, no lo sabemos. Las reuniones del fin de semana no han sido mejores.
El discurso del sábado del president Puigdemont alimentó este marco: parecía escrito por un penalista, para evitar que el Estado tuviera más argumentos para encerrarlo. Aparte de la indignidad que supone actuar así cuando tienes dos personas injustamente secuestradas en Soto del Real, es inútil: el Estado te empurará siempre (siempre que le convenga). Creer que se pueden modular las palabras para evitarlo es creer que puedes intercambiar 155 por elecciones, o que puedes negociar con el Estado alguna cosa que a ellos no les convenga. Es un marco que nos ha llevado a fracaso tras fracaso y que está en el centro de lo que está pasando.
Pero Rajoy también tenía sus problemas. El primero es que la represión del día 1 de octubre le ha supuesto un coste internacional que no es despreciable y el segundo es que la represión del día 1 de octubre no funcionó. Grabaos a fuego las imágenes de los lugares donde la policía se tuvo que marchar. No pudieron frenarlo, y un ridículo así no lo puede aguantar políticamente sin caer en la humillación total y definitiva.
La única alternativa era escalar la violencia, eso es: hacer que el ejército tomara el control, y, o bien ordenarles que todo fuera teatro o bien arriesgarse a violencia de verdad, no de balas de goma sino de balas de metal. Un 155 llevar durante 6 meses es un riesgo muy alto de asumir.
La otra posibilidad era convocar elecciones y aplicar el 155 en versión administrativa y a ver si así desangras al Govern, divides el soberanismo, y ganas unas elecciones que legitimen todo lo que quieres hacer a Catalunyapero que tienes muy complicado de hacer sin caer en la anarquía y el ridículo internacional. Los mensajes públicos y privados de la comunidad internacional indicaban que este era un camino más aceptable. Por eso digo que las elecciones del 21 de diciembre explican tanto la fortaleza de Rajoy(puede hacerlo) y su debilidad (necesita hacerlo).
He escrito que soy partidario de ir a estas elecciones, porque no sacas nada de boicotearlas, especialmente con un gobierno que no está dispuesto a tratar de hacer efectiva la declaración con todo lo que tenía a su alcance. Y que había que hacerlo convocante el Parlament contra el 155 y protegiendo las instituciones. No me parecía ni me parece una contradicción porque las urnas son las urnas, y en la medida en que son el campo de juego, es tu campo de juego, aunque sean unas elecciones coloniales. Los partidos parece que están entrando, en este marco, y por lo tanto, ahora los peligros son otros: ¿elecciones para hacer qué?
El problema del escenario actual es que el Govern está en retirada y entregando las instituciones al Estado, cosa que nos hace cada vez más débiles, incluso si ganamos y una nueva guardia toma el mando. El escenario de elecciones no es malo porque nuestra fuerza es la gente, y todo combate en las urnas es un combate pacífico que nos hace más fuertes y hace prosperar la verdad. Tienes que utilizar todos los instrumentos que tienes para plantar cara, sobre todo los que te son favorables por las razones correctas.
Ahora bien, las elecciones no pueden ser una manera de hacer lo mismo y entrar en el bucle infinito. Es decir: no por tener un gobierno que es más independentista en los discursos que en los hechos, que hace creer a la gente que está preparado cuando no lo está, y que cuando toma una decisión, la improvisa y no está dispuesto a poner toda la fuerza al servicio de la decisión. Es trabajo nuestro que el discurso lacrimógeno y folclórico no lleve hacia el bucle. Este Gobierno y este mando han sido capaces de hacer que haya un referéndum, sí, aunque por los pelos, pero no son capaces de hacer efectiva la declaración y, además, están quemados.
Cuando la gente se juega 30 años de prisión todas las decisiones son comprensibles. Incluso ir al extranjero a protegerse o a proteger el poder simbólico de la institución, y a continuar con la estrategia de implicar tantos poderes europeos como sea posible, a fin de que del caos salga alguna negociación. Pero eso no quiere decir que sea una estrategia ganadora o que no sea nuestro deber fiscalizarla, incluso asumiendo el hecho de que tenemos que hacer lo posible para protegerlos.
Que arriesguen 30 años de prisión o de exilio no es una cosa menor: es una salvajada. Sobre todo para los que han llegado los últimos al Govern, los consellers de julio, los que entraron para hacer el referéndum sin información sobre lo que se había hecho y sobre lo que realmente se estaba dispuesto a hacer. Estos son las víctimas de una gran irresponsabilidad, y se han jugado con la mejor fe disponible más de lo que se ha jugado nadie. Nuestra prioridad ahora sólo puede ser protegerlos como metáfora de proteger el país.
Por eso, si el Govern quiere hacer un servicio al país, aparte de resistir, podría hacer uso de su autoridad para asegurarse que quien sea que se presente a las elecciones no vaya a hacer folclore, a aprovecharse del dolor que ellos y sus familias (y los Jordis y sus familias), con el fin de crear un estado de ánimo que permita colar lo mismo de siempre. Se juegan muchos años en la prisión y vale más que tengamos un Parlament dispuesto a defenderlos de verdad, y no a intercambiarlos en un mercado de cinismos y cálculos que siempre salen mal.
Cómo enderezar esta situación no es una pregunta fácil, y no creo que nadie tenga las respuestas del todo. Mi instinto dice que tenemos que ir a ganar las elecciones del 21-D con toda la fuerza de la que seamos capaces, pero el problema de fondo no se puede ignorar.
Necesitamos más dosis de verdad y menos dosis de astucia. Que de la misma manera que ha habido una revolución cultural en los corazones de los catalanes, que han aprendido a perder el miedo y a hacerse responsable de sus actos, y que es eso y no otra cosa lo que vimos el día 1 de octubre, esta misma revolución tiene que llegar a nuestra praxis política, en los instrumentos discursivos y ejecutivos que utilizamos para justificar nuestras acciones y hacernos responsables de nuestros actos.
Y eso ahora mismo quiere decir un cambio de guardia, sí. Quiere decir apostar por una nueva generación de políticos que deje claros qué quiere hacer hasta el detalle. Vamos a lista unitaria o listas separadas, es exigible dejarnos de "secretos" y de sobrentendidos, y detallar con claridad qué quieres hacer y desde qué valores lo defiendes. Nuestro debate público no es suficiente ni para resistir España ni para hacer efectiva la independencia. Está la gente, y por eso tenemos que ir a ganarlos también en sus elecciones coloniales, pero hasta ahora no hemos tenido un gobierno a la altura del que la gente estaba dispuesta a hacer para ser libre.
Pero no quiero simplificar: un cambio de guardia no es el problema de fondo. El problema es estructural y tiene que ver con una cultura política basada en la sumisión, que genera monstruos y seca la imaginación. Y de eso estamos todos infectados, con las excepciones que haga falta, pero que son excepciones que han sido arrinconadas en la marginalidad durante años o que las fuerzas fácticas del país tratarán de hacer pasar por locas.
Pero no plantar cara a nuestra propia cultural política es condenar los perseguidos a más persecución, es dejarlos tirados, y por muchos errores que se hayan cometido, no sólo no hay otra dignidad que la de protegerles, también la de crear las condiciones para poder rescatarlos, incluidos los Jordis y el Govern entero. Justamente por eso no podemos aceptar cualquier cosa, y tenemos que exigir a los políticos o que se retiren o que hablen claro sobre qué podemos hacer y cómo.
Lo más importante es que limpiemos el discurso político de dobles sentidos y podamos todos ver más claro, que también es una manera de ser libres. Soy optimista porque he visto cambiar a la gente a mi alrededor, y una vez has probado la libertad, no vuelves dentro el armario si no te obligan. Y con todas las prudencias, ahora no pueden obligarnos como antes. La corriente de fondo es a nuestro favor. Comprometámonos y trabajémoslo.

martes, 22 de diciembre de 2015

Un imperdible artículo de Ernesto Tenembaum

Apología de la Crueldad
Por Ernesto Tenembaum
Publicado en El Cronista el 22-12-2015

Matías Reggiardo nació en una cárcel. Fue en mayo de 1977, en Olmos. Nunca conoció ni a su mamá ni a su papá. Inmediatamente, fue separado de ellos y, junto a Gonzalo, su hermano mellizo, fue robado por el temible comisario Samuel Miara. En 1985, ante los primeros debates sobre el robo de niños durante la dictadura militar, el policía se fugó al Paraguay con ellos. Por primera vez, Matías y su hermano fueron noticia, y eso sigue, con intermitencias, hasta hoy. En 1989, Miara fue extraditado desde Asunción. En esos años, había una intensa campaña de referentes mediáticos –el más activo era Bernardo Neustadt– para convencer a la población de que la restitución de niños era injusta, que habían sido criados con amor, que no era necesario causarles una nueva separación. Matías y Gonzalo aparecieron varias veces en televisión para defender lo que consideraban su derecho a vivir con Miara. En 1993, conocieron su identidad. Con el tiempo, la aceptaron. Sus padres siguen desaparecidos.
Las vueltas de la vida quisieron, como ocurre en muchas familias, que los dos hermanos no pensaran lo mismo sobre la situación política actual. Gonzalo es militante de Kolina, la agrupación que lidera Alicia Kirchner. Matías, en cambio, fue muy crítico del gobierno de Cristina. En agosto de 2013, en la conferencia de prensa donde se anunció la restitución del nieto 109, Gonzalo habló por primera vez en público del derecho a la identidad. Esa noche, en el programa de 678, un par de panelistas destacaron su actitud. Uno de ellos, resaltó: "Uno de los mellizos finalmente terminó en el destino que tenía que terminar, en su origen". Estela de Carlotto estaba allí y lo aclaró muy taxativamente: "Los dos –dijo– los dos". Sin embargo, unos días después, en TVR, la aclaración de la presidenta de Abuelas no fue emitida: el mellizo que se había reencontrado con su identidad volvía a ser uno solo.
A partir de allí, en las redes sociales, cada vez que Matías criticaba al Gobierno, decenas de personas le señalaban que sus padres desaparecidos estarían avergonzados de él, o que seguía bajo la influencia de sus apropiadores. Otro nieto recuperado, le dijo, directamente: "Desapropiate". Matías había sido testigo en los juicios contra sus apropiadores y contra los torturadores de sus padres desaparecidos. En este último, en cierta oportunidad, se mezcló entre el público y escuchó que, alguien, detrás suyo, preguntaba: "¿Cual es el nieto que sigue reivindicando a sus apropiadores?".
Ante esa situación kafkiana, Matías se comunicó con periodistas de 678. Solo pidió aclarar su posición respecto de Abuelas de Plaza de Mayo, de la dictadura, de la restitución de niños. Prometió no opinar sobre la coyuntura.
No le concedieron ese derecho.
En estos días, en que muchas personas se solidarizan con 678, Matías sintió la necesidad de contar esta historia en su página web. Al leerla, otra nieta recuperada, la diputada nacional Victoria Donda, escribió en twitter: "Lamentablemente, debo decir que me siento muy identificada con lo que cuenta Matías". Dadas sus opiniones críticas hacia el Gobierno, el mismo programa se burló muchas veces de Victoria en estos años. Ni un comentario ni el otro fueron reproducidos en los envíos del flamante programa opositor.
678 ha sido un show televisivo que marcó una época. Fue, en ese sentido, muy exitoso. Se ha discutido últimamente sobre si su exclusión de la grilla de la televisión pública es censura o no y sobre su financiamiento, esos escandalosos e inexplicables dos millones y medio de pesos mensuales. Sin embargo, en ese debate no ha sido apropiadamente descripto su elemento central, que no es la contrainformación, el combate anti Clarín, la apertura de debates inéditos, ni el coraje, sino –como se verá– la crueldad. La anécdota de Matías Reggiardo y el desagradable bullying contra Donda quizá hayan sido los ejemplos más extremos de una conducta sistemática.
En octubre de 2010, cuando fue asesinado Mariano Ferreyra, 678 culpó ese mismo día al ex presidente Eduardo Duhalde, que era un opositor a Nestor Kirchner. Como se supo después, Duhalde no tenía ninguna relación con el hecho. En septiembre de 2011, en un violento operativo nocturno, la policía detuvo al sindicalista ferroviario Rubén ‘Pollo’ Sobrero, por haber incendiado trenes. 678 respaldó la detención. Sobrero fue liberado días después: era, obviamente, inocente. En marzo del 2010, una patota de barras bravas contratados por el Indec, rompió a sillazos la presentación en la feria del libro de un libro de Gustavo Noriega, justamente, sobre lo ocurrido en ese instituto. Desde entonces, Noriega pasó a ser uno de los blancos habituales del programa. Lo llegaron a acusar de antisemita, aun cuando los productores de 678 –altri tempi– estuvieron en su casamiento y lo vieron aplastar la copa con el pie, debajo de la jipá.
En marzo del 2010, se realizó un juicio público en Plaza de Mayo contra Magdalena Ruiz Guiñazú por haber sido cómplice de una dictadura a la que, en realidad, había denunciado. 678 lo transmitía en directo, sus panelistas defendían la iniciativa. Durante años 678 se dedicó a hostigar a Ruiz Guiñazú. Ese mismo mes, durante la marcha del 24 de marzo, se colocaron carteles en la calle con algunos rostros de animadores o periodistas que habían criticado al Gobierno para que el público los escupiera. Esas imágenes estremecedoras -que incluían la participación de niños- fueron amplificadas, justificadas y/o minimizadas en su gravedad por, justamente, 678. Desde 678 se le dio cobertura y justificación a las marchas donde se exhibían las caras de periodistas "enemigos" o afiches donde se los acusaba de cómplices de la apropiación de niños.
678 tuvo un rol central en la curiosa campaña armada alrededor del caso Herrera Noble. Como se sabe, existía por entonces una legítima sospecha sobre si los hijos de Ernestina Herrera de Noble, Marcela y Felipe, habían sido robados a desaparecidos. Encima, los involucrados –como muchos otros nietos al aparecer la sospecha– se negaban a ser sometidos a los estudios de ADN. En ese contexto, en el programa daban por sentado que Herrera de Noble era una apropiadora. Había marchas en las calles donde se coreaba "Mitre, Magnetto, devuelvan a los nietos". Y desde el programa se estimulaba a la militancia kirchenrista a que le gritaran "devuelvan a los nietos" a todo periodista crítico del gobierno o que trabajara en un medio del grupo Clarín, así fuera –como ocurrió– el colega que anuncia el estado del tiempo. Esa campaña generó episodios de violencia callejera que solo algunos contaron en su real dimensión. Ya es público, además, que la acusación no pudo ser probada. Pero el tema no fue aclarado en 678.
Paolo Menghini, uno de los líderes de los familiares que fueron víctimas de la tragedia de Once, es un trabajador en la televisión pública. Fue censurado prolijamente en 678: nunca lo invitaron pese a que lo veían en los pasillos del canal. Mientras, los panelistas aseguraban que Clarín era el culpable de la tragedia porque había apoyado la privatización de los trenes veinte años antes. 678 se dedicó durante años a burlarse de los periodistas que investigaban casos probados, como la corrupción de Boudou, la formidable fortuna de los Kirchner, el crecimiento sideral de Lázaro Báez, el pasado espantoso de César Milani. Los colegas que revelaban estos datos eran retratados como miserables, alcahuetes, y ridiculizados a diario. Mientras tanto se justificaba el despido de colegas, como fue el sonado caso de Juan Miceli en el propio canal, por el simple hecho de haber formulado una pregunta pertinente a un líder de la Cámpora.
Durante años, la crueldad de 678 se dirigió a personas tan disímiles como Juan Campanella, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Mike Amigorena, Carlos Tévez, Eliseo Subiela, Ricardo Darín, Alejandro Borensztein,Martín Caparrós, Beatriz Sarlo, Adrián Suar, Fabián Gianolla, Miguel del Sel, y un sinnúmero de colegas de distintos medios y de políticos opositores. Incluso la padecieron Daniel Scioli y Jorge Bergoglio, a quienes les adjudicaban conductas tenebrosas y miserables, hasta que llegó la orden de cambiar el enfoque. Lo único que todos ellos tenían en común era que, en determinado momento, como Matías Reggiardo o Victoria Donda, se atrevían a decir algo en contra de alguna medida del Gobierno.
El rasgo más novedoso de todo esto no es que 678 haya existido sino que muchas personas que se sienten buenas e idealistas, coreen su nombre. Allí está la fuerza del programa pero también es una gran definición del sector social que los apoya. ¿No saben lo que fue? ¿No saben lo que es? ¿Lo saben y lo respaldan? No es algo novedoso. A lo largo del siglo XX, la izquierda menos democrática –en sus distintas variantes– cayó muchas veces en la apología de la crueldad. Los argumentos eran muy parecidos, siempre: el que disiente es funcional al enemigo, nuestra causa es tan trascendente que conviene ignorar algunos crímenes y aislar o destruir a quienes los denuncian, del otro lado son peores. No son los mismos tiempos pero tal vez, en un contexto más democrático, esas taras hayan vuelto ahora en esas personas que se sienten rebeldes, militantes, comprometidas, y terminan gritándole hijos de puta a todos los jueces, basura y dictadura al nuevo Presidente, confundiendo un golpe de estado con el efímero gobierno de Pinedo y coreando el nombre de un programa tan cruel.
678 es, en alguna medida, un buen símbolo para entender por qué el kirchnerismo es rechazado por cientos de miles de personas –tal vez millones– que no son ni de derecha, ni apoyaron ninguna dictadura, ni leen Clarín, ni simpatizan con los gerentes de multinacionales, ni están esperanzados con la presidencia de Mauricio Macri: es, simplemente, un límite.
Hay que decir que esta sociedad, por suerte, no lo pasó. Un Gobierno quiso convencerla de que la crueldad era una herramienta que se debía naturalizar. Puso una enorme dosis de energía y capital para hacerlo. Pero no lo logró. Ojala las personas que siguen reivindicándola entiendan que, en principio, es un arma inútil que envilece, antes que a nadie, a quienes la aplican y al proyecto político que dicen defender.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Uri Avneri: "El terrorismo internacional no existe"

El “terrorismo internacional” no existe.
Declararle la guerra al “terrorismo internacional” es una idiotez. Los políticos que lo hagan son o bien tontos o cínicos, y probablemente sean ambas cosas.
El terrorismo es un arma. Como un cañón. Nos reiríamos de alguien que declarase una guerra contra “la artillería internacional”. Un cañón pertenece a un ejército y sirve a los fines de ese ejército. El cañón de un bando dispara contra el cañón del bando contrario.
El terrorismo es un método operativo. Lo usan a menudo los pueblos oprimidos, incluida la Resistencia francesa contra los nazis durante la II Guerra Mundial. Nos reiríamos de alguien que declarase una guerra contra “la resistencia internacional”.
“El terrorismo es la continuación de la política con otros medios”, diría Clausewitz
Carl von Clausewitz, el pensador militar de Prusia, dijo una vez, como sabemos, que “la guerra es la continuación de la política con otros medios”. Si viviera hoy entre nosotros, igual diría: “El terrorismo es la continuación de la política con otros medios”.
Terrorismo quiere decir, literalmente, amedrentar a las víctimas para que se rindan ante lo que quiere el terrorista.
El terrorismo es un arma. Normalmente es el arma de los débiles. De aquellos que no poseen bombas atómicas como las que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki, aterrorizando a los japaneses para que se rindiesen. Ni aviones como las que destruyeron Dresde en un (infructuoso) intento de amedrentar a los alemanes para que abandonasen la lucha.
Dado que la mayoría de los grupos y países que utilizan el terrorismo tienen objetivos diferentes, a menudo enfrentados, no hay nada “internacional” aquí. Toda campaña terrorista tiene su carácter propio. Dejando al margen el hecho de que nadie se considera a sí mismo terrorista, sino un luchador (o luchadora) por Dios, la Libertad, o Loquesea.
(No puedo evitar recordar, sin modestia, que hace muchísimo tiempo acuñé la frase: “Lo que para uno es un terrorista, para otro es un luchador por la libertad”).
Muchos israelíes normales sintieron una profunda satisfacción tras los atentados de París. “¡Ahora estos malditos europeos experimentan por fin lo que nosotros sentimos todo el rato!”
Si son lo mismo los palestinos con cuchillos y los belgas del ISIL, el problema no es de Israel
Binyamin Netanyahu, como pensador un enano, pero un brillante vendedor, se ha dedicado a la idea de inventar un vínculo directo entre el terrorismo yihadista en Europa y el terrorismo palestino en Israel y los territorios ocupados.
Es un golpe digno de un genio: si son la misma cosa los adolescentes palestinos que blanden cuchillos y los devotos belgas del ISIL, entonces no hay un problema israelí-palestino, no hay ocupación, no hay asentamientos. Sólo hay fanatismo musulmán (Se ignora, de paso, a los muchos árabes cristianos que forman parte de las organizaciones palestinas “terroristas” laicas).
Esto no tiene nada que ver con la realidad. Los palestinos que quieren luchar y morir por Alá se van a Siria. Los palestinos – tanto los religiosos como los laicos – que disparan, acuchillan o atropellan a los soldados y civiles israelíes en estos días quieren liberarse de la ocupación y crear un Estado propio.
Eso es algo tan obvio que incluso alguien con el cociente intelectual limitado de nuestros ministros podría entenderlo. Pero si lo entendiesen, tendrían que afrontar opciones muy desagradables respecto al conflicto israelí-palestino.

Así que mejor nos quedamos con la conclusión confortable: nos matan porque son terroristas natos, porque quieren encontrarse a sus 72 vírgenes en el paraíso que les han prometido, porque son antisemitas. Y viviremos, como alegremente vaticina Netanyahu “eternamente con la espada en la mano”.
Por muy trágicos que sean los resultados de todo incidente terrorista, hay algo absurdo en la reacción europea ante los atentados recientes.
La cúspide de la absurdiotez se alcanzó en Bruselas, donde un terrorista solitaria paralizó con su huida una ciudad entera, una capital entera, durante días sin disparar un solo tiro. Era el éxito definitivo del terrorismo en su sentido más literal: utilizando como arma el miedo.
Los medios de comunicación modernos son los mejores amigos de los terroristas
Pero la reacción en París no era mucho mejor. El número de víctimas de la atrocidad era alto pero comparable al número que cada dos semanas muere en las carreteras de Francia. Desde luego era mucho menor que el número de víctimas de una hora en la II Guerra Mundial. Pero las ideas racionales no cuentan. El terrorismo funciona por la percepción de las víctimas.
Parece increíble que diez individuos mediocres, con unas cuantas armas primitivas, puedan causar un pánico mundial. Pero es un hecho. Respaldados por los medios de comunicación, que viven de este tipo de cosas, los terroristas locales se convierten hoy en amenazas mundiales. Los medios de comunicación modernos son, por su propia esencia, los mejores amigos de los terroristas. El terror no se podría expandir sin ellos.
El siguiente mejor amigo del terrorista es el político. Es casi imposible para un político resistir la tentación de montarse en la ola del pánico. El pánico crea una “unidad nacional”, el sueño de todo dirigente. El pánico crea el deseo de tener un “líder fuerte”. Es un instinto humano básico.
François Hollande es un ejemplo típico. Siendo un político mediocre pero taimado, aprovechó la oportunidad de posar como líder. “C’est la guerre”, declaró. Y montó una histeria nacional. Desde luego esto no es ninguna ‘guerre’. No es la II Guerra Mundial. Es sólo un ataque terrorista por parte de un enemigo oculto.
Cuando los políticos no saben qué hacer, dan discursos, convocan reuniones y bombardean a alguien
Uno de los hechos que nos han revelado estos atentados es lo increíblemente idiotas que son todos los dirigentes políticos que hay por ahí. No entienden el desafío. Reaccionan ante amenazas imaginadas e ignoran las verdaderas. No saben qué hacer. Así que hacen lo que les sale natural: dan discursos, convocan reuniones y bombardean a alguien (da igual a quién y por qué).
Cuando uno no entiende la dolencia, el remedio es peor que la enfermedad. Bombardear causa destrucción y la destrucción crea nuevos enemigos que tendrán sed de venganza. Es una colaboración directa con los terroristas.
Era un espectáctulo triste: todos estos líderes mundiales, comandantes de naciones poderosas, correteando por ahí como ratones en un laberinto, reuniéndose, dando discursos, emitiendo declaraciones absurdas, totalmente inacapaces de afrontar la crisis.
El problema es de hecho mucho más complicado de lo que se creerán las mentes simples, porque implica un hecho poco habitual: el enemigo esta vez no es una nación, no un Estado, ni siquiera un territorio concreto, sino una entidad indefinida: una idea, un estado de ánimo, un movimiento que tiene algún tipo de base territorial pero no es un Estado de verdad.

Esto no es un fenómeno sin precedentes: hace más de cien años, el movimiento anarquista cometía actos terroristas en todas partes sin tener ningún tipo de base territorial. Y hace 900 años, una secta religiosa sin país, la de los asasinos (una deformación de la palabra árabe para ‘fumadores de hachís’) aterrorizó el mundo musulmán.
No sé cómo hay que luchar eficazmente contra el Estado (o en realidad No Estado) Islámico. Estoy muy convencido de que nadie lo sabe. Desde luego no los (y las) idiotas que están al cargo en los gobiernos.
No estoy seguro de que ni siquiera una invasión territorial destruiría este fenómeno. Pero incluso una invasión parece inverosímil. La Coalición de los Involuntariosos montada por Estados Unidos no parece tener muchas ganas de enviar soldados al terreno. EE UU y sus aliados locales odian a las únicas fuerzas que podrían intentar tal cosa: los iraníes y el Ejército del Gobierno sirio.
EE UU y Europa no saben elegir entre el eje Asad-Irán-Rusia y el bando ISIL-saudíes-suníes
Es más, si uno busca un ejemplo de desorientación total, que raya en la demencia, es la incapacidad de Estados Unidos y las potencias europeas de elegir entre el eje Asad-Irán-Rusia y el bando ISIL-saudíes-suníes. Añádase el problema turco-kurdo, la hostilidad ruso-turca y el conflicto israelí-palestino, y todavía falta mucho para tener la imagen completa.
(Para amantes de la Historia hay algo fascinante en que vuelvan a emerger la lucha de siglos entre Rusia y Turquía en este nuevo escenario. Al fin y al cabo, la Geografía es lo que más cuenta).
Se ha dicho que una guerra es demasiado importante como para dejar que se encarguen los generales. La situación actual es demasiado complicada como para dejar que se ocupen los políticos. Pero ¿quién más hay por ahí?
Los israelíes creemos (como de costumbre) que podemos dar lecciones al mundo. Conocemos el terrorrismo. Sabemos qué hay que hacer.
¿Lo sabemos?
Desde hace semanas, los israelíes viven en pánico. A falta de un nombre mejor se llama “la oleada de terror”. Cada día, dos, tres o cuatro adolescentes, algunos de no más de 13 años, atacan a algún israeli con cuchillos o lo atropellan con un coche. Normalmente se les dispara y mata en el acto. Nuestro famoso ejército lo intenta todo, incluso medidas de represalias contra sus familias y castigos colectivos de sus aldeas, sin éxito.
No hay conexión entre ISIL y los palestinos. Pero si no se resuelven, estos problemas se fundirán
Son actos individuales, a menudo bastante espontáneos, y por eso es prácticamente imposible prevenirlos. No es un problema militar. El problema es político y psicológico.
Netanyahu intenta montarse en esa ola, al igual que Hollande y compañía. Cita el holocausto (equiparando a un chaval de 16 años de Hebrón a un curtido oficial de las SS en Auschwitz) y habla sin parar de antisemitismo.
Todo eso para ocultar un hecho notorio: la ocupación con su humillación diaria de la población palestina, cada hora, cada minuto. Algunos ministros del Gobierno ya ni esconden siquiera que el objetivo es anexionar Cisjordania y finalmente expulsar a los palestinos de su tierra.
No hay un conexión directa entre el terrorismo del ISIL en el mundo y la lucha palestina por su Estado. Pero si no se resuelven, al final estos problemas se fundirán en uno solo… y un ISIL mucho más poderoso unirá el mundo musulmán, como lo hiciera Saladino, para enfrentarse a nosotros, los nuevos cruzados.
Si yo fuera creyente, susurraría: Dios no lo quiera.
Publicado en Gush Shalom | 28 Nov 2015 | Traducción del inglés: Ilya U. Topper

viernes, 16 de octubre de 2015

El pastorcito mentiroso y el lobito "Stiuso"

La Nación de hoy, 16 de octubre de 2015, publica un artículo según el cual, el 18 de febrero pasado, el ¿ex? SIDE Antonio “Jaime” Stiuso fue retenido por migraciones antes de dejar el país en un paso fronterizo. Se hicieron averiguaciones en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), ésta hizo averiguaciones en el juzgado en el que se investiga la muerte del fiscal Nisman, y finalmente se lo autorizó a abandonar el país:


La explicación que el gobierno da a la opinión pública es que “en ese momento” no había razones para impedirle la salida del país. No había ningún pedido judicial en ese sentido:


Lo que ningún diario ni oficialista ni opositor publica en relación con este tema es que, tan sólo 5 días después de ese hecho, el ejecutivo denunció a Stiuso por contrabando y evasión fiscal, por maniobras efectuadas desde la Ex SIDE durante 2013 y 2014:


Por lo tanto, ahora sabemos que, cuando el gobierno denunció a Stiuso por maniobras realizadas con bastante anterioridad, ya sabía que éste no estaba en el país, cosa que no fue informada a la opinión pública al momento de poner en conocimiento de ella esta denuncia.

Puede decirse entonces que, si hubiera sido un poco más “diligente” el ejecutivo en denunciar lo que había pasado en sus propias oficinas, bastante tiempo atrás, tal vez algún juzgado hubiera librado alguna orden de restricción de salida del país contra una persona investigada por contrabando y evasión fiscal.

También podría decirse que el gobierno, deliberadamente, sólo hizo la denuncia cuando sabía que el denunciado no podía ser detenido en el país, y que los secretos que guarda, estaban a salvo a miles de kilómetros de distancia.

O bien podría decirse que, una vez sabido que el ex agente había escapado y que el gobierno no había hecho aún ninguna denuncia en su contra, ordenó se preparara en tiempo récord una denuncia por manejos que habitualmente se hacen en los servicios de inteligencia, porque era lo único que se tenía a mano.

Mucho, pero muchísimo tiempo después, tratándose de la necesidad de atrapar a un personaje con recursos para ocultarse, se hicieron otras denuncias penales por temas más sustantivos:


¿Algún día explicará Parrilli porqué hicieron todo cuando ya no se podía atrapar al sujeto?


O será que, como en la fábula del pastorcito, cuando diga la verdad ya nadie le va a creer.

martes, 10 de marzo de 2015

La muerte... ¿es la política por otros medios?



Por el Equipo de Discusión del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP)

Claudio Lozano, Tomas Raffo, Horacio Fernández, Jaime Farji, Ariel Pennisi y Bruno Costas


Una vez más en la historia reciente de nuestro país, una muerte tuerce el rumbo del escenario político. Este que parecía estabilizado hacia una transición controlada en sus aspectos significativos por el gobierno y tolerada por la oposición (aunque siempre con el interrogante de los efectos que la recesión y la conflictividad social podían producir) se modificó por distintas razones.

Si los asesinatos de Kosteki y Santillán sellaron la suerte del gobierno de Eduardo Duhalde en junio de 2002, y el fallecimiento de Néstor Kirchner, en octubre de 2010, contribuyó para que Cristina Fernández obtuviera su reelección un año después, la muerte, en circunstancias aún no esclarecidas, del fiscal Alberto Nisman, ocurrida el pasado 18 de enero de 2015, alteró el escenario político actual con alcances aún difíciles de prever.

Pero vayamos por partes.

Luego de la derrota electoral sufrida por el gobierno en las elecciones legislativas de medio tiempo de octubre de 2013, quedaron sepultadas las aspiraciones de una nueva reelección de CFK. El oficialismo retuvo la mayoría en ambas cámaras, pero no logró el número suficiente de legisladores para habilitar una reforma constitucional. A partir de ese momento, todos los actores políticos y sociales supieron que el escenario de los dos años siguientes estaría marcado por una transición, y en función de ella todos configuraron sus respectivos comportamientos.

Con Cristina Fernández fuera de pista, y sin posibilidad de imponer un candidato “del riñón” al PJ, los dos principales aspirantes de ese partido, Daniel Scioli como “heredero” y Sergio Massa como “opositor” pasaron a tener el camino allanado para construir dos grandes opciones de un justicialismo dividido. Aunque para muchos esas sean dos caras de una misma moneda, (dada la capacidad del PJ para ser oficialismo y oposición al mismo tiempo) lo cierto es que se dispusieron a disputar el voto del electorado, y no hay ninguna posibilidad de arreglo entre ellos antes de octubre de 2015. Lo que vaya a pasar después es, en la política argentina, futuro incierto.

Con el kirchnerismo sin candidato y con el justicialismo dividido, crecieron las probabilidades de que un gobierno no peronista pueda consagrarse en 2015. Con ese panorama, el PRO, con Mauricio Macri como candidato presidencial consagrado, y el Frente Amplio UNEN, con varios aspirantes, comenzaron a prepararse para captar el voto no peronista y el voto independiente.

Massa, Macri y los principales referentes de UNEN, envalentonados por la derrota electoral del oficialismo, y con una situación socioeconómica signada por el deterioro del empleo, del poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones debido al proceso inflacionario, y por las presiones sobre el tipo de cambio motorizadas por la intervención del mercado cambiario, desplegaron al unísono la receta de la solución tradicional a los problemas de la economía argentina:

  • Volver a los mercados de capitales internacionales
  • Estabilizar el valor de la moneda con el ingreso de dólares del endeudamiento y liberar el mercado cambiario doméstico
  • Abrir los sectores de recursos naturales y energéticos estratégicos a los inversores externos
  • Recuperar los puestos de trabajo perdidos en un proceso virtuoso de producción sin inflación, motorizado por las inversiones externas y el endeudamiento
  • Pagar el capital y los intereses de la deuda externa con los ingresos por exportaciones energéticas, mineras y de commodities agrícolas

El gobierno intentó por todos los medios conservar iniciativa política para evitar, o al menos demorar, los efectos de la debilidad que supone el plazo fijo para su retirada. Así, puso en juego su capacidad de negociación-extorsión al interior del justicialismo, tratando de controlar (incluso recurriendo a la indefinición deliberada) la elección del candidato oficialista a Presidente. Dió aire a todo aquel que mostrara su aspiración de ser el candidato de la “continuidad del proceso” (Randazzo, Dominguez, Rossi, Taiana), presionó al “candidato natural” (Scioli) y hasta alimentó las ilusiones del “núcleo duro” (“que se enfrenten con Cristina y sanseacabó”). Mientras tanto, aseguró la colocación de sus candidatos a diputados en las listas de diferentes distritos, más allá de quién termine siendo el que dispute la primera magistratura.

Asimismo, desplegó un conjunto de inventivas legislativas como la reforma de las leyes sobre derechos de consumidores y usuarios (abastecimiento), sacó finalmente adelante la polémica reforma del código civil, e impuso la reforma del código procesal penal con el que, sin pudor, pretende poblar el ministerio público de fiscales afines que le garanticen impunidad a futuro.

Igualmente audaces fueron sus decisiones en materia de política económica. Sin ningún prurito ideológico, y sosteniendo el mismo discurso “nacional y popular”, plagió lisa y llanamente el menú de la oposición conservadora, e hizo todos los “deberes” de la ortodoxia neoliberal para “reinsertar” al país en los “circuitos financieros internacionales”. Veamos:

  • Arregló millonarias demandas que empresas extranjeras habían entablado contra la Argentina en el CIADI, aceptando el pago de sus reclamos
  • Renegoció la deuda con el Club de París, sin revisarla a pesar de que una parte de la misma había sido contraída por la última dictadura militar, y reconoció un monumental incremento del endeudamiento público sin pasar por el Congreso
  • Procuró sin éxito ganar tiempo en la demanda judicial de los fondos buitres para arreglar también con ellos, pero después del vencimiento de la cláusula RUFO
  • Firmó contratos con multinacionales como Chevrón, con cláusulas aún desconocidas por la opinión pública, pero entre las conocidas se sabe que se le entrega a perpetuidad la explotación de los recursos no convencionales en las áreas de la formación neuquina de Vaca Muerta en las que opera en conjunto con YPF, y abrió el acceso a todas las restantes empresas, incluso aquellas que tienen en explotación yacimientos convencionales, para que obtengan las mismas condiciones
  • Suscribió acuerdos con China que entregan los recursos naturales en condiciones ampliamente ventajosas, y que prácticamente son un certificado de defunción para el MERCOSUR, a cambio de ingresos de divisas a corto plazo

La recesión, provocada por el deterioro de la capacidad de consumo de la población, acentuó el proceso de destrucción de puestos de trabajo, pero esa contracción de la demanda agregada moderó las presiones inflacionarias. Las trabas a las importaciones frenaron la producción industrial y contribuyeron a moderar el rojo de las cuentas externas. Los acuerdos de SWAPs con China permitieron el ingreso de moneda extranjera computable como reservas internacionales, y los “pagos” de vencimientos de deuda quedaron depositados en cuentas del Banco Nación en el país, gracias a lo cual no impactaron aún en el balance de divisas, base caja. De acuerdo con lo publicado por el BCRA, el balance de divisas del año 2014 tuvo un resultado positivo, obtenido mediante diferentes artilugios contables.

Todo lo descripto configuró un cuadro de “ajuste recesivo” que logró estabilizar variables tales como la inflación y el tipo de cambio, otorgando márgenes de maniobra para el gobierno, mientras la conflictividad social aparece relativamente controlada, en parte por el despliegue de los aparatos represivos del estado, en parte por la fragmentación de las dirigencias sindicales y por el reacomodamiento de varios de cara al futuro proceso electoral.

En un escenario de deterioro del empleo, el sindicalismo tradicional espera la llegada del próximo gobierno para negociar en mejores condiciones, sabiendo que es muy poco lo que puede obtener de éste y de las patronales. A pesar del activismo de la izquierda sindical y del compromiso de lucha de la CTA autónoma, los conflictos más importantes son de carácter defensivo (reincorporación de trabajadores despedidos, etc.), y se carece de la capacidad de movilización y de organización suficientes para imponer un plan de lucha sin el concurso de la CGT, que tiene otras prioridades y está muy lejos de la “unidad de acción” del año 2012.

Salvo grandes operadores internacionales como las multinacionales del petróleo o el gobierno de China, que están en condiciones de obtener grandes ventajas a cambio de saciar la avidez cortoplacista del gobierno por divisas, los restantes operadores esperan el cambio de gobierno para tomar decisiones de inversión.

La oposición política conservadora y sistémica, incapaz de desplegar ninguna iniciativa propia o de frenar las iniciativas del gobierno, y despojada por éste de sus propias ideas para resolver la coyuntura, no tiene más espacio que el de ensayar un discurso diferenciador excluyendo toda referencia al modelo productivo o a la coyuntura socioeconómica, y se centra en "los modales" y en la “cuestión republicana”. A lo sumo aparecen los cultores del ajuste fiscal que cuestionan la dilapidación del gasto gubernamental desde una perspectiva que induciría mayor recesión aún.

En ese escenario de dominio precario, pero dominio al fin, de la iniciativa política, con las variables macroeconómicas bajo control, y con el conflicto social “planchado”, el gobierno se aprestaba a transitar con razonables niveles de estabilidad sus últimos meses, y la oposición parecía resignada a afrontar la campaña como mejor pudiera, y los sectores populares permanecían inmovilizados entre la prudencia y la debilidad.

Entonces... la muerte se hizo presente para patear el tablero.

Para comprender un suceso, lo más común es explorar sus causas. Pero la muerte del fiscal Nisman, el múltiple entramado de causas que llevaron a ese desenlace, y la complejidad de los submundos en los cuales tuvo lugar, entre los que pueden citarse sólo como ejemplo el de los servicios de inteligencia nacionales y extranjeros, el de la investigación que estaba llevando adelante el fiscal y las presiones que en torno de la misma se venían desplegando, y el de las pujas por el control del poder judicial, hacen que para no movernos en el terreno de las hipótesis, resulte en este caso más útil tratar de analizar los efectos. Las posiciones progresistas o de una izquierda políticamente correcta son presas de una sensibilidad atravesada por el principio de sospecha. El sentido común más bien antipolítico, por lo general crédulo y conformista aun en el más quejoso de sus estados, se aviene a la sospechología a partir de escenarios como el actual, con sus fogoneos mediáticos a cuestas. El resultado es una olimpiada que tiene como protagonista al único deporte de la sospecha. Admitamos que hay un goce en el acto sospechador, en tanto éste daría cuenta de una inteligencia en movimiento, de una profundidad ejemplar o una mirada suspicaz. En ese sentido, conviene detenerse ante tanto goce (término que perfectamente le podemos arrebatar al psicoanálisis) y apelar a un principio de cautela que apunte a forjarse una salud política. Hacerse a un costado del territorio, por ahora imaginario, de la sospecha no significa desinteresarse por las causas de un hecho tan traumático, sino conseguir algo de oxígeno para orientarse de otra manera.

El territorio más concreto –y brutalmente literal– de los efectos nos muestra, antes que cualquier otra cosa, una profundización de la tendencia binaria que domina como matriz de lectura política la mayor parte del discurso público. Las posiciones, tanto en sus contenidos como en sus tonalidades, previas a la muerte de Nisman se agudizaron, como si esa muerte se agregara como leña a la voracidad de una maquinaria interpretativa que está al límite de sus posibilidades. El binarismo funciona como una trituradora de basura, absorbe los hechos como desperdicios de la gran, verdadera y fundamental conspiración. Del discurso rudimentario de un militante raso a las engoladas frases de un filósofo devenido funcionario, el esquema es básico y parece no tener afuera: desde la CIA hasta la ex SIDE, pasando por el MOSSAD y los medios masivos de comunicación locales complotan y logran engañar a alguna ingenua clase trabajadora y a la siempre maliciosa clase media. “Justo cuando la presidenta mostraba una imagen pública más que aceptable”. Es decir, pasan de categorías setentistas medio oxidadas (como los fierros) al lenguaje del marketing político y la encuestología.

Solo contamos con una información cierta: qué hacen los actores ante lo sucedido. Los que usan el nombre de una república gastada como la moneda para achacarle al gobierno ribetes autoritarios no distan mucho en su chicana de quienes viven con el mote “golpista” en la punta de la lengua y lo escupen, cada vez más seguido, desde el aparato del Estado. Sin embargo, el Estado no se hizo presente más que desde su costado sombrío de una Inteligencia que es el reverso de la sospecha festejada momentáneamente por la calle (incluyendo sus dos veredas de rigor). El resto son facciones: un gobierno que se pone a la altura de otras corporaciones, medios de comunicación determinados, zonas del poder judicial –sindicato incluido–, instituciones de la colectividad judía, etc.

En el marco de la guerra de los goces y el desprecio como ejercicio los, a estas alturas, indolentes actores avanzan ciegamente según el dictado de lo que suponen sus intereses. ¿Qué márgenes quedan, entonces, para la politización de los cuerpos, es decir, para la participación popular y plural en la vida pública? ¿Qué márgenes para posicionarse por fuera de la matriz de las sorderas enfrentadas? El camino de la Comisión Investigadora del caso AMIA, que tuvo su acertada marcha el miércoles 4, es importante por lo que dispone conceptualmente y por lo que significa en términos ético-políticos. Por delante, se abre una tierra incógnita que nos llama a renovar el lenguaje político al calor de nuevos emergentes, a inventarnos formas de relación con la vida pública capaces de desarmar las formas cristalizadas del momento para volver a interpelar… Pero, tal vez, tengamos que dejarnos interpelar antes por la complejidad de lo que pasa.

Crimen o suicidio, suicidio inducido o no, la muerte del fiscal Nisman conmovió profundamente a la sociedad argentina, que resultó sorprendida y abrumada por un hecho de semejante gravedad institucional, pero a la vez, aunque parezca contradictorio, en presencia de una “muerte esperada”.

Dos caras de una misma moneda: la sorpresa y la conmoción responde al deseo de seguir viviendo en comunidad, a la aspiración de que la vida en comunidad, con todo lo que ello implica, no permita que estas cosas sucedan, que la comunidad preserve al hombre común del desamparo que lo acecha cuando personas con poder, con dinero, con custodia y con notoriedad, aparecen muertas de esta forma. Y del otro lado la sensación de “muerte esperada” surge de las evidencias de descomposición social e institucional, de destrucción de lazos, de barranca abajo por la que viene despeñándose nuestro país desde hace años.

Cuando todo parecía encaminarse a una transición tranquila, cuando el único discurso que se imponía en el debate público era la receta ilusoria de la gobernabilidad del ajuste, no fue la capacidad creativa de las multitudes la que rompió el engaño, sino la capacidad destructiva de una muerte oscura, el elemento que puso a la sociedad frente al espejo.

No fue un hecho aislado. En el marco de esa “paz aparente”, el gobierno creyó que tenía margen para acelerar los tiempos de la designación de fiscales adictos. En ciertas instancias judiciales estas designaciones se frenaron. Simultáneamente, algunos jueces comenzaron a mover causas contra funcionarios y otros “amigos del poder” que habían permanecido “dormidas”. El gobierno advirtió que las riendas de ese animal que es el Poder Judicial se le estaban aflojando. Pero tal vez no advirtió que otros poderes, más poderosos, habían decidido que la transición no iba a ser tranquila.

Por la naturaleza de la división de poderes, el gobierno controló siempre el Poder Ejecutivo. Por efecto de la voluntad popular, también logró hacerlo con el Poder Legislativo. Pero con el Poder Judicial lo intentó de muchas formas y fracasó en 12 años. Modificó de modo virtuoso la cabeza de ese poder, al inicio de su mandato, con la elección de los miembros de la Corte. Luego pareció no tener política para continuar con los cambios, o dejarla en manos de la Corte. Más adelante vinieron las reformas al Consejo de la Magistratura que le dieron al PEN el control de las designaciones y remociones. No conforme con eso, tuvo el delirio de la “democratización” de la justicia por medio de la cual procuró partidizar la elección de los consejeros representantes de jueces, abogados y académicos, que no salió. Cambió al procurador cuando tuvo que proteger a Boudou, nombró jueces subrogantes y fiscales, truchó concursos, pero no logró su objetivo.

Su último recurso (que también fue el primero, ya que siempre lo utilizó), fue el control de los jueces y fiscales a través de los servicios de inteligencia. En ese punto se entrelazaron peligrosamente dos políticas erróneas: la pretensión de controlar la justicia para obtener impunidad, renunciando a una democratización del poder judicial, y la pretensión de convertir al aparato de inteligencia del estado en un instrumento ilegal de extorsión de jueces y fiscales y de infiltración en los movimientos populares. Así, el gobierno quedó cautivo de su propio instrumento (los servicios de inteligencia), cuyos resortes no controló nunca, y se quedó sin recursos legales (que deberían ser provistos por una justicia independiente) para perseguir y castigar la autonomización de estos cuerpos. ¿Cómo hacerlo cuando las órdenes impartidas por la autoridad política violan el marco jurídico?

Cuando el gobierno advirtió que su aparato de inteligencia no le resultaba eficaz, insistió en la ilegalidad al intentar desarrollar un aparato de inteligencia militar (de la mano del ascenso irrefrenable de Milani) pero, finalmente, decidió reestructurar la secretaría de inteligencia y zanjar una interna a favor de uno de los dos sectores en que ésta estaba dividida.

En respuesta a esta ofensiva, el sector aparentemente “perdidoso” decidió demostrar su capacidad de daño operando a través del fiscal Nisman, que hacía meses venía trabajando en la denuncia que finalmente presentó una vez que Stiuso quedó afuera de la SIE. Correlación no es causalidad, según un principio de la estadística. Pero tampoco existen las coincidencias en política, mucho menos con un tema tan trascendente. La elección del tema y del personaje para golpear al gobierno tampoco son casuales: durante años el sector ahora perdidoso de la SIE fue el sector privilegiado del gobierno, y desarrolló con su aval toda la argumentación de la “pista iraní” en la causa AMIA. El viraje del gobierno en este tema, como su anterior opción por él, nunca respondieron a la intención de esclarecer la verdad y hacer justicia, sino a opciones de alineamiento en política exterior.

La política de control del poder judicial del gobierno, entonces, derivó en un ajuste de cuentas con sus propios servicios de inteligencia, y este ajuste de cuentas derivó en un renovado impulso de la acusación del fiscal Nisman contra el gobierno en defensa de la pista iraní, ahora abandonada por el gobierno pero sostenida por este sector de los servicios. La denuncia del fiscal Nisman derivó en su muerte. Y la muerte del fiscal Nisman, finalmente, derivó en una defensa corporativa de la independencia del poder judicial, por una parte, y en un reclamo generalizado de la sociedad contra la impunidad, por la otra.

Se fortalece, en este escenario, un discurso formalista republicano, incluso en manos de muchos que no se han preocupado demasiado en el pasado por estos principios, y se soslaya, más aún si cabe, la relación entre república y democracia, y sobre todo entre democracia y justicia social. Se impone la tendencia a un gran agrupamiento “republicano” (la alianza Macri-Carrió y las fuertes presiones dentro del radicalismo para sumar a este bloque son el más claro ejemplo) y se debilita en el imaginario colectivo la perspectiva de una opción justicialista diferenciada del actual oficialismo.

Es todavía muy pronto para asegurar que esa será la tendencia definitiva de los reagrupamientos políticos antes de las elecciones de octubre de este año, pero en principio, este cimbronazo tiende a debilitar tanto al FA-UNEN como al Massismo, y a consolidar a Scioli y a Macri como los dos grandes contendientes.


En ausencia de una nueva experiencia política que exprese la vocación de cambio de los sectores populares, el escenario se encamina hacia una salida conservadora, en cualquiera de sus variantes, que recibirá el país a finales de 2015 con situaciones que estarán cerca de tornarse explosivas, y está por verse si en el momento en que éstas hagan crisis, la democracia habrá alumbrado o no una herramienta capaz de hacerse cargo de las transformaciones que hacen falta, sin que tengan que ser nuevas muertes las que cambien el rumbo de la situación. En esa dirección trabaja nuestro frente popular.