martes, 5 de agosto de 2014

Encuentro en un túnel

Publicado por Ury Avnery, dirigente político y periodista israelí en su blog:

http://www.avnery-news.co.il/english/

Traducido por Nowhereman

Ury Avnery (02/08/14)

Había un pueblo en Inglaterra que tenía un gran orgullo por sus arqueros. En cada jardín había un tablón con blancos que mostraban el talento de su propietario. En uno de esos tablones cada flecha había dado en el blanco.

Un visitante curioso preguntó al propietario: ¿Cómo lo hizo? La respuesta: “Simple. Primero disparo las flechas y luego dibujo los círculos a su alrededor”.

En esta guerra, nuestro gobierno hace lo mismo. Nosotros alcanzamos todos nuestros objetivos – pero nuestros objetivos cambian todo el tiempo. Al final, nuestra victoria será completa.

Cuando la guerra comenzó, queríamos “destruir la infraestructura terrorista”. Después, cuando los cohetes alcanzaron prácticamente todo Israel, el objetivo de la guerra fue destruír los cohetes. Cuando el ejército cruzó la frontera de Gaza con ese propósito, descubrió una enorme red de túneles, que se convirtieron en el verdadero objetivo de la guerra. Los túneles deben ser destruídos.

Los túneles han sido utilizados militarmente desde la antigüedad. Los ejércitos imposibilitados de conquistar ciudades fortificadas trataban de cavar túneles debajo de sus muros. Los prisioneros han escapado a través de túneles. Cuando los británicos capturaban líderes de la clandestinidad hebrea, muchos de ellos escaparon a través de túneles.

Hamas ha usado túneles para ir debajo de los muros y vallas fronterizas, para atacar objetivos militares y asentamientos del otro lado. La existencia de estos túneles era conocida, pero su número y efectividad resultó una sorpresa. Como los combatientes vietnamitas en su tiempo, Hamas usa los tuneles para ataques, puestos de comando, centros de operaciones y arsenales. Muchos de ellos están interconectados.

Para la población del lado israelí, los túneles son una fuente de temor. La idea de que en cualquier momento la cabeza de un combatiente de Hamas puede aparecer en el medio del comedor de un kibutz no es agradable.

Entonces ahora el objetivo de la guerra es descubrir y destruir la mayor cantidad de túneles posible. Nadie imaginó este objetivo antes de que todo comenzara.

Si la conveniencia política lo demanda, puede haber otro objetivo mañana. Será aceptado en Israel por aclamación unánime.

La prensa israelí está totalmente sometida. No hay reportes independientes. Los corresponsales militares no están autorizados a ver por sus propios medios lo que pasa. Han sido reducidos a un coro de loros repetidores de los comunicados oficiales, presentándolos como observaciones personales. Una enorme jauría de ex generales relucen como “comentaristas” de la situación, todos diciendo exactamente lo mismo, incluso usando las mismas palabras. El público se traga toda esa propaganda como verdad divina.

La pequeña voz de Haaretz, con unos pocos columnistas como Gideon Levy y Amira Hass, resalta dentro de la ensordecedora cacofonía.

Yo escapé de ese lavado de cerebro escuchando los dos lados, haciendo “zapping” constantemente entre las estaciones de TV israelíes y Aljazeera (en árabe y en inglés). Lo que veo son dos guerras diferentes, que ocurren al mismo tiempo en dos planetas distintos.

Para los espectadores de los medios israelíes, Hamas es la encarnación del mal. Estamos combatiendo “terroristas”. Bombardeamos “objetivos terroristas” (como la casa de la familia del líder de Hamas Ismail Haniyeh). Los combatientes de Hamas nunca se retiran, siempre “escapan”. Sus líderes nunca comandan sus fuerzas desde refugios subterráneos, sino que “están escondidos”. Ellos almacenan sus armas en mezquitas, escuelas y hospitales (como hacíamos nosotros en tiempos de la ocupación británica). Los túneles son “túneles de terror”. Hamas cínicamente usa la población civil como “escudos humanos” (tal como Winston Churchill usó a la población de Londres). Las escuelas y hospitales de Gaza no son destruidas por bombas israelíes, ¡Dios no lo permita! sino por cohetes de Hamas (que misteriosamente perdieron su rumbo) y así sucesivamente.

Visto con ojos árabes, las cosas parecen bastante diferentes. Hamas es un grupo patriótico, que combate con increíble coraje contra inmensos obstáculos. No son una fuerza extranjera insensible al sufrimiento de la población, sino que son los hijos de esa población, miembros de las familias que ahora están siendo masacradas en masa, que crecieron en las casas que ahora están siendo destruidas. Son sus madres quienes ahora deben refugiarse en albergues de las Naciones Unidas, sin agua ni electricidad, privadas de todo excepto la ropa que llevan a cuestas.

Nunca he entendido la lógica de demonizar al enemigo. Cuando era soldado en la guerra del 48, nosotros teníamos grandes discusiones con nuestros camaradas de otros frentes. Cada uno insistía en que su particular enemigo: Egipto, Jordania, Siria, era el más valiente y eficiente. No hay gloria en luchar contra una banda de depravados y envilecidos terroristas.

Admitamos que nuestro enemigo actual está luchando con gran coraje e inventiva. Que casi milagrosamente, su estructura civil y miltar de comando está todavía funcionando bien. Que la población civil los apoya a pesar del inmenso sufrimiento. Que después de casi cuatro semanas de combates contra uno de los ejércitos más fuertes del mundo, continúan resistiendo.

Admitir eso podría ayudar a entender a la otra parte, algo que es esencial tanto para hacer la guerra como para hacer la paz, o incluso un cese del fuego.

Sin entender al enemigo o tener un claro concepto de lo que realmente queremos, incluso alcanzar un cese del fuego es una ardua tarea.

Por ejemplo: ¿Qué queremos de Mahmoud Abbas?

Por muchos años los dirigentes israelíes lo denigraron. Ariel Sharon lo llamó “gallina desplumada”. La derecha israelí lo considera más peligroso que Hamas porque los americanos “naifs” están más dispuestos a escucharlo. Netanyahu hizo todo lo posible para destruir su autoridad y sabotear las negociaciones de paz con él. Lo vilipendiaron por buscar la reconciliación con Hamas. Con su usual talento para los slogans, Netanyahu lo puso en estos términos: “paz con nosotros o con Hamas”.

Pero esta semana, nuestros líderes febrilmente retornaron a Abbas, coronandolo como el único verdadero líder del pueblo palestino, y demandándole que juegue su rol de liderazgo en las negociaciones por el cese del fuego. Todos los comentaristas israelíes declararon que uno de los grandes novedades de la guerra fue la creación de un bloque político conformado por Israel, Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos del Golfo y Abbas. El “no socio” de ayer es hoy un aliado privilegiado.

El problema es que muchos palestinos ahora desprecian a Abbas y miran con admiración a Hamas, el símbolo del honor árabe. En la cultura árabe, el honor juega un rol mucho más importante que en Europa.

Ahora, los expertos en seguridad israelíes están preocupados por la situación en la margen occidental. Los jóvenes -y no sólo los jóvenes- parecen listos para una tercera intifada. Ya el ejército ha disparado con munición real sobre protestas en Qalandia, Jerusalém, Belén y otras ciudades. El número de muertos y heridos en la margen occidental está creciendo. Para nuestros generales, esa es otra razón para un pronto cese del fuego en Gaza.

Los ceses del fuego se hacen entre fuerzas en combate: Israel y Hamas. No hay otro camino.

¿Qué quiere Hamas? A diferencia de nuestro bando, Hamas no ha cambiado su objetivo: quiere el fin del bloqueo a la Franja de Gaza.

Eso puede significar muchas cosas. El máximo: apertura de los pasos desde Israel, reparación y reapertura del aeropuerto de Dahaniyah en el sur de la franja, la construcción de un puerto marítimo en la ciudad de Gaza (en lugar del pequeño puerto pesquero que hay), permitir a los pescadores de Gaza aventurarse a distancia de la costa.

(Después de Oslo, Shimon Peres fantaseaba acerca de un gran puerto en Gaza, que serviría a todo el Medio Oriente y convertiría a Gaza en una segunda Singapur)

El mínimo sería la apertura de los cruces con Israel para el libre movimiento de bienes hacia y desde la franja, permitir a los gazatíes ir a la margen occidental y viceversa, y sostener su economía con exportaciones, un aspecto que rara vez se menciona.

En contrapartida, Israel debería ciertamente demandar inspecciones internacionales para prevenir la construcción de nuevos túneles y el reaprovisionamiento del arsenal de cohetes.

Israel podría también demandar un rol para Abbas y sus fuerzas de seguridad, que son vistas por Hamas (y no solamente por ellos) como colaboradores de Israel.

El ejército israelí también demanda que incluso después que el cese del fuego opere, se complete la destrucción de todos los túneles descubiertos antes de la retirada.

Hamas también demanda la apertura de los cruces con Egipto (pero eso no es parte de las negociaciones con Israel).

Si hubiera negociaciones directas, podría ser más fácil. Con tantos mediadores, es difícil.

El miércoles pasado, Haaretz reveló una sorprendente noticia: el minisro de relaciones exterores israelí propuso remitir el problema a las Naciones Unidas. Que ellas propongan las condiciones para el cese del fuego.

¿Las Naciones Unidas? ¿La institución más desprestigiada en Israel? Bueno, como dice el proverbio yiddish, “cuando Dios quiere, hasta con una escoba se puede disparar”.

Asumiendo que un cese del fuego se alcance (no uno corto por razones humanitarias, que ningún lado pretende respetar), ¿entonces qué?

¿Serán posibles entonces serias negociaciones de paz? ¿Abbas reunirá a todos los representantes de los palestinos, incluyendo a Hamas? ¿Será esta la última guerra, o quedará sólo como otro episodio en una interminable cadena de guerras?

Tengo una fantasía loca.

Llega la paz y los estudios cinematográficos hacen películas sobre esta guerra también.

Una escena: soldados israelíes descubren un túnel y entran en él para limpiarlo de enemigos. Al mismo tiempo, combatientes de Hamas entran por el otro extremo, para atacar un kibutz.

Se encuentran en el medio, debajo de la frontera. Se miran uno al otro a través de la escasa luz. Y entonces, en lugar de disparar, se dan la mano.


¿Una idea loca? En efecto. Disculpen.

lunes, 21 de julio de 2014

¿Que quiere Hamas realmente?

Artículo publicado en un diario israelí, escrito por un periodista israelí.  Todavía existen voces sensatas afortunadamente.  Está el link al artículo completo, por si no confían en la traducción

¿Qué quiere Hamas realmente?

Por Gideon Levy – Julio 20, 2014

Publicado en Haaretz (Israel) 


Traducido del inglés por Nowhere Man

Después de haber dicho todo lo que había para decir sobre Hamas: que es fundamentalista, que es antidemocrático, que es cruel, que no reconoce a Israel, que dispara sobre civiles, que esconde municiones en escuelas y hospitales, que no protege a la población de Gaza. Después de todo lo que se ha dicho, y precisamente por eso, podríamos parar por un momento y escuchar a Hamas; incluso podríamos permitirnos ponernos en sus zapatos, y tal vez hasta apreciar la audacia y adaptabilidad de éste, nuestro peor enemigo, bajo condiciones rigurosas.

Pero Israel prefiere cerrar sus oídos a las demandas del otro lado, incluso cuando esas demandas son compatibles con los propios intereses de Israel en el largo plazo. Israel prefiere golpear a Hamas sin piedad y sin otro propósito que la revancha. Esta vez es particularmente claro: Israel dice que no quiere derrocar a Hamas -por entender que en su lugar Israel tendría Somalía a sus puertas- pero no está dispuesta a escuchar las demandas de Hamas. ¿Son acaso animales? Digamos que eso es cierto. Pero están ahí para quedarse, y si Israel cree que ese es el caso, ¿porqué no escuchar?

La semana pasada se hicieron públicas 10 condiciones, en nombre de Hamas y de Jihad Islámica, para un cese de fuego de 10 años. Podemos dudar de si eran de hecho las demandas de dichas organizaciones, pero si lo fueran, servirían como una adecuada base para un acuerdo. No hay ni una condición infundada entre ellas.

Hamas y Jihad Islámica demandan libertad para Gaza. ¿Hay alguna demanda más justa y entendible? No hay forma de cerrar el actual ciclo de crímenes, y no tener otra ronda en unos pocos meses, sin aceptar esto. Ninguna operación militar, por aire tierra o mar, puede traer una solución. Sólo un cambio básico de actitud hacia Gaza puede asegurar lo que todos quieren: tranquilidad.

Lea la lista de demandas y juzgue honestamente si hay alguna demanda injusta entre ellas: retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel y habilitación a los campesinos a trabajar sus tierras hasta el límite, liberación de todos los prisioneros del intercambio por Gilad Shalit que fueron nuevamente arrestados, finalización del sitio y apertura de los cruces fronterizos, apertura de un puerto y de un aeropuerto bajo administración de las Naciones Unidas, expansión de la zona pesquera, supervisión internacional del paso fronterizo de Rafah, compromiso de Israel de un cese del fuego de 10 años y cierre del espacio aéreo de Gaza para la aviación israelí, permisos para los residentes de Gaza a visitar Jerusalem y rezar en la Mezquita de Al Aqsa, compromiso de Israel de no interferir en asuntos políticos internos de los palestinos, como el gobierno de unidad, apertura de la zona industrial de Gaza.

Esas condiciones son civiles; los medios para alcanzarlas son militares, violentos y criminales. Pero la (amarga) verdad es que cuando Gaza no dispara misiles sobre Israel, nadie se preocupa por ella. Obsérvese la suerte del líder palestino que dijo basta a la violencia. Israel hizo todo lo que pudo para destruir a Mahmoud Abbas. ¿La deprimente conclusión? Sólo la fuerza funciona.

La actual guerra es una guerra por elección. Una elección que hicimos. Es cierto que, después de que Hamas empezó a disparar cohetes, Israel tenía que responder. Pero al contrario de lo que la propaganda israelí pretende vender, los cohetes no cayeron porque sí. Volvamos unos meses atrás: la ruptura de las negociaciones por parte de Israel; la guerra contra Hamas en la margen occidental del río Jordán, luego de la muerte de los tres estudiantes de la yeshivá, siendo que es dudoso que Hamas hubiera perpetrado ese hecho, incluyendo el arresto ilegal de 500 de sus activistas, el cese de los pagos de salarios a los trabajadores de Hamas en Gaza y la oposición Israelí al gobierno de unidad, que podría haber introducido a la organización dentro de la esfera política. Cualquiera que considere que todo esto podría ser fácilmente tolerado debe sufrir de ceguera, complacencia y arrogancia.


Terroríficas cantidades de sangre se están derramando en Gaza -y en Israel en menor medida. Pero se derrama en vano. Hamas está derrotada por Israel y humillada por Egipto. La única chance de una solución real es ir por la vía exactamente opuesta a la que va Israel. ¿Un puerto en Gaza para exportar sus excelentes frutillas? Para los israelíes eso suena como una herejía. Una vez más: la preferencia es por la sangre (palestina) por sobre las frutillas (palestinas).

sábado, 17 de mayo de 2014

Andrés Carrasco, el científico “politizado”


Artículo publicado en la edición de Página/12 del 17 de mayo de 2014

Link: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-246435-2014-05-17.html

Texto completo:

Andrés Carrasco, el científico “politizado”


Por Sara Rietti*, Erica Carrizo**,
Alicia Massarini*** y el Grupo Ciencia entre Todxs
En una época en la que los frecuentes cuestionamientos a las prioridades y orientaciones de la política científica y tecnológica argentina intentan ser descalificados e invisibilizados por el pensamiento hegemónico, reduciéndolos a categorías tales como “boicots esporádicos” o “argumentos carentes de fundamentación de base científica”, la figura de Andrés Carrasco pasó a jugar un papel decisivo que la historia encarna sólo en aquellos que se atreven a llevar al límite las contradicciones más profundas que nos atraviesan como sociedad.
Desde el seno de la comunidad científica, avalado por una larga trayectoria académica destacada e intachable, denunció tempranamente los efectos nocivos del glifosato, puestos en evidencia en condiciones experimentales, que confirmaron algunas de las consecuencias más siniestras que el actual modelo de producción agrícola, basado en la aplicación creciente de éste y otros agroquímicos, tiene reservada para los más vulnerables, para los invisibles, para los que enferman y mueren sin que nadie se haga cargo de su condición de víctimas. En 2009, Andrés decidió poner al servicio de los pueblos fumigados los resultados de su investigación, que él consideraba una pequeña contribución a su resistencia que debía ser entregada sin espera. Sin los largos procesos que involucran las publicaciones científicas, porque consideraba que su deber moral como científico y como médico era dar a conocer a los damnificados y a la sociedad toda, las evidencias de los daños que se estaban produciendo. A partir de ese momento, sería el blanco de una campaña de desprestigio sin precedentes en la historia de la ciencia nacional, que no cesó aun cuando los resultados fueron publicados en una prestigiosa revista científica internacional. La campaña tuvo como cómplices a funcionarios, empresarios y científicos que una vez más eligieron mirar para el costado o tomarlo como blanco de hostigamiento. Hubo desde amenazas, descalificación pública, intentos de juicios éticos, informes pretendidamente “científicos” sustentados en investigaciones financiadas por la propia multinacional Monsanto, hasta violentas emboscadas perpetradas por actores públicos involucrados en los agronegocios y medidas disciplinadoras, como las que el mismo Conicet ejecutó recientemente en su negativa a promocionarlo a la categoría de investigador superior, desconociendo su significativa contribución académica en la especialidad, ampliamente reconocida y legitimada por los mecanismos institucionalizados de la comunidad científica internacional.
Estos hechos ilustran con contundencia la inescrupulosa penalización que sin disimulo ejecuta la trama que hoy configuran el poder político, científico y económico hegemonizado por las grandes corporaciones, que se empeña en hipotecar el bienestar de las actuales y las futuras generaciones, exacerbando la lógica de un modelo de desarrollo neoextractivista profundamente desigual y devastador del territorio y de sus poblaciones. En una coyuntura histórica en la que nos toca contemplar cómo el prestigio de la ciencia es invocado y usufructuado hasta el ridículo en el afán de justificar con argumentos pretendidamente científicos, opciones ideológicas e intereses económicos de los actores sociales que detentan microespacios de poder, que sin duda poco tienen que ver con su pretendida objetividad y neutralidad.
Andrés Carrasco fue dueño de un estilo confrontativo, perspicaz e inclaudicable que sólo poseen los que tienen la valentía de desandar y sostener hasta sus últimas consecuencias, los caminos de la hegemonía. Hegemonía que Andrés decidió deslegitimar construyendo senderos alternativos que encabezó junto a ciudadanos comprometidos (científicos, periodistas, docentes, estudiantes, militantes, personas afectadas por el uso de agroquímicos, etc.), eligiendo una forma de estar en el mundo que desafiaba los mandatos de la Academia. Delineando incansablemente nuevos senderos, a través de un trabajo horizontal con las bases sociales, inabarcable e inaceptable dentro de los estrechos límites que la ciencia hegemónica traza para sus seguidores más disciplinados.
La ciencia de Andrés Carrasco logró remover y poner en evidencia los cimientos más consolidados de una ciencia hermética, elitista y descaradamente desligada de los problemas más perentorios de nuestro contexto social. La consecuencia más tangible de su desobediencia, que le valió la categoría de “científico hereje”, fue poner en evidencia los rudos condicionantes que actualmente impiden que esta ciencia dogmática y mercantil pueda experimentar un verdadero proceso de politización, o en otras palabras, que sin desvirtuar la especificidad de sus conocimientos y la naturaleza de sus productos, sea capaz de reflexionar acerca sus sentidos y repensarse al servicio de las necesidades del pueblo.
Su legado nos exige, por sobre todas las cosas, la responsabilidad de continuar la lucha que inició por esa “ciencia politizada”, que hoy y siempre, le tendrá reservado el lugar privilegiado de los que no callan.
* Doctora en Química. QQ Doctora en Ciencias Biológicas.

*** Magister. Especialistas en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología, UBA.

sábado, 10 de mayo de 2014

Hasta siempre Andrés Carrasco


Transcribimos una nota de Darío Aranda para LaVaca.org

Andrés Carrasco, científico y militante: gracias




Falleció Andrés Carrasco, el científico que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones.
Andres Carrasco
En una de sus visitas a nuestra Cátedra Autónoma de Comunicación Social, el científico Andrés Carrasco contó cómo decidió divulgar su investigación sobre los efectos letales del glifosato.: estaba en el sur, pescando, solo, disfrutando la belleza de esa postal natural, sabía que lo que había comprobado era esencial y sintió que el perfecto silencio que lo rodeaba era un grito inmenso. “Hacé algo”. Para hacerlo solo necesitaba encontrar “un periodista serio y decente”. Y llamó, desde ahí mismo, a Darío Aranda. Él es quien lo despide en estas líneas que eligió publicar en lavaca. Doble honor, que nos obliga y compromete aún más a seguir siendo dignos de ello y de ellos.
Por Darío Aranda.
“Soy investigador del Conicet y estudié el impacto del glifosato en embriones. Quisiera que vea el trabajo”.
Fue lo primero que se escuchó del otro lado del teléfono.
Era 2009 y aún estaba latente el conflicto por la Resolución N°125. Página12 había dado amplia cobertura a las consecuencias del modelo agropecuario y este periodista había escrito sobre los efectos las fumigaciones con agroquímicos.
El llamado generó desconfianza. No conocía al interlocutor. ¿Por qué me llamaba?
El científico avanzó en la presentación. “Mi nombre es Andrés Carrasco, fui presidente del Conicet y soy jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA. Le dejo mis datos”.
Nunca había escuchado su nombre. Nunca había escrito sobre científicos y el Conicet me sonaba como un sello.
Llamados al diario y preguntas a colegas. Todos confirmaron que era un científico reconocido, treinta años de carrera, con descubrimientos muy importantes en la década del 80 y trabajo constante en los 90, cuando se enfrentó al menemismo.
Hice la nota.
Su investigación fue la tapa del diario, (abril de 2009). La noticia: el glifosato, el químico pilar del modelo sojero, era devastador en embriones anfibios. Nada volvió a ser igual. Organizaciones sociales, campesinos, familias fumigadas y activistas tomaron el trabajo e Carrasco como una prueba de lo que vivían en el territorio.
“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir él. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia.
También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas.
Barañao desacreditó el trabajo y defendió al glifosato (y al modelo agropecuario). Y no dejó de hacerlo en cuanto micrófono se acercara. Incluso cuestionó el trabajo de Carrasco en encuentros de Aapresid (empresarios del agro) y, sobre todo, en el Conicet.
Carrasco no se callaba: “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”.
Los diarios Clarín y La Nación lanzaron una campaña en su contra. No podían permitir que un reconocido científico cuestionara el agronegocio. Llegaron a decir que la investigación no existía y que era una operación del gobierno para prohibir el glifosato, una represalia por la fallida 125. Carrasco se enojaba. “Si hay alguien que no quiere tocar el modelo sojero es el gobierno”, resumió café mediante en el microcentro porteño. Pero Carrasco era funcionario del gobierno: Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa. Le pidieron que bajase el tono de las críticas al glifosato y al modelo agropecuario. No lo hizo. Renunció.

Carrasco en la Mu de marzo 2014

El silencio no es salud

Empresas, funcionarios y científicos lo habían acusado de no publicar su trabajo de glifosato en una revista científica, sino en un diario. Se reía y retrucaba: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que sólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”.
Era calentón Carrasco. Se enojaba, discutía a muerte, pero luego tiraba algún comentario para distender.
Nos solíamos ver en un café antiguo cerca de Constitución. Él era habitué. Charlaba con las mozas y debatía de política con el dueño.
Café mediante, le pregunté por qué se metió en semejante baile. Ya era un científico reconocido en su ámbito y no necesitaba dar prueba de nada. Tenía mucho por perder en el mundo científico actual. Me explicó que lo había conmovido el sufrimiento de las Madres del Barrio Ituzaingó de Córdoba. Y que no podía permanecer indiferente. También lamentó que el Conicet estuviera al servicio de las corporaciones. Denunció acuerdos (incluso premios) entre Monsanto y Barrick Gold con el Conicet. Se indignaba. “La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de multinacionales”, disparaba.

Ética

En 4 de mayo de 2009, el ministro Barañao envió un correo electrónico a Otilia Vainstok, coordinadora del Comité Nacional de Ética en la Ciencia y Tecnología (Cecte). En un hecho sin precedentes, Barañao aportaba bibliografía de Monsanto y pedía que evalúen a Carrasco. Nunca había pasado algo similar. La mayor autoridad de ciencia de Argentina pedía una evaluación ética por un investigar que había cuestionado al químico pilar del modelo agropecuario.
Barañao quería la cabeza de Carrasco.
Vainstok envió un correo electrónico el mismo lunes 4 de mayo,,con copia a los nueve integrantes del Comité de Ética. Decía así:
“Estimados colegas, esta tarde he recibido un pedido de que el Cecte considere las expresiones vertidas en artículos periodísticos por Andrés Carrasco con motivo de su investigación de los efectos del glifosato en embriones de anfibios. Adjunto también la bibliografía aportada por Lino Barañao, la entrevista a Carrasco y la entrevista al Ministro Barañao que sacó Clarín”.
El mail se filtró a la prensa. Y Carrasco se enteró de la operación de Barañao y Vainstok. El escándalo hubiera sido enorme. El Comité de Ética reculó y no juzgó a Carrasco, pero el camino estaba marcado.

Los de abajo

En agosto de 2010, en Chaco, estaba por dar una charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron lincharlo. Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo.
Ese mismo agosto, la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) publicó la investigación de Carrasco. Lo que había sido un pedido-chicana de sus detractores, no sirvió para calmar las críticas. Continuó la difamación de los defensores del agronegocios. Pero fue un triunfo para los pueblos fumigados, las Madres de Ituzaingó y las asambleas en lucha. Y Carrasco comenzó a tejer diálogos con otros investigadores, de bajo perfil. Sentía particularmente respeto y cariño por jóvenes investigadores de Universidad de Río Cuarto y de la Facultad de Ciencias Médica de Rosario. Solía mencionarlos en las charlas y los señalaba como el “futuro digno” de la ciencia argentina.

Otro veneno

Solíamos cruzarnos en encuentros contra el extractivismo. Y periódicamente nos enviábamos correos con información del modelo agropecuario, alguna nueva investigación, viajes suyos a Europa para contar sobre su investigación, el juicio de las Madres de Ituzaingó, la nueva soja aprobada por el gobierno, los nuevos químicos. Un día recibí uno de sus mensajesl. “Hay un nuevo veneno”, fue el asunto de un mail. Alertaba sobre el glufosinato de amonio y lo mencionaba como posible sucesor del glifosato: “El glufosinato en animales se ha revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones y muerte celular en el cerebro. Con claros efectos teratogénicos (malformaciones en embriones). Todos indicios de un serio compromiso del desarrollo normal”, precisaba. Y recordaba que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detalló en 2005 los peligros del químico para la salud y el ambiente. Destacó que desde 2011 el Ministerio de Agricultura había aprobado diez eventos transgénicos de maíz y soja de las empresas Bayer, Monsanto y Syngenta. Cinco de esas semillas fueron aprobados para utilizar glifosato y glufosinato.

¿Para qué y para quién investigan?

Otra tarde le envíe un correo electrónico contando de investigadores que confirmaron lo mismo que él, pero en sapos (muchas veces llaman los “canarios de la mina” porque pueden anunciar lo que le sucederá a humanos. Los investigadores tenían miedo a hablar, por las posibles represalias. De inmediato me llamó por teléfono. Fue tajante: “No quiero saber quiénes son. Sólo quiero que le preguntes para qué mierda investigan, si para criar sapos o para cuidar al pueblo que subsidia sus investigaciones. Preguntales eso por favor”. Y cortó.
Los investigadores nunca quisieron hablar y difundir masivamente sus trabajos.

Carrasco en Wikileaks

En marzo de 2011 se conoció que la embajada de Estados Unidos lo había investigado y había hecho lobby en favor de Monsanto. Documentos oficiales filtrados por Wikileaks confirmaban el hecho. “No esperaba algo así, aunque sabemos que estas corporaciones operan al más alto nivel, junto a ámbitos científicos que les realizan estudios a pedido, medios de comunicación que les lavan la imagen y sectores políticos que miran para otro lado. Estaban, y están, preocupados. Saben que no pueden esconder la realidad, los casos de cáncer y malformaciones se reiteran en todas las áreas con uso masivo de agrotóxicos”.

El otro Carrasco

En noviembre de 2013 le relaté que en Estación Camps (Entre Ríos) había entrevistado a una mujer que luchaba contra los agroquímicos. Era una trabajadora rural y ama de casa, muy humilde, que había enviudado. Su esposo era peón de campo, vivía rodeado de soja y fue fumigado periódicamente. Comenzó a enfermar, la piel se le desprendía y tuvo graves problemas respiratorios. Murió luego de una larga agonía. La mujer no tenía dudas de que habían sido los agroquímicos que llovían sobre la casa. Y los médicos tampoco tenía dudas, aunque se negaban a ponerlo por escrito. El nombre del trabajador rural víctima de los agroquímicos: Andrés Carrasco.
La viuda había escuchado en la radio sobre el científico homónimo de su marido y el glifosato. Y, entre llantos, contó que le daba fuerzas saber que alguien con el mismo nombre que su esposo estaba luchando contra los químicos que le arrebataron al padre a sus hijos.
Le conté la historia por teléfono. El Carrasco científico se conmovió, no podía seguir hablando. Y confesó que solía arrepentirse de no haber investigado antes sobre el glifosato.

La última maniobra

A fin del año pasado me llamó para contarme la última maniobra del Conicet. Había solicitado la promoción a investigador superior y le fue negada. La cuestión iba mucho más allá de la promoción. Lo enojaba el ninguneo de los científicos empresarios y obedientes del poder. Lo habían evaluado dos personas que no conocían nada de su especialidad y otro que es parte de las empresas del agronegocios. Me envió su carta de reclamo al Conicet y relató en detalla la reunión con el Presidente de la Institución. Estaba seguro que era un nuevo pase de factura por lo que comenzó en 2009.
Y le dolía el silencio de académicos que respetaba, incluso de amigos de antaño de las ciencias sociales que le daban la espalda.
Le propuse un artículo periodístico e intentar publicarlo en Página12. Le tenía aprecio al diario, a pesar de que hacía tiempo habían dejado de darle espacio. Le avisé que pondría su versión de los hechos y la del Conicet y de Barañao. Me retruco rápido: “Te van a sacar cagando”.
Lo propuse al diario. Lo rechazaron sin la más mínima explicación. Cuando le avisé la negativa, ni se inmutó. Dijo que era previsible. “En estos años tuve un curso acelerado de lo que son los medios de comunicación”, resumió. Le respondí que estos años había aprendido que el Conicet no era para nada impoluto y que había demasiadas miserias en el mundo científico.
Reímos juntos.
Y me chicaneaba y recordaba que ahora éramos colegas. Tenía un programa en FM La Tribu donde nadie lo censuraba y daba gran protagonismo a las asambleas y organizaciones en lucha contra el extractivismo. El nombre del programa era todo un mensaje a sus enemigos: “Silencio cómplice”.
Quedamos en juntarnos a comer un asado y publicar la nota en medios amigos (la publicó lavaca en su periódico MU en marzo pasado).
Intenté para esa nota hablar con “la otra parte”. Barañao dijo que no tenía nada de qué hablar, desechó cualquier pregunta. El presidente del Conicet, Roberto Salvarezza, adujo problemas de agenda.

La última entrevista

Viajó a México al Tribunal Permanente de los Pueblos (tribunal ético internacional, de carácter no gubernamental que evalúa la violación de derechos humanos). Volvió a México en enero. Se descompuso y fue trasladado de urgencia. Lo operaron en Buenos Aires y tuvo largas semanas internado, débil. Cuando le dieron el alta, llamó a casa. “Zafé”, fue la primera palabra. Y de inmediato preguntó: “¿Qué sabés del bloqueo en Malvinas Argentinas (Córdoba, donde se frenó la instalación de una planta de Monsanto)? ¿La tiene difícil Monsanto?” Él había estado en setiembre de 2013 cuando comenzó el bloqueo. Me explicó que tenía para varias semanas de recuperación, pero cuando estuviera mejor quería que vayamos a Córdoba, a Malvinas Argentinas y también a visitar a las Madres de Ituzaingó. Lo dejamos como plan a futuro.
Hablamos sobre su situación en el Conicet. Le dolía la indiferencia de compañeros del mundo académico, sobre todo de las ciencias sociales. Le pregunté por qué no recurrir a las organizaciones sociales. Se opuso. Argumentó que ya demasiado tenían en sus luchas territoriales como para preocuparse por él. Se ofreció para una entrevista. La hicimos. Algunas citas:
  • “Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo”.
  • “El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones”.
  • “(Sobre la ciencia oficial) Habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron?”
  • “Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.
Sabía que la entrevista sería para un medio amigo, “no masivo”. Estaba contento, recuperando fuerzas, no iba a dar el brazo a torcer ante Barañao, Salvarezza, el establishment científico y las corporaciones del agro.
El 27 de marzo concurrió a Los Toldos, a una audiencia pública sobre agroquímicos. Estaba débil, pero no quiso faltar. Sucedió lo mismo en la Facultad de Medicina, en la Cátedra de Soberanía Alimentaria (el 7 de abril), donde habló de los alimentos transgénicos y los agroquímicos. No estaba bien, andaba dolorido, pero no quiso faltar. Entendía esos espacios como lugares de lucha, donde debía explicar los efectos de los agroquímicos. Solía decir que se lo debía a las víctimas del modelo.
Al fines de abril avisó por correo electrónico que lo habían vuelto a internar. Esperaba que sea algo rápido. Quería volver a su casa, recuperarse y hacer el viaje pendiente a Córdoba, al acampe contra Monsanto.

Su legado

Fui testigo de sus últimos seis años. Tiempo en el que decidió alejarse del establishment científico que vive encerrado en laboratorios y sólo preocupado por publicaciones que sólo leen ellos.Se transformó en un referente hereje de la ciencia argentina. No tendrá despedidas en grandes medios, no habrá palabras de ocasión de funcionarios ni habrá actos de homenaje en instituciones académicas.
Andrés Carrasco optó por otro camino: cuestionar un modelo de corporaciones y gobiernos y decidió caminar junto a campesinos, madres fumigadas, pueblos en lucha. No había asamblea en donde no se lo nombrara.
No existe papers, revista científica ni congreso académico que habilite a entrar donde él ingresó, a fuerza de compromiso con el pueblo: Andrés Carrasco ya tiene un lugar en la historia viva de los que luchan.
Nos queda, entonces, saldar con él una enorme deuda: la de decirle gracias.
Nos vemos en la lucha.

Última entrevista

Ciencia transgénica

El científico que confirmó los efectos perjudiciales del glifosato denuncia al Conicet y al Ministerio de Ciencia. Afirma una saga de hostigamientos por denunciar el modelo agropecuario. El rol de los científicos, funcionarios y corporaciones.
Por Darío Aranda
Publicada en el periódico CTA de mayo.
El embriólogo molecular Andrés Carrasco marcó un quiebre en la discusión sobre el modelo agrario argentino. Con un largo recorrido en el ámbito científico, Carrasco confirmó en 2009 los efectos del glifosato (agroquímico pilar del modelo sojero) en embriones anfibios. Y ya nada volvió a ser igual. Los cientos de pueblos fumigados y organizaciones sociales tuvieron una prueba más para sus denuncias. Para Carrasco también fue un punto de quiebre. Comenzó a recorrer el país (desde universidad hasta escuelas, desde congresos científicos hasta clubes de barrio) dando cuenta de su estudio. Y comenzó a ser mala palabra en el mundo científico ligado al agronegocios. La última estocada provino del Conicet (el mayor ámbito de ciencia de Argentina): Carrasco denunció por persecución ideológica al presidente del organismo, Roberto Salvarezza, y al ministro de Ciencia, Lino Barañao.
El ministro Barañao había realizado en 2009 un inusual pedido de revisión “ética” al Conicet respecto al accionar de Carrasco. Sobrevino una censura en la Feria del Libro de 2010, difamaciones públicas y, el último hecho, la negación de la promoción con un dictamen que Carrasco evalúa como “plagado de irregularidades” y con evaluadores insólitos: una especialista en filosofía budista y un reconocido científico ligado a las empresas del agronegocios.
Ciencia, investigadores, corporaciones y gobiernos.
-¿Qué sucedió en el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas)?
-Soy investigador principal y me presenté a investigador superior, que es la máxima categoría de un investigador. Es un concurso donde uno presenta todos los antecedentes de la carrera científica. El Conicet lo somete a una comisión especial, formada por un grupo de personas. Una parte, dos o tres, son miembros informantes, que revisan antecedentes del candidato. Luego lo informan al resto de la comisión en un dictamen, que la comisión aprueba o desaprueba.
-¿Qué implica la promoción?
-Implica fundamentalmente el reconocimiento o una carrera en la que uno viene escalando posiciones. Se analiza todos los méritos y trayectoria del candidato. También implica una mejora salarial, pero fundamentalmente un reconocimiento a la carrera.
-¿Por qué rechazan su promoción?
-Apelan a una serie de argucias retoricas. Hicieron una evaluación cuantitativa y no cualitativa. Y alguna de las contribuciones más importantes mías sólo las describen, no las evalúan, no presentan argumentos serios de la contribución del trabajo, sólo miden cuantitativamente. Dicen que no es suficiente, deducen que en mi caso no tengo experiencia internacional suficiente. Además de decir que hubo interrupciones en mi tarea porque desempeñé tareas de gestión (dos años presidente de, justamente, el Conicet y otro tanto Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa). Es insólito porque reconocen que estuve en cargos de gestión y por otro lado dicen que durante esos años no hubo producción, pero saben que tuve licencia sin goce de sueldo con cargo de mayor jerarquía.
-¿Qué es lo que no evaluaron?
-No evalúan seriamente nada. Dicen que fui primer autor o segundo autor (en las investigaciones firmados por grupos de trabajo, con varios autores), pero ni siquiera dicen qué es lo que se investigó. En la década del 80 realizamos una serie de publicaciones que fueron muy relevantes en el mundo científico. No hacen mención y se limitan a decir si firmé primero, segundo o tercero. Y no hay ninguna valoración sobre todo el resto, ni se refieren a los temas sobre lo que uno trabajó durante años. Hay mucha producción científica que que no fue valorada. Del dictamen se evidencia que no hubo valoración cualitativa, no pusieron en relevancia los impactos de las investigaciones, no señalan si fue novedoso y si contribuyó en la disciplina.
-¿Esa forma de evaluación es regla de la ciencia o es particular de este caso?
-Lo que corresponde que se haga es un análisis real del contenido de la carrera científica, no medirlo en términos de números. No se trata de ver cuántos papeles tenemos acumulados, usar una balanza y ver cuántos kilos pesa la producción científica de uno. Así evalúan hoy.
-¿Usted apunta a quiénes lo evaluaron?
-El dictamen es lavado, sin argumentación, y tiene relación con los evaluadores. Una profesora de filosofía hindú (Carmen Dragonetti), que debe ser muy buena en lo suyo pero que no sabe nada de embriología. Un experto en zoología (Demetrio Boltoskoy) que no conoce de embriología. Y uno de los evaluadores que está relacionado íntimamente con la industria transgénica y la promoción del agronegocios (Néstor Carrillo). Hay conflictos de intereses y, por otro lado, no hay consistencia con el tema que los ocupa. Debieran haberse excusado y no lo hicieron.
Carrillo ha tenido manifestaciones públicas contrarias a las críticas al agronegocios, está vinculado científicamente a empresas como Monsanto a través de Bioceres, es un convencido de la tecnología transgénica, que mantiene estrechos contactos con Federico Trucco (CEO de Indear y consecuente descalificador de la idoneidad científica de Carrasco) y con Aapresid (empresarios del agronegocios).
-¿Es común que evalúen informantes que no manejan el tema?
-Tienen que tener una idea qué se está evaluando, debiera ser gente que conozca la disciplina.
-¿Evalúan su trabajo sobre glifosato?
-Apenas lo mencionan. Dan cuenta del número de menciones internacionales pero ponen mucho menos de las que tuvo. Y hacen como que no tuvo impacto. Miden el impacto con un número erróneo y no discuten el contenido del trabajo. Mal que les pese, el trabajo sobre glifosato tuvo impacto en muchos lugares del mundo y lo debieron considerar.
-¿Qué le dijo el Presidente del Conicet?
-La respuesta fue que él no sabia lo que había pasado.
-¿Pero él lo firmó?
-Sí. Claro.
-¿Y no sabía?
-Él dice eso. Que no sabía. Quizá firma cosas que no conoce… la decisión de darle la promoción o no se discute en reunión de directorio… todo el directorio sabía. Desligó su responsabilidad y minimizó, no negó, lo que plantee sobre la evaluación teñida de conflictos de intereses y animosidad manifiesta.
-¿Habrá una nueva evaluación?
-No lo sé. Lo solicité por escrito el año pasado y aún no me respondieron.
-¿Por qué hace público este hecho?
-Porque siempre he sido partícipe que los actos de Estado que benefician o perjudican a personas deben ser públicos. Y segundo porque desde 2009 han pasado cinco años y el Conicet ha tenido momentos de hostigamiento hacia mí. Corresponde denunciar esa saga, me parece que es importante hacerlo público. Se suele acostumbrar mucho a no discutir por temor a los palazos, pero hay que discutir aunque la institución sea injusta. Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.

Glifosato

-¿Interpreta como un pase factura por el trabajo sobre glifosato?
-Sin dudas que es un pase de factura por el glifosato. Hay que recordar que el Conicet no fue neutral en ese momento.
-¿Por qué?
-Cuando di a conocer las consecuencias del glifosato, desde el Conicet armaron una comisión para contestar lo que yo había dicho. También me prohibieron la asistencia a una Feria del Libro para hablar del tema. Y el ministro Lino Barañao pidió una comisión de ética para juzgarme. Todo lo menciono en mi apelación al Conicet.
-¿Negarle la promoción es un mensaje para otros científicos?
-No creo que sea desconocido por el sector científico, donde hay pocos que están dispuestos a hablar claramente de estas cosas.
-¿Por qué?
-Por estas señales disciplinadoras. Hay una situación con gente que dicen “con esto no me meto porque viene la represalia, pierdo el subsidio, pierdo el becario”. Pero creo que no hay que tener miedo a las posible represalias. Si uno toma una decisión científica en su carrera que va contra la institución o si no quiere participar de la linea de la institución, debe tener lugar. La institución debe ser amplia, para todos, para los que quieren hacerse empresarios científicos y quienes solo somos investigadores.
-¿Qué responsabilidad le cabe al Presidente del Conicet y al ministro Barañao?
-Al Presidente (Roberto Salvarezza) le cabe toda la responsabilidad de haber firmado la resolución que niega mi promoción. Ni siquiera echó una mirada sobre cómo fue el procedimiento. Él sabe que al firmar convalidó la injusticia. Y Barañao… es sabida su animosidad manifiesta para conmigo. Hay una bajada de línea, sus hechos y dichos públicos haciendo juicio de valor sobre la investigación del glifosato. Tanto en medios públicos, televisión, radio incluso en charlas publicadas, hubo una reunión pública de Aapresid en Rosario donde habló de manera despectiva de mi trabajo. Si un ministro hace juicio de valor sobre la actividad científica de un investigador, el Ministro me atacó personalmente a mí y mi grupo por nuestro trabajo.
-¿Por qué?
-Lo hizo en un reunión de Aapresid. Dijo “el problema Carraco se termina dentro de una semana”. Porque iba a salir un informe del Conicet sobre glifosato y finalmente no lo pudieron hacer público porque era impublicable. Cuando un ministro dice ese tipo de cosas, siempre hay discípulos dispuestos a hacerle caso al ministro. Y si le cae en la mano una evaluación harán lo posible para dejar contento al ministro. Prácticas de revanchas, venganzas, pequeñeces, son comunes en el Conicet.
-Para muchas organizaciones que luchan en el territorio fue un punto de inflexión su trabajo de 2009. Es extraño que un científico que se involucre en luchas actuales.
-Creo que la investigación de 2009 contribuyó a dar impulso a muchos grupos de colegas que trabajan de manera similar. Y siempre me sentí muy acompañado por la sociedad civil. Me resulta difícil medir el impacto en la gente, pero sí coincido que no es común que un científico salga de la mera investigación de laboratorio para preocuparse y ocuparse por algo que sucede en los territorios. Sirvió para sumarse a una discusión actual, que afecta a la población, y contribuir a una discusión de ese tipo, creo que es lo que todo científico pretende. Y creo que también ha servido para mostrar limitaciones y defectos de la ciencia actual. He visto que muchos colegas legitiman a partir de la mentira. Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo.

Conicet

-Para los ajenos al mundo científico el Conicet pareciera un sello impoluto, de excelencia. Y al mismo tiempo legitimador de discursos sociales, políticos, periodísticos. Usted fue presidente del Conicet. ¿Cómo funciona?
-El Conicet no es para nada impoluto. Estuve dos años al frente del directorio. Tenía muchísimos problemas de estos todo el tiempo, que teníamos que corregir. Yo mismo he tenido casos en los que tuve que rechazar dictámenes injustos y hasta intervine la junta de calificaciones. El Conicet está marcado por la situación política del momento, seriamente cruzado por internas políticas y las legitimaciones del momento. La institución no garantiza los derechos a ser evaluados de manera correcta y el mayor grado de objetividad posible. No debería nunca estar Néstor Carrillo evaluando mi trabajo, lo pusieron a propósito.
-¿Qué rol juegan las empresas?
-El Conicet tiene representantes de las provincias, de la ciencia, de universidades y de la industria y del agro, como dos grandes sectores económicos. Estos últimos son representes propuestos por las corporaciones.
-¿Cómo repercute el rol del sector privado?
-El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones, modelos de hacer ciencia que implica un profundo y progresiva asociación con la industria. Ellos promueven un modelo de investigadores al servicio de empresas, de patentes, de formación científica con transferencia al sector privado. Ha llegado a tanto esa vinculación que el Conicet ha inventado un sistema de evaluación distinto para los investigadores que trabajan con las empresas.
-¿Cómo una evaluación distinta?
-Un sistema que implica que el investigador puede trabajar para una empresa y no es evaluado mientras participa de proyectos de empresas, pero siempre como investigador del Conicet. Si decide dejar la empresa, vuelve a ser evaluado como todos nosotros. Todo investigador debe publicar, enviar sus trabajos a revistas, poner en discusión sus trabajos. Los investigadores del Conicet que trabajan para empresas no está sometidos a estas evaluaciones. En esos casos el Conicet funciona como proveedor de recursos humanos de las empresas.
-Si usted hubiera investigado en favor de empresas del agro…
-De seguro el Conicet me daba todas las promociones que pedía. Muchos de los promovidos por el Conicet están encolumnados con esta lógica institucional de privatizar la producción de conocimiento científico. Ese tipo de investigadores está prestigiado por el Conicet. Y se mira mal a quien no se encolumna en esa forma de entender la ciencia. Y mucho peor si se los confronta. El Conicet alienta o cuestiona a investigadores según qué investigue. Si cuestionás el modelo te puede negar subsidios, te saca becarios, te evalúa de manera arbitraria.
-¿Cómo se puede comprobar la vinculación del Conicet con el mundo empresario del agronegocios?
-Es pública la vinculación. Se promueven investigaciones de transgénicos con total financiamiento público del Conicet, se financia a la empresa Bioceres, donde está Gustavo Grobocopatel. Se financió el polo tecnológico de transgénicos en Rosario para desarrollo de semillas, trabajan junto a Aapresid (empresarios que introdujeron los transgénicos en asociación con las multinacionales del sector). El Conicet lleva adelante una política en favor de una determinada tendencia tecnológica y además participa de los negocios que surgen de esa confluencia con el agronegocios. No lo esconden. Están orgullosos del modelo de ciencia que hacen.
-El discurso, no sólo del Gobierno, es que se ha invertido mucho en ciencia y técnica en estos años.
-Es cierto. Pero habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron? Hay un claro vuelco de la ciencia para el sector privado y el Conicet promueve esa lógica. En lo 90 estaba mal visto. Muchos hicieron la vida imposible al menemismo para que esto no pasara y hoy aplauden de pie que la ciencia argentina sea proveedora de las corporaciones.

Decí Mu con Andrés Carrasco: ¿La felicidad puede ser un tema político? Pistas para bajarse de la globalización

¿Qué son el progreso y la globalización? ¿Cómo actúa la ciencia frente a los problemas del presente? ¿De qué modo la felicidad puede ser un concepto político, y no una mala palabra para académicos y economistas? El científico Andrés Carrasco investigó los efectos de los agrotóxicos en la salud, como director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, con lo cual no ha sumado amigos entre los poderes corporativos y políticos. En qué consiste el pensamiento crítico más allá de las “disneylandias” científicas y de consumo. El estado de ánimo y la dignidad de las personas como elementos para crear otras políticas. Y qué es bajarse de la globalización.