viernes, 30 de enero de 2009

Las medias verdades también son mentiras

En la edición de Página 12 del 29 de enero de 2009, se publicó un comentario de opinión de Marcelo Birmajer, relacionado con un artículo de Rubén Dri, publicado el 26 de enero de 2009, en contrapunto con otro del Rabino Baruj Plavnick. Los tres artículos se adjuntan aquí, y se puede acceder a ellos clickeando en los vínculos que aparecen a continuación:

"Página/12 :: El mundo :: Comencemos por la verdad"

"Página/12 :: El mundo :: El rompecabezas de Medio Oriente">

No es intención de estas reflexiones hacer un comentario de los tres artículos mencionados, en sus aspectos fundamentales, ni expresar acuerdo o desacuerdo con ellos. De hecho, como le sucederá seguramente a cualquier lector, todos ellos tienen puntos con los que uno puede acordar y otros con los que no.

Pero lo que llama la atención del comentario de Birmajer, es la falta de coherencia entre el título de sus reflexiones, es decir una exhortación a "la verdad", y el contenido de las mismas, sobre el cual lo mínimo que cabe decir es que se refieren, en el mejor de los casos, a una parte de la verdad.

No hablamos de "la versión judía" de la historia. No es que el "pecado" de Birmajer sea, como el de la mayoría de los judíos de todo el mundo, que cuando nos referimos al conflicto árabe israelí tomamos sólo una parte de la historia. Al fin y al cabo eso es normal, aunque no sea correcto.

Es necesario reconocer, de entrada, que en ninguna cuestión existe "la verdad".

"La verdad" se construye con recursos de poder: económicos, culturales, militares, comunicacionales, y cualquier observador que está inmerso en la realidad que resulta observada, la interpreta siempre con la influencia de quienes cuentan con esos recursos y los ponen en juego. De ahí la dificultad para ser "objetivo".

Birmajer critica a Dri básicamente por dos falsedades en uno de sus párrafos: 1) que el Estado de Israel surgió en 1948 con el apoyo de las potencias de occidente, y 2) que la población nativa, es decir los palestinos, fueron expulsados y masacrados por los recién venidos con el apoyo de la maquinaria bélica de Estados Unidos.

Tiene razón Birmajer en cuanto a estos dos puntos: en 1948 el apoyo del "bloque del este" al nacimiento del Estado de Israel fue mucho más claro que el apoyo del campo "occidental", y también es cierto que la mayor parte del armamento con el que las fuerzas isaelíes libraron la guerra del 48 procedían del bloque socialista.

Los judíos no eran recién llegados a Palestina en 1948. La inmigración ilegal judía a Palestina data de mucho tiempo atrás, y fue combatida por medios represivos por los imperios dominantes en la zona: el imperio Otomano primero y el imperio Británico después.

En todo esto tiene razón Birmajer. Ahora bien, ¿cuál es el juicio de valor que se desprende de sus comentarios?

Que los judíos no fueran recién llegados en 1948, ¿elimina la existencia de la población nativa?

Que los judíos se hubieran enfrentado a turcos y británicos para instalarse en sus territorios coloniales, ¿justifica cualquier cosa que pudiera ocurrirle a la población no colonizadora que residía en ese territorio antes de su llegada?

Que el campo socialista fuera el principal apoyo político y militar del Estado de Israel en 1948, en lugar del campo occidental, ¿justifica las expulsiones y masacres de la población local?

El drama histórico que enfrenta a palestinos e israelíes en medio oriente, está basado en el hecho de que hay dos pueblos que disputan un mismo territorio. Reclamar "la verdad" en este asunto ¿no es acaso empezar por reconocer este hecho elemental?

Quienes somos judíos nunca empezamos por esta verdad. Siempre empezamos por otras "verdades". Por el holocausto. Por los misiles Qassam. Por los gloriosos reinados del Rey David o del Rey Salomón. O por la injusticia que significó la dispersión de los judíos bajo el imperio romano, luego de años de resistencia, tal como lo plasmó Flavio Josefo en su obra "La Guerra de los Judíos". O por el hecho de que varios estados árabes ya constituidos declararan una guerra contra el pequeño estado judío recién nacido en 1948. Podríamos decir muchas cosas, todas ellas "verdades".

Pero estas verdades a medias, ¿no son acaso grandes mentiras si no empezamos por decir que en los años anteriores y posteriores a 1948 ese territorio estaba habitado mayoritariamente por población árabe?

Mediante medios pacíficos (la compra) pero también mediante la fuerza, sobre todo después de 1948, se expulsó a esa población del territorio que la Resolución de las Naciones Unidas otorgó al estado judío. Esto también es verdad.

¿Es que los judíos, en el siglo XXI, vamos a seguir repitiendo que allí no había nadie? ¿Que se trató de "una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra"?

¿Cómo habrán surgido, en ese caso, los "refugiados palestinos"? ¿Se tratará de gente que se fue de su tierra y se dedicó a vivir en campos de refugiados por gusto, por odio racial, o por simpatía con grupos terroristas?

Todas estas teorías no resisten el análisis más elemental, pero no será "occidente" quien se lo diga a Israel. Si lo dicen los árabes, los judíos no escuchamos. Entonces somos los judíos de todo el mundo los que tenemos que decirlo. Tal vez ese sea el rol que nos cabe en este asunto, si queremos promover la paz y el entendimiento.

Al fin de cuentas, es el único rol que podemos cumplir si queremos que el Estado de Israel siga existiendo, porque ¿cuánto tiempo podrá existir ese estado sin un entendimiento con los habitantes originarios y con sus vecinos?

Comencemos por la verdad, aunque la verdad, muchas veces, sea dolorosa.

jueves, 15 de enero de 2009

¿Cuántos regimientos tiene la gente de conciencia?

Aquellos que ingresen a la página de Uri Avnery a través del link que hay en este blog, podran leer su última columna semanal en inglés.

A continuación se transcribe la traducción.

¿Cuántas divisiones?

por Uri Avnery

10/01/09

Hace CASI SETENTA AÑOS, en el curso de la Segunda Guerra Mundial, un crimen atroz fue cometido en la ciudad de Leningrado. Durante más de mil días, una banda de extremistas llamados “ejército rojo” tomó como rehenes a millones de habitantes de la ciudad y provocó la represalia de la Wehrmacht alemana sobre los centros de la población. Los alemanes no tenían otra alternativa que bombardear a la población e imponer un bloqueo total, lo que causó la muerte de centenares de miles de personas.

Poco antes, un crimen similar fue cometido en Inglaterra. La banda de Churchill se ocultó entre la población de Londres, utilizando a millones de ciudadanos como escudo humano. Eso obligó a los alemanes a que enviaran su Luftwaffe y redujeran la ciudad a ruinas. Se llamó “el Blitz”.

Ésta es la descripción que ahora aparecería en los libros de historia si los alemanes hubieran ganado la guerra.

¿Absurdo? No más que las descripciones diarias en nuestros medios, que repiten hasta la náusea la consigna: los terroristas de Hamas utilizan a habitantes de Gaza como “rehenes” y explotan a las mujeres y a niños como “protectores humanos”, ellos no nos dejan otra alternativa fuera de los bombardeos masivos, en los cuales, con profundo dolor de nuestra parte, mueren o son heridos miles de hombres, mujeres y niños desarmados.

EN ESTA GUERRA, como en cualquier guerra moderna, la propaganda desempeña un papel importante. La disparidad de fuerzas entre el ejército israelí, con sus aeroplanos, helicópteros, buques de guerra, artillería y tanques, y los pocos miles de combatientes escasamente armados de Hamas, es de uno a mil, quizás uno a millón. En el terreno político el abismo entre ellos es incluso más ancho. Pero en la guerra de la propaganda, la brecha es casi infinita.

Casi todos los medios occidentales repitieron inicialmente el libreto israelí oficial. Ignoraron casi por completo el lado palestino de la historia, por no mencionar a las demostraciones diarias del campo israelí de la paz. La racionalidad del análisis del gobierno israelí (“el estado debe defender a sus ciudadanos contra los cohetes Qassam”) se ha aceptado como la única verdad. La visión desde el otro lado, de que los Qassams son una respuesta por el sitio a una población de un millón y medio de habitantes que mueren de hambre en la franja de Gaza, no fue siquiera mencionada.

Solamente cuando las horribles escenas de Gaza comenzaron a aparecer en las pantallas occidentales de la TV, la opinión pública mundial comenzó gradualmente a cambiar. En realidad, los canales de TV occidentales e israelíes mostraron solamente una fracción minúscula de los acontecimientos terribles que aparecen 24 por día en el canal árabe de Aljazeera, pero una foto de un bebé muerto en los brazos de su padre aterrorizado es más poderosa que mil declaraciones elegantes del portavoz israelí del ejército. Y eso es lo decisivo al final.

La guerra - toda guerra - es el reino de la mentira. En materia de propaganda, también llamada guerra psicológica, todos aceptan que es correcto mentir para su país. Cualquier persona que diga la verdad corre el riesgo de ser calificado de traidor. El problema es que la propaganda es muy convincente para el propagandista mismo. Y si usted se convence de que una mentira es verdad y que la falsificación es la realidad, entonces ya no puede tomar decisiones racionales.

Un ejemplo de este proceso aparece en torno a la atrocidad más impactante de esta guerra hasta ahora: el bombardeo de la escuela de la O.N.U Fakhura en el campo del refugiados de Jabaliya. Inmediatamente después que el incidente se conoció en todo el mundo, el ejército “reveló” que los combatientes de Hamas habían disparado morteros cerca de la entrada de la escuela. Como prueba de ello exhibió una foto aérea que mostraba de hecho la escuela y el mortero. Pero al poco tiempo el oficial del ejército tuvo que admitir que la foto databa de más que un año atrás. En resumen: una falsificación. El oficial mentiroso adujo después de que “habían tirado contra nuestros soldados desde dentro de la escuela”. Apenas había pasado un día cuando el ejército tuvo que admitir ante el personal de la O.N.U que también eso era falso. Nadie había tirado desde dentro de la escuela, no había combatientes de Hamas allí, sino que estaba colmada de refugiados aterrorizados.
Pero la admisión no causó ninguna diferencia. A esa altura, el público israelí estaba totalmente convencido de que “tiraron desde dentro de la escuela”, y los relatores de la TV narraron esto como un simple hecho más.

Lo mismo pasó con las otras atrocidades. Cada bebé se transformó, en el acto de morir, en un terrorista de Hamas. Cada mezquita bombardeada se convirtió inmediatamente en una base de Hamas, cada edificio de apartamentos en un escondite de armas, cada escuela en un puesto de comando, cada edificio del gobierno civil en un “símbolo del gobierno de Hamas”. Así el ejército israelí conservó su pureza como “el ejército más moral del mundo”.

LA VERDAD es que las atrocidades son un resultado directo del plan de la guerra. Esto refleja la personalidad de Ehud Barak - hombre cuya manera de pensar y de actuar constituyen una clara evidencia de “insanía moral”, un desorden sociopático.

El objetivo verdadero, (aparte de ganar bancas en las elecciones que vienen) es terminar con el mandato de Hamas en la franja de Gaza. En la imaginación de los planificadores, Hamas es un invasor que ha ganado el control de un país extranjero. La realidad es, por supuesto, enteramente diferente.

El movimiento de Hamas obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones eminentemente democráticas que tuvieron lugar en Cisjordania, Jerusalén oriental y la franja de Gaza. Ganó porque los palestinos habían llegado a la conclusión que el acercamiento pacífico de Fatah no había logrado nada de Israel - ni el congelamiento de los asentamientos, ni la liberación de los presos, ni algunos pasos significativos para terminar la ocupación y crear el estado palestino. Hamas se arraigó profundamente en la población - no sólo como movimiento de resistencia que lucha contra el ocupante extranjero, como el Irgún o el grupo Stern en el pasado - sino también como cuerpo político y religioso que proporciona servicios sociales, educativos y médicos.

Desde el punto de vista de la población, los combatientes de Hamas no son un cuerpo extranjero, sino los hijos de cada familia de la franja y de las otras regiones palestinas. “No se ocultan detrás de la población”, la población los ve como sus únicos defensores. Por lo tanto, toda la operación se basa en conclusiones erróneas. Convertir la vida en un infierno no hace que la población se rebele contra Hamas, sino que por el contrario, se une detrás de Hamas y refuerza su determinación de no rendirse. La población de Leningrado no se levantó contra Stalin, ni tampoco los londinenses se levantaron contra Churchill.

El que da la orden para una guerra con estos métodos en un área tan densamente poblada sabe que causará una matanza colosal de civiles. Eso al parecer no lo inmutó. O creyó que “cambiarían sus métodos” y les “quedaría grabado a fuego en sus memorias” de modo que en el futuro no se atreverían nunca más a resistir a Israel.

Una prioridad superior para los planificadores era la necesidad de reducir al mínimo las muertes entre los soldados propios, sabiendo que el humor de una parte importante de la población pro-guerra cambiaría cuando comenzaran a llegar los informes de soldados muertos. Eso es lo que sucedió en la primera y segunda guerras del Líbano.

Esta consideración desempeñó un papel especialmente importante porque la guerra entera es una parte de la campaña electoral . Ehud Barak, que creció en las encuestas en los primeros días de la guerra, sabía que se derrumbarían sus guarismos si las fotos de soldados muertos llenaran las pantallas de la TV. Por lo tanto, una nueva doctrina fue aplicada: evitar pérdidas entre nuestros soldados mediante la destrucción total en su trayectoria. Los planificadores no sólo estuvieron dispuestos a matar a 80 palestinos para ahorrar un soldado israelí, como ha sucedido, sino 800. Evitar muertes en nuestro lado es un mandamiento de aniquilación, que está causando números récord de víctimas civiles en el otro lado. Eso significa la opción consciente de una clase especialmente cruel de guerra - y ése ha sido su talón de Aquiles.

Una persona sin imaginación, como Barak (su lema de la elección: “No una persona agradable, sino un líder”) no puede imaginarse cómo la gente decente de todo el mundo reacciona frente a acciones como la matanza de familias enteras, la destrucción de casas sobre las cabezas de sus habitantes, las filas de niños y niñas en las lozas blancas listas para el entierro, los informes sobre la gente que se desangra hasta la muerte durante días porque no se permite a las ambulancias llegar, la matanza de médicos como un modo de ahorrar vidas, la matanza de los conductores de la O.N.U que traen alimento. Las imágenes de los hospitales, con los muertos y heridos tirados juntos en el piso ante la carencia de espacio, han provocado un shock. No hay argumento que valga al lado de una imagen de una pequeña muchacha herida tirada en el piso, retorciéndose de dolor y gritando: ¡“Mama! Mama!”

Los planificadores pensaron que podrían impedir que el mundo pudiera ver estas imágenes previniendo fuertemente la cobertura de prensa. Los periodistas israelíes, para su vergüenza, acordaron que bastaría con los informes y las fotos proporcionados por el portavoz del ejército, como si fueran noticias auténticas, mientras que ellos mismos quedaban a kilómetros de distancia de los acontecimientos. Tampoco se les permitió llegar a los periodistas extranjeros, hasta que protestaron y fueron llevados en viajes rápidos, en grupos seleccionados y supervisados. Pero en una guerra moderna, una visión manufacturada tan aséptica no puede excluir totalmente todo lo demás - las cámaras fotográficas están dentro de la franja, en el medio del infierno, y no pueden ser controladas. Aljazeera difunde las imágenes y llega a todos los hogares.

LA BATALLA por la imagen de la TV es una de las batallas decisivas de la guerra. Los centenares de millones de árabes de Mauritania a Iraq, más de mil millones de musulmanes de Nigeria a Indonesia observan las imagenes y se horrorizan. Esto tiene un impacto fuerte en la guerra. Muchos de los espectadores ven a los gobiernos de Egipto, de Jordania y de la autoridad palestina como colaboradores con Israel en estas atrocidades contra sus hermanos palestinos.
Los servicios de seguridad de los regímenes árabes están advirtiendo un fermento peligroso entre la gente. Hosny Mubarak, el líder árabe más expuesto debido a su cierre del cruce de Rafah a los refugiados aterrorizados, comenzó a ejercer presión sobre los responsables en Washington, que hasta entonces habían bloqueado todos los llamados a un alto el fuego. Éstos comenzaron a entender la amenaza para los intereses americanos vitales en el mundo árabe y cambiaron repentinamente su actitud - causando consternación entre los complacientes diplomáticos israelíes.

Personas con insanía moral no pueden realmente entender los motivos de las personas normales y deben imaginar sus reacciones. “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” preguntó Stalin con desprecio. “¿Cuántas divisiones tiene la gente de conciencia?” puede que pregunte Ehud Barak.

Y sin embargo las tienen. No muy numerosas. No de muy rápida reacción. No muy fuertes ni organizadas. Pero en cierto momento, cuando desborden las atrocidades y las masas de manifestantes aparezcan, pueden decidir una guerra.

El error en la caracterización de la naturaleza de Hamas ha causado una equivocación en el establecimiento de objetivos alcanzables. No es sólo que Israel no sea capaz de ganar la guerra, sino que Hamas no puede perderla. Aunque el ejército israelí logre matar a cada combatiente de Hamas hasta el último, incluso entonces Hamas ganaría. Los combatientes de Hamas serían vistos como los ejemplos de la nación árabe, los héroes del pueblo palestino, modelos para la emulación de cada joven en el mundo árabe. Cisjordania caería en las manos de Hamas como una fruta madura, Fatah se ahogaría en un mar de desprecio, los regímenes árabes serían amenazados con derrumbarse.

Si la guerra termina con Hamas todavía activo, desangrado pero vigente, frente a la poderosa máquina militar israelí, parecerá una victoria fantástica, una victoria de la mente sobre la materia.

Lo que se quedará grabado a fuego para la consideración del mundo será la imagen de Israel como un monstruo manchado de sangre, listo en todo momento para cometer crímenes de guerra e incapaz de establecer límites morales a su accionar. Esto tendrá consecuencias severas para nuestro futuro a largo plazo, nuestra situación en el mundo, nuestra oportunidad de alcanzar la paz y la tranquilidad.

En el fondo, esta guerra es un crimen contra nosotros mismos también, un crimen contra el estado de Israel.

martes, 13 de enero de 2009

Cosas que se ven desde La Haya

En un nuevo artículo publicado en Haaretz, de Gideón Levy, se concluye tristemente que cuando se disipe el humo de los bombardeos, Israel pagará ante el mundo por sus crímenes de guerra. La traducción del artículo es la que sigue. Para leer el artículo en inglés desde la página de Haaretz hacer click en el título.

Cosas que uno ve desde La Haya

Por Gideon Levy

Cuando los cañones eventualmente queden en silencio, comenzará el tiempo de las preguntas y las investigaciones. Los hongos de nubes de humo y polvo se disiparán en el cielo negro, el fervor, la insensibilidad y el impulso de subirse a un tren en movimiento se olvidarán para siempre, y posiblemente veremos un claro panorama de Gaza en toda su crudeza. Veremos entonces el alcance de la matanza y la destrucción, los cementerios hacinados y los hospitales desbordados, los cientos de heridos y discapacitados físicos, las casas destruidas que quedarán después de esta guerra.

Las preguntas que se formularán, tan cautelosamente como sea posible, serán quién es culpable y quién es responsable. La exagerada voluntad del mundo de perdonar a Israel puede quebrarse esta vez. Los pilotos y artilleros, los equipos de tanques y los soldados de infantería, los generales y los miles a quienes embarcaron en esta guerra con su cuota de celo van a aprender la medida de la maldad y la naturaleza indiscriminada de sus ataques militares. Probablemente ellos no paguen ningún precio. Ellos fueron a la batalla, pero otros los enviaron.

El examen moral y judicial público será aplicado a los tres funcionarios de Israel que enviaron a las Fuerzas de Defensa de Israel a una guerra contra una población indefensa, que ni siquiera tenía un lugar donde refugiarse, en la que quizás sea la única guerra de la historia contra una franja de tierra encerrada por una valla. Ehud Olmert, Ehud Barak y Tzipi Livni estarán a la vanguardia de los culpables. Dos de ellos son candidatos a primer ministro. El otro es un candidato a la acusación penal.

Es inconcebible que ellos no rindan cuentas por el derramamiento de sangre. Olmert es el único primer ministro israelí que envió a su ejército a dos guerras por elección propia, durante uno de los más breves períodos de mandato. El hombre que hizo una serie de valientes declaraciones sobre la paz al final de su mandato ha orquestado nada menos que dos guerras. Hablando de la paz y haciendo la guerra, el “moderado” y “lúcido” primer ministro se reveló como uno de nuestros grandes fomentadores de la guerra. Así es como la historia lo recordará. Los crímenes de los “sobres de dinero” y las transgresiones de “Rishon Tours” lo harán parecer puro como la nieve en comparación.

Barak, el líder del partido de la izquierda, se hará cargo del costo de las fechorías de Tzahal bajo su tutela. Su cuenta será afectada por el bombardeo de los centros de población, los cientos de mujeres y niños muertos y heridos, los numerosos equipos médicos tomados como blanco, el lanzamiento de proyectiles de fósforo en zonas civiles, el bombardeo de una escuela de las Naciones Unidas que servía como refugio de residentes que se desangraron durante días hasta morir mientras que Tzahal impedía su evacuación mediante disparos y bombardeos. Incluso nuestro sitio de Gaza por un año y medio, cuyas ramificaciones son terriblemente cercanas desde el punto de vista de esta guerra, recaerán sobre él, Golpe tras golpe, todo esto cuenta en el mundo de los crímenes de guerra.

Livni, la ministra de asuntos exteriores y líder del partido centrista, será recordada como quien presionó, legitimó y permaneció en silencio durante todos estos eventos. La mujer que prometió “una clase diferente de política” fue socia plena. Esto no debería olvidarse.

En contraste con los reclamos que se harían en otros casos, nos permitimos creer que estos tres líderes no se embarcaron en una guerra por consideraciones electorales. Cualquier momento es bueno para la guerra en Israel. Está acreditado que la guerra anterior fue tres meses después de las elecciones, y no dos meses antes. ¿Los juzgará Israel duramente, a la luz de las imágenes emanadas de Gaza? Es muy dudoso. Barak y Livni están actualmente creciendo en votos en lugar de disminuir. Pero el examen que les espera a estos individuos no será un examen local. Es cierto que algunos estadistas internacionales cínicamente han aplaudido los golpes que Israel asestó. Es cierto que América permaneció en silencio, que Europa defeccionó y que Egipto apoyó, pero otras voces se levantarán del crepitar del combate.

Los primeros ecos ya se pueden oír. El fin de semana pasado, la UN y la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra demandaron una investigación sobre los crímenes de guerra de los que se acusa a Israel. En un mundo en el que los líderes Bosnios y sus homólogos de Rwanda ya han sido llevados a juicio, una demanda similar puede prosperar para quienes fomentaron esta guerra. Los jugadores de baloncesto israelíes no serán los únicos que tengan que ocultarse vergonzosamente, y los altos oficiales que condujeron esta guerra no serán los únicos que deban ocultarse en aviones de El Al para no ser arrestados. Esta vez, nuestros máximos hombres de estado, los miembros del gabinete que cocinó esta guerra, están llamados a pagar el precio personal y nacional.

No escribo estas palabras con alegría, sino con tristeza y con una profunda vergüenza. A pesar de la tolerancia que el mundo ha mostrado hacia Israel desde siempre, el mundo podría decir otra cosa esta vez. De continuar así, es posible que algún día, una nueva corte se establezca en La Haya.

Publicado en el diario Haaretz, de Tel Aviv, Israel, el 12 de enero de 2009.

miércoles, 7 de enero de 2009

Alvaro Abós: Los Kirchner no tienen nada que ver con el progresismo

El diario "La Nación" publica un reportaje a Alvaro Abós, periodista, escritor y por sobre todas las cosas, un intelectual comprometido.

Los intelectuales / Alvaro Abós"Los Kirchner no tienen nada que ver con el progresismo"

No son de centroizquierda, afirma el escritor

lanacion.com | Cultura | Miércoles 7 de enero de 2009

martes, 6 de enero de 2009

Bandera negra, bandera blanca

El periódico Haaretz, de Tel Aviv, publica en su edición de ayer, 5 de enero de 2009, una inteligente reflexión de Akiva Eldar, que nada tiene que ver con la posición oficial del Estado de Israel ni de las organizaciones de la comunidad judía de Argentina o del resto de los países.

Si hacen click en el título, podrán leer directamente el artículo en inglés desde la edición digital del periódico. Lo que sigue es una modesta traducción propia:

Bandera negra, bandera blanca
Por Akiva Eldar

Exactamente hace una semana, me preguntaba en esta columna cuántos Palestinos e Israelíes deberían morir antes que ambas partes cesen el fuego y una nueva tregua sea firmada. La respuesta vino, ostensiblemente, el sábado, pocas horas antes de que las Fuerzas de Defensa de Israel atacaran la Franja de Gaza. El jefe del politburó de Hamas, Khaled Meshal anunció en el sitio web Iz al-Din al-Qassam que estaba preparado no solamente para un “cese de agresión”, sino que propuso volver al acuerdo del cruce de Rafah de 2005, antes de que Hamas ganara las elecciones y posteriormente tomara control de la región. Ese acuerdo fue para administrar el cruce fronterizo conjuntamente por Egipto, la Unión Europea, la presidencia de la Autoridad Palestina y Hamas.

Al parecer el Primer Ministro Ehud Olmert no escuchó esas noticias, o no quiso escuchar. Una vez más, “miró a las madres a los ojos” y les dijo que había mandado a sus hijos al campo de batalla sólo después de que el gobierno había agotado todas las demás opciones para garantizar la tranquilidad de los niños de Sderot. En el mejor de los casos, Olmert no dijo toda la verdad. Las fuerzas no fueron enviadas a Gaza únicamente, ni siquiera principalmente, para golpear la infraestructura militar de Hamas. El principal objetivo que el gobierno le fijó a TZAHAL fue desmantelar la infraestructura civil de la única organización que desafía la autoridad de Mahmoud Abbas. No es por nada que Ehud Barak definió la campaña como una “guerra total”.
Un golpe mortal contra Hamas que pusiera a esa organización de rodillas hubiera sido imperativo si se hubiera llegado a un acuerdo diplomático con la facción secular y pragmática de los territorios. Sin embargo, incluso si Meshal firmara los acuerdos de Oslo y devolviera el control de la Muqata de Gaza a Abbas, la realidad no cambiaría. El gobierno israelí, al igual que todos sus predecesores y, puede asumirse, que sus sucesores, no va a devolver Ariel ni Givat Ze’ev, por no hablar la ciudad vieja de Jerusalem. Y desde luego, a ningún anciano palestino refugiado se le permitirá visitar su patria.

No es una coincidencia que Barak, quien alguna vez pretendió hacerse cargo del legado de paz de Yitzhak Rabin no haya dicho que la Operación esté destinada a verter sus contenidos dentro del proceso de paz. En una reunión realizada pocos meses atrás en su oficina, con un grupo de expertos en Medio Oriente, Barak dijo que dudaba enormemente del paradigma de la “solución de los dos estados”. La realidad en los territorios desde la sabia invención de la “Autoridad Palestina” es muy conveniente a su modo de ver. El Dr. Menachem Klein, uno de los fundadores de la iniciativa de Ginebra, acostumbra amargamente a llamar a esto un “protectorado israelí”. La tarea será completada después de que Barak haga al dominio de Hamas en Gaza lo que uno de sus predecesores como ministro de defensa, Benjamín Ben Eliécer, hizo con el dominio de Fatah en la Margen Occidental del Jordán en la operación “Escudo Defensivo” en abril de 2002.

“Una nueva realidad en materia de seguridad” no es más que un sofisticado camouflage lingüístico para la antigua realidad colonialista. La destrucción y el odio que genera Israel en los territorios está convirtiéndolos, como en la realidad Somalí, en un imán que atrae a las milicias extremistas como Al Qaeda y afines. Es muy dudoso que Fatah caiga en una trampa tan transparente como la de acordar volver a las oficinas gubernamentales de Gaza sobre la sangre de mujeres y niños y en medio de las historias heroicas de sus hermanos palestinos. Después de la guerra contra Hezbollah, se podría esperar que los israelíes, que son tan entendidos en “disuasión” pudieran entender que en guerras como ésta, una fuerza guerrillera considera que matar un enemigo por cada diez muertos propios es una gloriosa victoria. Y después de la contabilidad de la sangre vendrá la contabilidad del dinero: más tarde o más temprano los europeos y las organizaciones no gubernamentales van a cansarse de reconstruir el caos que deja Israel en los territorios.

La pregunta que debe responderse, entonces, es cuántos palestinos e israelíes deberán morir antes de que el público israelí despierte de esta nueva-vieja ilusión de que los tanques y los aviones pueden perpetuar la ocupación. La respuesta: mientras que los israelíes esperen que los palestinos desplegarán la bandera blanca, una bandera negra flameará sobre sus propias cabezas.

viernes, 2 de enero de 2009

Si tú o yo fueramos palestinos. Artículo de Iosi Sarid publicado en Haaretz

Los judíos de todo el mundo estamos acostumbrados a escuchar una única voz en relación con el conflicto entre Israel y Palestina. La voz del gobierno de turno del Estado de Israel. Que es tambén la voz de las instituciones judías de todo el mundo, que repiten indefectiblemente el discurso de los gobiernos de Israel.

Cualquier voz disidente de esa posición es tildada de "antiisraelí" como mínmo, y de "antijudía", la mayor parte de las veces.

Pero eso es simplemente pereza. Bastaría con buscar en los periódicos israelíes, artículos de autores israelíes, para apreciar que existen otras posiciones.

La que publicamos hoy es una de esas posiciones. Es una visión opuesta a toda forma de terrorismo, pero lo que es más importante, y la mayoría de los judíos de Israel y del mundo no ven, o no quieren ver, es que se puede ser judío, y hasta israelí, y estar en contra de TODA FORMA DE OCUPACION.

El artículo está en inglés. No tiene desperdicios. Sigan el link.

Nowhere Man

http://www.haaretz.com/hasen/spages/1052057.html

“No hay una pared a la izquierda de Kirchner” - Criticadigital.com

Después de un largo tiempo en el que muchos se habían convencido de que el kirchnerismo ocupaba todo el espacio político desde el centro hacia la izquierda, y que por lo tanto todo lo que se opusiera caía necesariamente en "la derecha", parece abrirse una opción política para todos aquellos que ni somos kirchneristas ni somos de derecha. El artículo publicado en Crítica presenta un panorama.

“No hay una pared a la izquierda de Kirchner” - Criticadigital.com