miércoles, 14 de noviembre de 2012

Lo más fácil es discutir con el interlocutor "a medida"

En un interesante artículo de Ricardo Aronskind, publicado un día antes de las marchas del 8N, el autor describió lo que, a su modo de ver, es el "programa económico" del 8N.

El link al artículo completo, cuya lectura se recomienda, es el siguiente:

http://www.puedecolaborar.com.ar/index.php/politica/2-politica/1234-los-10-mandamientos-economicos-de-la-derecha-local

Los "10 mandamientos económicos de la derecha local" son los siguientes:

1) Libertad cambiaria
2) Libertad de precios
3) Libertad comercial
4) Eliminación de las distorsiones impositivas
5) Reducción de la carga fiscal
6) Reducción del gasto público
7) Reducción de la inflación
8) Arreglo con los acreedores externos
9) Acuerdos de libre comercio
10) Creación de clima de negocios

A continuación, el artículo "traduce al castellano" los efectos que tendría la aplicación de esos 10 mandamientos.

Se puede coincidir en que, más o menos, esos son, efectivamente, los 10 mandamientos económicos de la derecha local.

Y también se puede coincidir en que, los efectos que detalla Ricardo Aronskind, serían efectivamente los que se producirían si se aplicaran esos mandamientos.

Es mucho más discutible que, ese "programa económico" de la derecha local, haya sido realmente el programa económico de los manifestantes del 8N.  Y sobre este tema creo que es importante reflexionar.

En la entrada anterior de este mismo blog, se ha publicado un abordaje posible de la composición social e ideológica de esas marchas, del contexto político en que se dan, y en una síntesis muy apretada, se postula la teoría de que esas marchas son un producto de la democracia delegativa, que es el modo que ha elegido este gobierno para ejercer el poder.  Que sus reclamos están condenados al fracaso, y que las consecuencias de esa frustración pueden ser buenas o malas para todos, dependiendo de que se critique más el elemento "delegativo" de esta democracia, que su elemento "democrático".  Lo que se propone, en síntesis, es que en lugar de "negar" o de "despreciar" a los manifestantes del 8N, se dispute con ellos, honestamente, el sentido de lo que pasa.

Como nadie es el dueño de la verdad, y simplemente lo que tratamos de hacer es invitar a quienes nos leen a pensar en algún registro que nos parezca original, la invitación sigue planteada, y es muy posible que el postulado ensayado por este blog no sea válido.  Ese es el riesgo, que vale la pena correr, si es que sirve para analizar lo que nos pasa.

Mucho más cómodo (y probablemente cierto) es liberarnos de toda duda, postular que la marcha del 8N fue impulsada por la derecha local, y la conclusión lógica del razonamiento es que, entonces, quienes estuvieron en la marcha suscriben el programa económico de la derecha local.  Como nosotros no somos de derecha, la emergencia de las marchas del 8N no nos interpela.  Tenemos nuestras convicciones.  El programa de la derecha no nos conmueve, y por si hiciera falta algo, tenemos argumentos, como los de Ricardo Aronskind, más que suficientes para reafirmar que queremos otra cosa.

Ese camino tiene lógica.  Nos tranquiliza.  Pero para quienes siempre creímos que la realidad es más compleja que lo que muestra su superficie, no nos alcanza.

No nos alcanza decir que la derecha convoca a marchas con un programa, y que la gente que va suscribe ese programa, y como no tienen votos no van a ganar, y podemos seguir como hasta ahora.

Eso no explica porqué hubo, ahora, esas marchas, siendo que desde octubre de 2011 ya sabíamos cuántos votos tiene el gobierno y cuántos votaron otras opciones.

Eso no explica porqué numerosas personas que estuvieron en esas marchas y que en nada se beneficiarían con los efectos del programa económico de la derecha local, de todos modos la apoyaron. ¿Están equivocados? ¿Ellos?

Eso no explica, entonces, porque "ellos" son los únicos que pueden estar equivocados. Porqué son ellos, y nunca nosotros, los que de buena fe apoyamos ideas que encubren intereses que no son los que corresponden al sector al que creemos pertenecer. ¿A nosotros nunca nos pasó eso? ¿Nunca apoyamos a quienes nos defraudaron?

Que no parezca una chicana: ¿Y Cobos? ¿Y Redrado? Y esto es solo un botón que basta de muestra.

Eso desde luego no explica otras razones, tan probables como las descriptas por Aronskind, por las cuales muchos fueron a las marchas del 8N.  Veamos algunas:

No a la corrupción,
No a la complicidad del poder con las grandes organizaciones delictivas,
No a la inflación que castiga más al que menos tiene,
No a la desarticulación de los órganos de control,
No a la manipulación y apriete a la justicia,

Cinco demandas que es innegable que estuvieron presentes en las marchas del 8N, y que bien podrían, deberían ser, parte de un programa de la izquierda democrática en este país.

¿Cabe concluir, entonces, que la marcha del 8N expresa el programa de la izquierda democrática local?  Nada más ridículo que eso, pero hay caminos lógicos que llevarían a esa conclusión... a condición que se parcialice el análisis y se lo recorte por el lugar que le conviene al analista para llegar a la conclusión que busca.

Inventar al interlocutor estereotipado, describir sus argumentos y refutarlos, es una forma útil para explicar algunos conceptos y que se entiendan.  Tal vez en un ambiente académico, en un curso universitario, éste puede ser un método válido.

Pero es insuficiente cuando el ambiente es la calle y de lo que se trata es de influir sobre la realidad de acuerdo con nuestras ideas y con la correlación de fuerzas que tenemos en la sociedad, en relación con nuestros oponentes.

Decimos esto sabiendo que durante toda la vida hemos intentado influir sobre la realidad, de acuerdo con nuestras ideas y con la correlación de fuerzas que tenemos en la sociedad, y hemos llegado a una edad apreciable, sin haber alcanzado los objetivos que teníamos de jóvenes.

No hemos renunciado a esos objetivos.

Y sería una picardía, a esta altura del partido, autoengañarnos...

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