miércoles, 21 de abril de 2010

No confunda, señor ministro

No es un espectáculo feliz ver como el ministro Boudou, totalmente seguro de sí mismo, con una soberbia aún mayor que la exhibida cuando vapuleó a Gerardo Morales en el Senado, volvió a relajar a otro parlamentario opositor, esta vez a Claudio Lozano, a propósito del asesor que ingresaba en una oficina cerrada del Ministerio de Economía, en un horario en el que no había nadie allí, sin autorización y sin que se haya podido explicar, hasta ahora, algún motivo válido.

Pero si Boudou pudo hacerlo, es porque se la dejaron servida en bandeja.

Si el video que pasó Boudou en su conferencia de prensa no es falso, y no se puede suponer eso sin demostrarlo, la historia del acoso policial que derivó en la búsqueda de refugio en una oficina, quedaría refutada por las imágenes.

En sus “quince minutos de fama”, aparte de agraviar, cosa que el ministro Boudou sabe hacer muy bien, deslizó que Claudio Lozano y otros diputados habían impulsado, en agosto de 2009, un proyecto de ley en el que se propiciaba el uso de reservas para el pago de la deuda pública, que es lo mismo que pretende hacer ahora el gobierno, con el rechazo de esos mismos diputados.

¿Tiene razón el ministro?

El proyecto de marras puede encontrarse en la página web de la Cámara de Diputados, y su lectura completa es realmente interesante. Se adjunta el link.

http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=3644-D-2009

No se trata de un proyecto de Ley para usar reservas para el pago de la deuda, sino de uno para crear una asignación universal por hijo, que no estaba creada.

No hay, en el articulado, ninguna disposición, ni mención al pago de deuda con reservas.

Pero sí se propone, en los fundamentos, el uso de reservas para el pago de los vencimientos de deuda del ejercicio 2009, como una de las alternativas posibles para liberar recursos presupuestarios y aplicarlos a financiar la asignación que se propiciaba.

O sea que el ministro sacó la cuestión de contexto, confundió deliberadamente a la opinión pública afirmando que un elemento mencionado en la fundamentación estaba en la parte dispositiva, y ocultó lo principal: que el objetivo del gobierno con el fondo del desendeudamiento y el objetivo de los diputados que presentaron este proyecto son absolutamente diferentes.

El gobierno quiere asegurarles a los acreedores que van a cobrar, más allá de cualquier dificultad presupuestaria que se presente en 2010. Lo hace para configurar un escenario que les resulte atractivo, ante la reapertura del canje de la deuda en défault, que el gobierno necesita para volver a los mercados de crédito. Además, sostiene que eso va a moderar las tasas de interés del nuevo endeudamiento a futuro. Esos son los ejes de su discurso. No propone aumentar el gasto social por el monto de las reservas que van a ser utilizadas para el pago de la deuda, ni financiar con ese monto nuevas asignaciones sociales. Dice que es preferible pagar de ese modo que hacer un ajuste, confirmando que su objetivo es obtener financiamiento para pagar la deuda.

En cambio, el objetivo del proyecto de Ley presentado en agosto de 2009 por Lozano y otros diputados era crear una asignación universal por hijo, que no estaba creada. Para financiarla se pensó, entre otras posibilidades, en liberar los recursos que el presupuesto tenía previstos para el pago de la deuda del año 2009, reemplazándolos por el uso de reservas.

A diferencia de lo que quiere hacer Boudou, los diputados que impulsaron el proyecto querían asegurar el financiamiento de la asignación, y no el pago de la deuda. Ello no implica renunciar a investigar su legitimidad ni se contradice con ninguno de sus argumentos actuales. Sencillamente, el proyecto era para otra cosa.

Pequeña diferencia, ¿no le parece, señor ministro?

domingo, 18 de abril de 2010

Lectura recomendada

Alguna vez se ha hablado en este blog de "maniqueísmo".

Hoy el periódico Crítica de la Argentina publica una nota de opinión de Alberto Fernández, quien fuera Jefe de Gabinete de Ministros de Néstor Kirchner, que se refiere a ese tema, a propósito del debate instalado por el gobierno, sobre el comportamiento de los grupos monopólicos propietarios de medios de difusión.

Es una opinión interesante y, sobre todo, valiente, en un momento en el cual el "progresismo" se inclina por apoyar y hacer seguidismo de las iniciativas del gobieno en esta materia, las cuales, dicho sea de paso, tienen una raíz objetiva que parte de la nefasta influencia de los monopolios en cualquier esfera de la producción, pero sobre todo en la producción de información y de opinión.

Desde luego que aquellos que apoyan al gobierno interpretarán que la opinión de Alberto Fernández, a diferencia de lo que se acaba de afirmar, nada tiene que ver con la valentía, sino con sus propios intereses y con las inconfesables alianzas que este personaje hasta ayer oficialista, estará tejiendo con los dueños de esos monopolios.

Lo más probable en la Argentina de hoy es suponer que cualquier opinión está motivada por intereses, y no por convicciones. Quien así sospeche en la mayoría de los casos no se equivocará. Pero si esto es válido para Alberto Fernández, ¿porqué no lo sería para Néstor Kirchner?

¿Son las convicciones antimonopólicas del gobierno una "marca de identidad" desde el principio de su gestión? ¿Lucharon por imponer legislaciones antimonopólicas en la provincia de Santa Cruz? ¿Lo hicieron cuando la gobernaron? ¿Lo hacen hoy en relación con todos los mercados monopólicos u oligopólicos que existen en el país que gobiernan desde hace tanto tiempo? ¿Porqué facilitaron y consintieron la prórroga de contratos de explotación petrolera, en su provincia y en las provincias gobernadas por gobernadores amigos, antes de su vencimiento, lo que no parece una política antimonopólica? Y podríamos seguir cuestionando la "sinceridad" de las opiniones antimonopólicas de los Kirchner.

En cualquier caso, el gobierno con mucha inteligencia continúa teniendo la iniciativa política, no se deja acorralar ni siquiera cuando pierde elecciones y pierde el control parlamentario de una o de las dos cámaras.

Más allá de las verdaderas intenciones del gobierno, es saludable la movilización social en pos de la democratización de los medios de comunicación. Pero también hay que decir que esa movilización, en la cual se monta el gobierno, es muy anterior a él, y continuará aún después de él.

Como los derechos humanos. No le pertenecen a ningún gobierno. Le pertenecen al pueblo argentino en su conjunto.

Pero volviendo al tema, lo más cómodo, entonces, es hablar mal de los monopolios de los medios de comunicación. Y hace muy mal el falso progresismo argentino en "dejar pasar" las injusticias que, en pos de un objetivo "políticamente correcto", comete una conducción política que nunca dio pasos reales para ampliar las esferas de libertad y de decisión de la gente. Como por ejemplo acusar de "colaboradores" de los dueños de las empresas a quienes trabajan en ellas y no suscriben el discurso oficialista.

Y dicho esto, se aclara, por si hiciera falta, que estas líneas no pretenden defender a ninguno de los periodistas cuestionados. Ellos son gente grande y se sabrá defender sola, o responder frente a su propia conciencia y a la de sus compañeros de trabajo, si realmente no defienden su independencia de criterio.

Mucho menos se pretende apoyar a Alberto Fernández, cuya trayectoria política es bastante lamentable.

Pero eso no le quita razón a cada una de las palabras de su nota de opinión de hoy, y más allá de todo lo demás, se recomienda su lectura haciendo "click" en el título de esta entrada o en el siguiente link:

http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=40824