miércoles, 7 de octubre de 2009

Marek Edelman, el último combatiente del Ghetto de Varsovia

Marek Edelman, el último de los mohicanos: la prueba viviente de que es posible ser “judío polaco” sin ser sionista

Artículo publicado en www.tlaxcala.es

AUTOR: Fausto GIUDICE
Traducido por Manuel Talens

No queremos salvar nuestras vidas. Nadie saldrá vivo de aquí. Queremos salvar la dignidad humana.
Arie Wilner (alias Jurek), soldado de la ŻOB, organización judía de combate.
Varsovia, abril de 1943

El pasado 2 de octubre de 2009 falleció Marek Edelman. Era el último combatiente de la insurrección del ghetto de Varsovia en 1943 que todavía estaba vivo y, sin duda, el personaje más atrayente de su generación.

Marek Edelman nació en 1919 en la localidad bielorrusa de Gomel. Su familia se había instalado en Varsovia durante los años veinte, tras huir de la Unión Soviética, donde doce de sus tíos habían sido liquidados por los bolcheviques a causa de su oposición al socialismo. Su padre, Natan Feliks, muerto en 1924, simpatizaba con los trudoviki, los militantes del Partido del Trabajo que se unieron al Partido Socialista revolucionario ruso después de 1917. Su madre, Cecylia Percowska, militaba en el Bund (la Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia), el cual era al mismo tiempo un partido y un sindicato socialista, laico y opuesto tanto al sionismo (Lenin calificó a los bundistas de “sionistas mareados”) como a los bolcheviques.

Se afilió en primer lugar al Socjalistiszer Kinder-Farband, el sindicato de los niños del Bund, antes de pasar en 1939 al Tsukunft (Porvenir), el sindicato de las juventudes bundistas. Como su madre había muerto en 1934, tuvo que empezar a trabajar a los 15 años para ganarse la vida.

En julio de 1942, en la Polonia ocupada, Edelman participó en la creación de la OJC (Żydowska Organizacja Bojowa, la Organización Judía de Combate), que agrupaba a militantes de partidos y grupos judíos de izquierda, entre ellos los socialistas sionistas de Hashomer Hatzair. La Unión militar judía (Żydowski Związek Wojskowy), creada en 1939, tras la ocupación de Polonia, por oficiales judíos del ejército polaco ideológicamente cercanos al Betar –la organización de los sionistas de derecha del ala revisionista de Jabotinsky– se negó a unirse a la OJC, pero sus combatientes sí lo hicieron y, juntos, iniciaron la insurrección del ghetto de Varsovia el 19 de abril de 1943.

Marek Edelman, que dirigía el grupo de combate de la fábrica de cepillos, tomó el mando de los combatientes el 8 mayo de 1943, un día después del suicidio del comandante Mordechai Anielewicz, cercado por los SS en el búnker que la OJC tenía en el número 18 de la calle Mila, suicidio que se celebra con entusiasmo en Israel, donde se lo considera como el Massada del siglo XX, pero que Edelman, para quien fue un “gesto de histeria colectiva”, siempre condenó.

Pocas horas antes de la caída final del ghetto, el 16 de mayo de 1943, Edelman logró escapar con unos quince supervivientes de los feroces combates que enfrentaron a varios centenares de jóvenes pobremente armados (un fusil por cada diez combatientes y, como arma principal, cócteles molotov) con 6000 SS y soldados alemanes y ucranianos armados hasta los dientes, que eliminaron la insurrección con lanzallamas.

En 1944, Edelman participó a la cabeza de un destacamento de la OJC en la insurrección de Varsovia dirigida por el ejército popular (Armia Ludowa), durante los combates para la liberación de la ciudad vieja.

Después de la guerra, inició sus estudios de medicina en Lodz, donde ejerció como cardiólogo desde 1951 a 2008. En la Polonia comunista, el Bund se había negado a integrarse en el Partido Comunista de Polonia, y prefirió autodisolverse “voluntariamente” en 1949.

Incluso si la mayoría de los judíos supervivientes de la ocupación de Polonia escogieron emigrar en olas sucesivas a Israel –después de los pogroms de 1946 o después de la campaña antisemita lanzada por el régimen frente al movimiento estudiantil de marzo de 1968–, Marek Edelman se negó a abandonar Polonia y sólo viajó en raras ocasiones a Israel, para visitar a su familia. Siempre fue mal visto en el Estado sionista, considerado como un “mal judío”, pues el sionismo prefiere honrar la memoria de Mordechai Anielewicz, un militante de Hachomer Hatzair, el grupo socialista sionista surgido del escautismo judío que proporcionó muchos combatientes al Palmach, la unidad de elite de la Hanagah, la organización clandestina sionista que dio origen al ejército israelí.

En 1976 Edelman, quien se negó siempre tanto a emigrar a Israel (“Para mí no existe un pueblo elegido ni una tierra prometida”, declaró una vez) como a afiliarse al Partido comunista, se unió al Comité de defensa de los obreros (KOR), núcleo fundador del sindicato Solidarnosc, lo cual le valió su detención durante cinco días durante el estado de excepción que declaró el general Jaruzelsky en diciembre de 1981. Participó activamente en el proceso que condujo al fin del régimen comunista en Polonia y, en 1991, se afilió a la Unión para la libertad, una de las ramificaciones de Solidarnosc, junto a Tadeusz Mazowiecki y el historiador Bronislaw Geremek.

Tardíamente reconocido –recibió la Orden del Águila Blanca polaca en 1998 y la Legión de Honor francesa en 2008–, Marek Edelman era un hombre parco en discursos y gesticulaciones. Como se consideraba el “guardián de las tumbas judías” de la Polonia mártir, había tomado la costumbre de ir a recogerse por su cuenta, cada de 9 abril, ante el monumento a los héroes del ghetto, donde depositaba un ramo de junquillos tras una marcha a través de las calles del antiguo ghetto. En 2008, en respuesta a las preguntas de una periodista israelí, la cual quería saber si no temía que su muerte, sin duda cercana, “hiciera caer en el olvido la insurrección del ghetto de Varsovia”, declaró: “No, aquel acontecimiento ha dejado demasiadas huellas en la historia, la literatura y el arte. Es en Israel donde nuestro recuerdo corre peligro de perderse.”

Marek Edelman era el último de los mohicanos, la prueba viviente y demasiado rara de que es posible ser judío polaco (o polaco judío) sin ser sionista.
He aquí la carta que dirigió “a todos los jefes de organizaciones palestinas y militares, paramilitares o guerrilleras, a todos los soldados de grupos militantes palestinos” el 1 de agosto de 2002, carta que le valió críticas feroces de los sionistas, quienes le reprocharon que calificase de partisanos a los “terroristas” palestinos:

“Me llamo Marek Edelman. Soy el antiguo comandante adjunto de la Organización militar judía en Polonia, uno de los jefes de la insurrección del ghetto de Varsovia. En el año memorable de aquella insurrección, en 1943, luchábamos para la supervivencia de la comunidad judía en Varsovia. Combatíamos por nuestra vida, no por un territorio ni una identidad nacional. Nos movía una determinación desesperada, pero nuestras armas nunca se dirigieron contra poblaciones civiles indefensas, nunca matamos mujeres ni niños. En un mundo como aquél, despojado de principios y valores, a pesar del constante peligro de la muerte, permanecimos siempre fieles a aquellos ideales.

Estábamos aislados en nuestro combate y, a pesar de ello, el poderoso ejército al que nos enfrentábamos no logró vencer a aquellos muchachos y muchachas apenas armados que éramos entonces. Nuestra lucha en Varsovia duró varias semanas y luego continuamos en la clandestinidad y durante la insurrección de Varsovia, en 1944.

Sin embargo, en ningún lugar del mundo puede un grupo de partisanos alcanzar la victoria definitiva, en ninguna parte una guerrilla puede ser vencida por ejércitos regulares, por muy bien equipados que estén. Vuestra guerra tampoco tiene solución. La sangre será derramada en vano y se perderán vidas en ambos lados.

Nosotros nunca despreciamos la vida. Nunca enviamos a nuestros soldados a una muerte segura. La vida es eterna. Nadie tiene derecho a quitarla a la ligera. Ya va siendo hora de que todo el mundo lo comprenda.

Mirad a vuestro alrededor. Mirad Irlanda. Después de cincuenta años de una guerra sangrienta, ha llegado la paz. Antiguos enemigos mortales se han sentado a la misma mesa. Mirad lo que sucede en Polonia, Walesa y Kuron. Sin gran dificultad, el criminal sistema comunista desapareció. De igual manera, ustedes y el Estado de Israel deben cambiar radicalmente de actitud. Deben hacer las paces para salvar cientos y quizá miles de personas, para ofrecer un mejor porvenir a sus seres queridos, a sus hijos. Sé por experiencia que, tal como se presentan los acontecimientos, eso depende de los jefes militares. La influencia de los actores políticos y civiles es mucho menor. Algunos de ustedes estudiaron en la Universidad de mi ciudad, Lodz, y me conocen. Los creo lo bastante sabios e inteligentes como para comprender que, sin paz, no habrá futuro en Palestina y que la paz no puede obtenerse más que a cambio de concesiones en ambos lados.

Le pido también al [ex] Presidente Bill Clinton, al ministro Bernard Kouchner y al diputado Daniel Cohn-Bendit que apoyen mi petición. Quiero recordarles a ustedes nuestra posición común con respecto a la guerra en Yugoslavia. Quién sabe si esta guerra, la guerra que nadie puede ganar, podría detenerse para que la sustituyan portavoces capaces de llegar a un acuerdo.
Quizá deberíamos buscar un mediador, que no ha de ser un político, sino más bien una personalidad de autoridad moral incontestable, alguien que sitúe la vida con dignidad y la paz para todos por encima de cualquier objetivo político.”
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Fuente: Basta ! Journal de marche zapatiste

Artículo original publicado el 5 de octubre de 2009

Sobre el autor

Fausto Giudice y Manuel Talens son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Talens partenece asimismo al colectivo de Rebelión. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=8882&lg=es

lunes, 5 de octubre de 2009

Hasta siempre Negra



Hay personas que dejan en uno una huella imborrable, porque la acompañan sin estar ahí, en los momentos más difíciles.

Esas personas que te acompañan, aún cuando no estén ahí, no mueren nunca, porque su presencia física no es lo que las define.

Estando en la cárcel, no había muchas canciones que un preso pudiera cantar para levantar la moral de sus compañeros sin recibir un castigo a cambio.

Lunita tucumana era una de esas canciones "cómplices". En un día lluvioso, cuando ni siquiera te sacaban al patio las dos horas por día acostumbradas, porque el patio era descubierto, cualquiera se ponía a cantar "lunita tucumana", y todo el pabellón se prendía.

Cantar "lunita tucumana" era un acto de rebeldía impune, ya que nadie te podía castigar por eso. Todos, cuando la cantábamos, estábamos escuchando en nuestros oídos su voz, y estábamos viendo su rostro. Era Mercedes Sosa.

Después llegó el exilio. Irse rápido, poniendo el la maleta las cosas imprescindibles y dejando casi todo, porque no hay tiempo. Un casette tuve tiempo de poner: "Traigo un pueblo en mi voz", de la Negra.

Fue su voz la que me seguía trayendo las imágenes y los aromas de mi barrio y de mi gente, durante mucho tiempo, y los recuerdos de un tiempo mejor, de un tiempo de ilusión y de lucha.

Y cuando volví, ella estaba, estaba cantando las canciones que yo siempre escuché, y las canciones de Charly también.

Ya nos estamos quedando solos, pero ella siempre está...

Gracias Negra, por haber estado ahí en los momentos difíciles.

Gracias por haber estado ahí para festejar las alegrías.

Gracias por habernos cantado en todas las manifestaciones.

Gracias por ser parte de nosotros.

¡¡¡Hasta Siempre!!!

sábado, 3 de octubre de 2009

Ley de Radiodifusión y Maniqueísmo (última nota)

En la entrada anterior se anunció que en la siguiente, es decir en ésta, nos íbamos a referir al maniqueísmo que existe en la sociedad argentina, cuando se aborda cualquier tema controvertido, no solamente el de esta Ley.

El maniqueísmo es generalizado, se ve en la televisión, en los medios, en los anuncios oficiales y en los avisos de los grupos afectados por las políticas oficiales. Unos defienden sus iniciativas. Otros sus intereses. A ninguno parece importarle pintar un panorama que realmente aclare el tema para el ciudadano común.

Por el contrario, se trata de orientar la opinión del ciudadano común en un esquema "blanco - negro", "bueno - malo". No hay grises. No hay matices. O se trata de una ominosa ley que coarta la libertad de expresión, que en esa concepción es hija de la libertad de empresa, o de lo contrario se convalida la ley de la más sangrienta dictadura militar.

El problema es que muchas personas que no son ni miembros del gobierno, ni directivos o tan siquiera empleados de las actuales empresas oligopólicas de medios de comunicación, reproducen los mismos discursos o las mismas lógicas de razonamiento. Desde luego que ese era el objetivo buscado por quienes primero instalaron los discursos maniqueos. Lo triste es constatar que personas inteligentes e independientes, que viven de su trabajo, que a veces consiste en alguna forma de creación intelectual, no sean capaces de independizar su propio pensamiento de esta tensión.

En síntesis, no son capaces de cumplir el rol que se espera de un intelectual comprometido con su tiempo y con sus semejantes: contribuir a la comprensión de la realidad social aportando argumentos válidos para el conjunto, desarticulando las construcciones de sentido de los poderes dominantes, iluminando los aspectos de la realidad que son precisamente ocultados por esos poderes.

Nada de eso hacen los "progres". No son capaces de ir "contra la corriente". Por cobardía, por pereza intelectual, o simplemente porque "queda bien" estar con la mayoría, no pueden sino reproducir con argumentos tal vez un poco más inteligentes o vistosos, el discurso oficial. Porque todavía, el discurso oficial pinta "progre". O porque los opositores al discurso oficial son tan cavernícolas que cualquier cosa es progre en contraste.

No es intención de esta entrada hacer una respuesta puntual al artículo de Mempo Giardinelli publicado en Página 12 el 15 de septiembre de 2009 y cuyo enlace se publicó en este blog en la entrada anterior.

Pero sí hacer algunos comentarios respecto de los esquemas de razonamiento que aparecen en esas líneas, y que reflejan el maniqueísmo de cierta intelectualidad progre argentina.

Por ejemplo, después de una introducción en la cual se aclara que no se es oficialista, lo que anuncia que todo lo que sigue será en defensa del oficialismo, y luego de decir con mucho respeto cómo se está de acuerdo con el personaje al que a continuación se pasará a denostar, se sostiene que Pino Solanas padece de "ceguera", lo cual (se aclara) no es un insulto sino una discapacidad.

Como es obvio que Solanas no es ciego, es también obvio que la ceguera que padece es política, y es muy difícil cuando se acusa a alguiern de ceguera política, que eso no sea un insulto. O sea que antes de esgrimir cualquier argumento se insulta.

Como ya se dijo antes, estas líneas no están dirigidas a Mempo Giardinelli. Esto pasa muy seguido entre personas que hasta se aprecian sinceramente. No pasa sólo con personas que pueden publicar en medios sus argumentos, sino entre colegas, profesionales, grupos de trabajo, etc.

Después del insulto, empiezan los argumentos. El primero es que Pino no ve que la propuesta oficial es un avance.

Después de decir que Solanas no ve algo que es evidente para cualquiera que mínimamente tenga conocimiento de la ley vigente y del proyecto oficial, viene la acusación: si los diputados que le responden no votan a favor de este proyecto, serán responsables de que todos sigamos con la ley de la dictadura.

Blanco, o Negro. Este proyecto es un avance, así que hay que votarlo. No votarlo así, tal como está, es "votar" por la ley de Videla.

¿Eso no será la verdadera ceguera, señores progresistas?

¿Y la posibilidad de mejorarlo en el parlamento? ¿Para qué país queda? ¿Para los países nórdicos? ¿Para democracias supuestamente más avanzadas que la nuestra, siempre incipiente? ¿Acaso el parlamento argentino no tolera que un proyecto no sea votado a libro cerrado? ¿la discusión legislativa es válida sólo cuando el oficialismo no tiene mayoría? ¿Qué concepto de pluralismo tiene aquel que no admite discusión simplemente porque puede ganar una votación?

Pero hay algo más grave aún en esta forma de razonar: la acusación que se le hace a Solanas es que, como el gobierno puede no tener mayoría, pero a pesar de eso aparentemente no quiere introducir cambios, el responsable de quedar con la ley de videla sería un sector político que NO ES OFICIALISTA, en nombre de alguna responsabilidad moral o ideológica.

Es decir: si hay mayoría no se discute. Si no hay mayoría tampoco se discute, pero eso sí, si perdemos, los responsables son los que se ponen a nuestra izquierda.

¿Cuál es el concepto de parlamento que hay detrás de este razonamiento? ¿Cuál el de pluralismo? ¿Cuál el de representación? ¿Para qué vota la gente a diputados de diferentes partidos, si no es para incorporar diferentes miradas?

Y esta afrenta a la inteligencia la está diciendo alguien que previamente aclaró que no era oficialista. Y que no reparó en que si el oficialismo no puede sacar una ley es porque sus propios diputados se le dan vuelta. Y que esos diputados que se le pueden dar vuelta son el fruto de una construcción política que incluye en las listas oficiales a lo más granado de la política tradicional argentina, a los que en los últimos 26 años no quisieron discutir la ley de radiodifusión y dejaron que perdieran estatus palamentarios otros proyectos de ley en el mismo sentido presentados antes pero no por Cristina Fernández de Kirchner.

Afortunadamente, esta vez primó la lógica, y como se hace en cualquier parlamento normal, para ampliar el apoyo a la iniciativa, el oficialismo aceptó introducir modificaciones, los diputados que están a la izquierda del gobierno le dieron su apoyo y la iniciativa tuvo media sanción.

¿Será más videlista esta ley ahora, o será mejor que antes?

Intentar mejorar una ley, con argumentos tan válidos como los otros, expuestos por diputados que tienen la legitimidad de haber sido votados para eso, porque quienes votaron a estos diputados no votaron a los candidatos del gobierno, ¿es ceguera?

Utilizar los recursos que todo diputado tiene, como ser no dar quorum si no lo consigue el oficialismo, o advertir que sin cambios no votarán esa ley, ¿es ceguera?

¿No será mucho almirante? ¡Faltaba más, brigadier!

Siguiendo con el artículo, las otras cosas que Pino o quienes están con él no ven, son cosas que jamás se han cuestionado desde ese sector.

Otra cosa que Pino no ve es que este proyecto no es del gobierno sino de un conjunto de organizaciones sociales, o sea que tampoco se reconoce la reivindicación de los "21 puntos" que ha hecho Solanas, Proyecto Sur, el partido Buenos Aires Para Todos en la campaña, ni que sea precisamente la diferencia entre los 21 puntos y el proyecto oficial lo que sustenta la postura de los diputados del sector.

Entonces, ¿quién padece de ceguera?

Pero lo más descolgado de la realidad, y que refleja las tendencias negadoras que abundan en esta progresía, es la afirmación de que "en caso de que su sector hubiese apoyado a Heller en la última elección, eso probablemente habría significado la sepultura del macrismo".

Esto se dice cuando ya se conoce el resultado electoral en la ciudad de Buenos Aires, es decir que se sigue sosteniendo que el que salió segundo debió haber apoyado al que salió cuarto, con muchos menos votos, una lista a la que no apoyaron ni siquiera los propios oficialistas. O sea que la "culpa" de que Macri siga "vivo" no la tienen los que primero dividieron el voto oficialista (entre Telerman y Filmus) y después no supieron tan siquiera armar una lista que los conforme a todos. Nada de eso, la culpa la tuvieron los que supieron poner en la agenda los temas que ni Macri ni la derecha, ni el gobierno quieren escuchar, y que supieron armar una lista con candidatos que captaron el voto de todos los oficialistas que no tenían a quien votar.

Lo cierto es que Macri sigue vivo. Pero afortunadamente hay una alternativa que podrá llegar a ser opción de gobierno o no, dependiendo de lo que se haga de aquí en adelante.

Pero si tapamos el sol con un dedo, esto va a ser muy difícil...