viernes, 24 de febrero de 2012

¿Pelotudos o criminales? ¿Perestroika o rebelión?

Viernes, 24 de febrero de 2012 en Buenos Aires, Argentina.  Son las 6:30 de la mañana.  El despertador nos sobresalta con la radio, como cada día.  Están pasando unas declaraciones de Hebe de Bonafini, la referente histórica de las Madres de Plaza de Mayo, ahora ferviente kirchnerista.  Dice que le da vergüenza ajena que un tipo tan pelotudo como Juan Pablo Schiavi pueda ser funcionario público de este gobierno.

Juan Pablo Schiavi es el Secretario de Transportes de la Nación.  Es el sucesor en el cargo que hasta hace poco tiempo ocupó, durante años, Ricardo Jaime, que enfrenta numerosos juicios de los que va zafando de a poquito, gracias a jueces adeptos al gobierno, o a jueces temerosos de que el oficialismo, que domina el Consejo de la Magistratura, pueda tomar represalias.

Pero el juicio de la sociedad es unánime: Ricardo Jaime es un corrupto.  No importan los detalles.  Si viajaba en aviones de las compañías privadas con las que el Estado había hecho contratos, si tenía una vida que no puede sostenerse con un sueldo público, aún el de Secretario de Estado.  Si no controló durante todos los años de su gestión a los concesionarios de servicios como el de los trenes interurbanos, no los obligó a hacer las inversiones comprometidas, los subsidió con sumas millonarias, no rescindió los contratos de la época de Menem.

Todo lo que hizo Ricardo Jaime, y todo lo que no hizo, fue continuado por Juan Pablo Schiavi.  No podía ser de otra manera: aunque Hebe de Bonafini no lo advierta, son funcionarios del mismo gobierno.  El gobierno que ella apoyó y apoya.  Tampoco está claro cuál es el origen de la fortuna de los Kirchner. ¿Porqué poner como ejemplo a Ricardo Jaime, entonces?

Así, sin control, cada tantas semanas se produce una tragedia en los trenes, sobre todo en los que diariamente traen a los trabajadores del conurbano bonaerense hacia la Capital Federal.  El miércoles, la última tragedia tuvo un saldo de 50 muertos y 600 heridos.  La "pelotudez" que Hebe le atribuye a Schiavi fue haber dicho que si un hecho idéntico al ocurrido el miércoles hubiese ocurrido el martes, que fue día no laborable, el saldo hubiese sido mucho menor.

Bien superficial el análisis de Hebe, por cierto.  Quien escuchó atentamente a Schiavi pudo apreciar que empezó hablando del maquinista, de quien elogió su "impecable foja de servicios".  Continuó diciendo que los sistemas de seguimiento del tren siniestrado habían detectado que hasta 40 metros antes del evento, "había frenado en todas las estaciones normalmente" y en los últimos 200 metros venía reduciendo la velocidad hasta "entrar a la velocidad normal con la que se entra en las estaciones".  Para Schiavi, "lo que no se sabe es qué pasó en los últimos 40 metros".  Está todo grabado y filmado.  Lo hizo con su mejor cara de pelotudo... pero eso no es una mera "pelotudez".

Un relato mentiroso cuyo único fin es inducir a quien lo escucha a pensar que, si todo andaba bien hasta los últimos 40 metros, la causa seguramente habrá sido un error humano del maquinista.  Por lo tanto sus elogios iniciales ocultaban la intención bien "capanga" de echarle toda la responsabilidad al laburante.  Nada dijo Schiavi de todas las denuncias que pública y diariamente viene haciendo el cuerpo de delegados del ferrocarril Sarmiento sobre las condiciones precarias de seguridad de los andenes, de las vías, de las máquinas y de los vagones.  Nada dijo Schiavi de todos los informes sobre incumplimientos contractuales de los concesionarios, hechos públicos por la Auditoría General de la Nación.  Nada dijo Schiavi de las declaraciones de numerosos pasajeros de esa formación que constataron que venía con problemas de frenos.

A Hebe se le ocurre que todo eso es una pelotudez, ¡¡¡y no un cinismo criminal!!!

No obstante, el gobierno todavía aprende cosas de Hebe.  Por ejemplo, Hebe se presentó como querellante de su socio, empleado e hijo adoptivo, Shoklender.  Y el gobierno nacional, después de transcurridas más de 24 horas del siniestro, anuncia que pretende presentarse como querellante de su socio, el concesionario de la línea Sarmiento.  ¿Y eso qué es?

Seguimos escuchando la radio.  Ahora vienen las declaraciones del dirigente social Luis D'Elía, también kirchnerista de la primera hora, que opina que "el kirchnerismo debería tener su perestroika".  O sea que una persona que no es un historiador ni mucho menos un experto en historia de la ex Unión Soviética, sino un ciudadano más o menos informado de los sucesos acontecidos en el mundo en los últimos, digamos, 20 años, se imagina aproximadamente qué quiere decir D'Elía con eso.

Por ejemplo, que el kirchnerismo, después de haber hecho una revolución social histórica como la de octubre de 1917, después de haber enfrentado y vencido a un poder tan grande y devastador como la maquinaria nazi de la segunda guerra mundial, después de haber soportado decenios de guerra fría contra los enemigos históricos de la revolución, compitiendo en condiciones desventajosas contra un sistema económico social antagónico, y habiendo caído en desviaciones burocráticas y hasta autoritarias que desvirtuaron el socialismo, más allá de los hechos de corrupción, podría encarar, ¿porqué no? una renovación, para separar la paja del trigo y rescatar la esencia del proceso.  Cosa que, por otra parte, no pasó en la URSS sino todo lo contrario.  Pero en fin, tampoco vamos a pensar que D'Elía propone el principio del fin del kirchnerismo, sino más bien algo que lo salve.

Aquel lector que, a esta altura de la entrada, piense quizás legítimamente que uno está exagerando la interpretación de lo que quiso decir D'Elía, le sugiero que piense en la desmesura (¿pelotudez?) de lo que acaba de proponer, con el referente empírico del siniestro ferroviario del miércoles pasado.

¿O es que no sabe D'Elía que, en el origen de este gobierno, ya estaba De Vido, ya estaba Ricardo Jaime, ya estaban las concesiones ferroviarias que no se tocaron? ¿A qué esencia original propone volver???

Avanza la mañana de viernes.  La ministra de Seguridad, Nilda Garré, con una honrosa historia de militancia y de lucha, se coloca frente a las cámaras de TV, visiblemente nerviosa, para defender lo indefendible: el Proyecto X que había sido informado a un juez por el comandante de Gendarmería Nacional como un proyecto a cargo de la fuerza que él conduce.

Nilda Garré, muy nerviosa, y con una muy mala cara de pelotuda, porque ella no lo es, nos dice que el Proyecto X es un software.  Que ya no está administrado por Gendarmería sino por una dirección de su ministerio.  Que una auditoría hizo numerosas búsquedas de nombres de dirigentes sociales y que en la base de datos no apareció ninguno.  Que todo lo que se ingresó a la base de datos fue por procedimientos solicitados por la justicia.  Que el software es para investigación de delitos complejos como narcotráfico.

Obviamente, si el software no hubera estado desde ANTES de la auditoría bajo el control civil, nadie podría haber asegurado que no se borraron registros, y por lo tanto era necesario y conveniente que ese software ya no estuviese a cargo de la Gendarmería.  Lo que no se entiende es porqué necesitó hacer Nilda una auditoría para hacer público ese hecho, que ya debía haber sido conocido por ella desde antes.  Téngase en cuenta que esto comenzó a denunciarse hace meses.  Tampoco se entiende porqué el titular de Gendarmería no se lo dijo al juez ni a la opinión pública hasta ahora.

Continúa la tarde.  Hay una madre que todavía busca a su hijo desaparecido desde el siniestro del miércoles.  Se trata de Lucas Menghini.  A las 17 hs. se encontró su cadáver, después de 57 horas del hecho, en el cuarto vagón de la formación siniestrada, después de que a las 15 hs. del miércoles los responsables del operativo de búsqueda y rescate de pasajeros habían dado por terminado el operativo, vallado el lugar impidiendo el acceso, y decretado que no había nadie ahí.

Y recordamos que en Cromagnón el Defensor del Pueblo ya había denunciado las irregularidades del lugar.  Y recordamos que la familia Pomar estuvo días desaparecida cuando supuestamente habían pasado por el lugar en el que se accidentó los miembros del operativo de búsqueda.

Recordamos todo... porque todo vuelve a pasar.

Y todo vuelve a pasar... porque los funcionarios públicos que tienen la obligación de cuidarnos y protegernos no son pelotudos ni stalinistas.  Son cínicos, corruptos, capitalistas de los peores, capangas que le echan la culpa a los laburantes de todo lo que pasa.

Y porque los que eran jóvenes en la década del 70 y fueron derrotados no son capaces de procesar sus errores para salvar el espíritu revolucionario de sus compañeros muertos.  Y en lugar de eso reemplazan ese espíritu por este modelo de capitalismo mafioso de amigos del que, a lo sumo, reclaman una perestroika.  Y porque los jóvenes de hoy con ambiciones en lugar de arriesgar, porque tienen toda la vida por delante, prefieren  hacer buena letra frente al poder.

Todo pasa.  Pero todo queda.

Tarde o temprano la realidad nos va a obligar a todos a correr el velo y enfrentarnos cara a cara con ella.

¿Pelotudos o Criminales?

¿Perestroika o Rebelión?

viernes, 10 de febrero de 2012

Vergüenza ajena

El diario oficialista Página 12 de hoy, 10 de febrero de 2012, en un artículo sin firma, titula que la presidenta "pidió" una "discusión en serio" sobre minería.  A continuacion presentamos el enlace con esa noticia:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-187310-2012-02-10.html

Si la crónica es fiel, en una teleconferencia con Olavarría (no con Famatina ni con Andalgalá), la presidenta pidió hablar con un trabajador.  No indica esa crónica cómo fue que ese trabajador y no cualquier otro, tuviera la suerte de estar en el lugar y en el momento oportuno para hablar en un acto público en una teleconferencia con la presidenta, para decirle que era de una familia de mineros, que sabe mucho más de minería metalífera que los "seudoambientalistas" que cortan las rutas de acceso a las explotaciones de las multinacionales, y que "los mineros queremos que nos dejen trabajar en paz".

Este "trabajador" hacía referencia al corte de ruta de los habitantes de Belén, Catamarca, desalojado violentamente por la Gendarmería, que detuvo  a 15 personas según denunciaron los ambientalistas, siempre según el artículo citado.

Al momento de escribir estas líneas, el autor no sabe bien si los ambientalistas detenidos fueron acusados de violar alguna norma vigente ante la justicia.  Si así fuera, estaríamos ante una judicialización de la protesta social, tantas veces negada por este gobierno.  Peor aún si así no fuera, ya que entonces estaríamos ante detenciones arbitrarias con uso desmedido de las fuerzas represivas ante una protesta pacífica.

El "trabajador" no manifestó el mínimo sentimiento de solidaridad con las personas reprimidas y detenidas en el episodio que, no sabemos bien si afectó a su derecho personal al trabajo, o a un derecho virtual de los otros trabajadores mineros de la zona.

Tampoco argumentó, ni seriamente ni de ninguna otra manera, sobre si el emprendimiento de marras provoca algún efecto nocivo sobre el ambiente en el que viven otros trabajadores, compatriotas suyos, miembros de su misma clase social, sobre si destruye o no destruye la montaña afectando al ecosistema de la zona, ni sobre el uso del agua, ni sobre el uso de sustancias peligrosas.  En síntesis, este minero que sabe mucho de minería, no dió, según la crónica, ningún argumento sobre el tema de fondo que quería plantearle a la presidenta.

Sí habló de su legítimo derecho al trabajo, atribuyendo a las personas que tienen derecho a conservar su hábitat, la responsabilidad de estar limitándolo.

Es interesante reparar en el hecho de que, independientemente de lo que cada uno pueda opinar sobre los hechos y las razones de este trabajador y de los habitantes de Belén, el primero se enfrenta con los que él llama "seudoambientalistas" y los alcahuetea ante la presidenta, mientras que los vecinos de Belén (o los de Famatina, o los de Andalgalá) jamás atribuyeron a los trabajadores de la mina la responsabilidad de su problema, sino a las empresas multinacionales que vienen a hacer su negocio, llevarse los minerales, y si te he visto no me acuerdo.  Y lógicamente, a los gobiernos nacional y provinciales que tienen la obligación de regular las actividades económicas privadas preservando el ambiente, la cultura y los medios de vida de los habitantes de hoy y los de las futuras generaciones.

Es decir, en un escenario orquestado para un show mediático, se presenta un problema de explotación irracional de recursos no renovables, como si fuera un conflicto de derechos entre dos sectores del pueblo: los mineros y los vecinos.  El gobierno y las multinacionales de la minería no tienen  nada que ver con esto.  Son casi espectadores de un problema de otros.

Lejos de sacar a su interlocutor de su error, la presidenta consideró las palabras de este trabajador como "la voz del pueblo", no así a las voces de los habitantes de las zonas agredidas por la megaminería a cielo abierto.  Y con el argumento del "derecho al trabajo", el mismo argumento con el que los gorilas de todo pelaje critican cualquier manifestación callejera porque entorpece el tránsito, reclamó una discusión "seria" sobre la minería.

Peor aún, terminó su razonamiento diciendo que, si aplicásemos el mismo criterio que la protesta de Famatina, Andalgalá y tantos otros territorios amenazados, a la agricultura, no se podría cultivar soja por el glifosato.

¡¡¡Precisamente!!! No es el caso de la soja ni el del glifosato uno de los temas sobre los cuales hay consenso sobre sus beneficios urbi et orbe, o su inocuidad ambiental, sino todo lo contrario.

En cambio, podría la señora presidenta escuchar a los trabajadores del INDEC, por dar un ejemplo, y reclamar una discusión seria sobre las estadísticas oficiales.

Utilizar a un trabajador para defender la postura de las multinacionales, y oponerlo al reclamo de las poblaciones afectadas es un recurso que no solo expresa un grado de miserabilidad como hacía tiempo no se tenía registro en la política argentina, sino que además, provoca vergüenza ajena.