viernes, 27 de febrero de 2009

¿Podrá discutirse seriamente esta vez?

El enfrentamiento entre el Gobierno y "El Campo", que ocupó la mitad del año 2008 y que se saldó con una derrota histórica del kirchnerismo y de sus modos de construir poder, tuvo muchas consecuencias negativas para toda la sociedad argentina. Pero también tuvo, al menos, una consecuencia positiva: el retorno de la discusión política a la mesa de los argentinos, a los bares, a los lugares de trabajo.

Aspectos como la legitimidad del establecimiento de retenciones a las exportaciones, la vocación de un sector social por imponer políticas a un gobierno, la cuestión de la redistribución del ingreso, la sojización del campo argentino, la tendencia peligrosa al monocultivo, la hipocresía de todos los actores involucrados, el hecho de que los contendientes hubieran sido socios hasta el momento de pelearse por quién se quedaba con una porción adicional de una torta que hasta ese entonces habían compartido y que venía dañando a la economía y al medio ambiente. Y podría seguir la enumeración de temas que hasta entonces estaban solapados, y que de pronto saltaron a la superficie.

Después de la derrota del gobierno y del archivo de la Resolución 125, todo quedó como antes. Incluso, ahora puede verse que algunos aspectos de la resolución 125 hubieran beneficiado a sus más acérrimos opositores. Pero no importa, ellos se quedaron con los laureles de haber puesto freno, por primera vez, al kirchnerismo. Con consecuencias aún desconocidas.

Para muchos, entre quienes se cuenta el que escribe estas líneas, esa derrota marcó el comienzo del fin de la hegemonía política de un grupo muy pequeño de dirigentes políticos pero con una gran ambición de poder. Hasta ese momento, habían sabido aprovechar todas las condiciones -las buenas y las malas- que la situación les había ofrecido, para construir poder, pero ninguna para construir consenso. Tal vez por eso, la ecuación de "nadie los quiere pero todos están con ellos" comenzó a desgajarse a partir de entonces.

Nunca es triste la verdad... lo que no tiene es remedio, canta Serrat. Y tal vez haya que referirse a esta frase para seguir analizando el futuro político de nuestro país.

Pero volviendo al tema de "El Campo", parece haberse reavivado la polémica, ahora en el marco de una crisis económica internacional de cuyos efectos hasta ahora nuestro país ha estado al margen, pero no por mucho tiempo más, porque en el mundo de hoy todas las economías están interconectadas.

Y ya que vuelve a discutirse públicamente de esta cuestión, sería bueno que ahora se discuta seriamente. No hay evidencias de que eso vaya a pasar. Pero desde este modesto blog vamos a tratar de poner un granito de arena.

Por ejemplo, hoy hay tres diarios: La Nación, Clarín y Crítica Digital, que publican en sus ediciones la noticia de que el gobierno estaría estudiando la posibilidad de intervenir en el mercado de granos o directamente de estatizar el comercio de los mismos. No vamos a comentar lo que dicen los diarios. Preferimos publicar aquí las noticias que aparecieron en sus respectivas ediciones.

Tampoco vamos a referirnos acerca de cuál será la verdadera intención del gobierno: si presionar a los productores para que vendan lo que tienen almacenado o si realmente están pensando en nacionalizar el comercio de granos. Todo es posible: si los EUA pueden estatizar una parte del capital del City Bank, ¿porqué el gobierno argentino no puede estatizar el comercio de granos? Estamos en un mundo en crisis, y cuando hay crisis lo imposible de ayer es lo lógico de hoy.

Es bueno que se discuta sobre la posible estatización del comercio de granos. Pero para desentrañar algunas mentiras que todos los actores dijeron el año pasado.

Por ejemplo, todas las entidades agrarias decían defender a los más débiles de los productores. A aquellos a los cuales les bajaba el precio de la cosecha a medida que aumentaban las retenciones, ya que los acopiadores les compran a un precio que descuenta la retención que ellos mismos tendrán que pagar.

Pues bien, si esto fuera cierto, la intervención del estado en el mercado, estableciendo un precio superior al de los acopiadores, resolvería el problema de esos productores pequeños o medianos a los cuales las retenciones los estarían arruinando. También resolvería el problema de los rentistas a los cuales las retenciones les habían provocado una caída en el valor de sus locaciones, ya que esos valores también están ligados al precio de venta de la cosecha. Es la famosa política conocida como "precio sostén".

Si esto fuera cierto, esta política tendería a romper el frente unido de los ruralistas, y a separar a los que realmente se veían perjudicados de aquellos que, fuera cual fuese el volumen de las retenciones, obtenían una ganancia espectacular.

Si esto fuera cierto, una cantidad importante de productores, que además según todos decían, habían sido votantes de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones de octubre de 2007, podrían vender sus cosechas a precios que les garantizarían rentabilidad y futuro, el país podría garantizar el abastecimiento interno, y se podrían exportar los excedentes al mercado internacional, a los precios vigentes, permaneciendo el excedente en las arcas públicas, justo ahora cuando las exportaciones y las divisas resultan tan necesarias ante la lógica retracción del crédito externo.

Los grandes acopiadores ya no podrían aprovecharse ni de las ventajas del mercado internacional ni de sus proveedores, los pequeños y medianos productores. Se establecería otro diálogo con ellos, desde una posición de poder económico concreto, y no desde un discurso vacío. Y ni siquiera debería llegarse al monopolio del comercio exterior de granos, que directamente los dejaría afuera de toda transacción.

Si fuera cierto lo que decían el año pasado, con una intervención de esta naturaleza en el mercado, se removerían casi todos los obstáculos que estaban planteados desde un principio, para resolver esta cuestión de un modo razonable para la mayoría de la población del país y para el sector supuestamente más débil de la producción agraria.

Entonces surgen algunas preguntas:

¿Porqué en el gobierno no lo pensaron hasta ahora?

¿Porqué en la Federación Agraria y otros que dicen ser defensores de los pequeños y medianos productores, en lugar de reclamar este tipo de intervención estatal, se solidarizaron con sus propios explotadores?

Tal vez respondiendo a estas y otras preguntas por el estilo, se pueda discutir seriamente.

Presión del ala dura del Gobierno para que el campo venda la cosecha

Presión del ala dura del Gobierno para que el campo venda la cosecha

El Gobierno amenaza con ir directo al grano - Criticadigital.com

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Analiza el Gobierno estatizar todo el comercio de granos - lanacion.com

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domingo, 22 de febrero de 2009

Elecciones en Israel: la muerte de la izquierda sionista

Does Zionism legitimize every act of violence? - Haaretz - Israel News

Nuevamente Gideón Levy publica un lúcido artículo en Haaretz. Es del 13 de febrero de 2009, y quien quiera leerlo en inglés debe hacer click en el título en inglés más arriba.

Para quienes quieran leerlo en español, se presenta a continuación:

¿El sionistmo legitima todo acto de violencia?

Por Gideon Levy

La izquierda israelí murió en el año 2000. Desde entonces su cadáver ha estado yaciendo insepulto hasta que finalmente su certificado de defunción fue emitido, firmado, sellado y despachado el día de las últimas elecciones. El mismo que cargó el féretro en el 2000 fue el sepulturero de 2009: el ministro de defensa Ehud Barak. El hombre que logró sembrar la mentira acerca de no ser el socio de la derecha ha cosechado el fruto de sus semillas en esta elección. El funeral tuvo lugar hace pocos días.

La izquierda israelí ha muerto. Durante los últimos nueve años invocó el nombre del campo de la paz en vano. El Partido Laborista, Meretz y Kadima pretendieron hablar en su nombre, pero eso fue un engaño. El Laborismo y Kadima hicieron dos guerras y continuaron construyendo asentamientos en Cisjordania, y Meretz apoyó las dos guerras. La paz quedó huérfana. Los votantes israelíes, a quienes se indujo engañosamnte a pensar que no había con quién hablar entre los palestinos, y que la única respuesta a eso era la fuerza (guerras, asesinatos selectivos y asentamientos) les han dicho claramente en la elección: liquidamos definitivamente al Laborismo y a Meretz. Fue únicamente la inercia lo que les dio a esos partidos los pocos votos que tuvieron.

No había ninguna razón para que fuera diferente. Despues de muchos años en los que rara vez alguna protesta vino desde la izquierda, y la plaza ciudadana, la misma plaza que rugió después de Sabra y Chatila, estuvo callada, esta falta de protesta se vio también reflejada en las urnas. Líbano, Gaza, los chicos asesinados, las bombas racimo, las de fósforo blanco y todas las atrocidades de la ocupación, nada de eso llevó a la cobarde e indiferente izquierda a las calles. Aunque las ideas de la izquierda encontraron un punto de apoyo en el centro y a veces incluso en la derecha, todos los primeros ministros desde Ariel Sharon hasta Olmert han hablado en un lenguaje que alguna vez fue considerado radical. Pero la voz era la voz de la izquierda mientras las manos eran las manos de la derecha.

Al margen de este baile de disfraces existe otra izquierda, la izquierda marginal, que tiene determinación y coraje, pero es minúscula y está deslegitimada. La brecha entre esta y la otra izquierda fue, supuestamente, el sionismo. Hadash, Gush Shalom y otras fuerzas similares están fuera de la consideración de la mayoría de los judíos israelíes. ¿Porqué? Porque son “no sionistas”.

Y ¿qué es el Sionismo en nuestros días? Un arcaico y anticuado concepto nacido en una realidad diferente. Un vago y engañoso concepto que marca la diferencia entre lo permitido y lo proscripto. ¿Significa el sionismo asentamientos en los territorios? ¿Ocupación? ¿La legitimación de cada acto de violencia y de injusticia? La izquierda claudicó. Cualquier crítica al sionismo, incluso al sionismo de la ocupación, fue considerada un tabú que la izquierda no se atrevió a romper. La derecha monopolizó el sionismo, dejándole a la izquierda sólo su autojustificación.

¿Un estado judío y democrático? La izquierda sionista dijo sí automáticamente, esquivando las diferencias entre estas dos cosas, y sin atreverse a priorizar. ¿Legitimación para cada guerra? La izquierda sionista claudicó nuevamente: sí a comenzarlas y no a continuarlas, o algo parecido. ¿Resolver el problema de los refugiados y el derecho al retorno? ¿Reconocer los errores del 48? Ni hablar. Así es como esta izquierda ha llegado ahora, lógicamente, al final de su camino.

Cualquiera que quiera una izquierda significativa debe primero meter el Sionismo en el rincón de los trastos viejos. Hasta que un movimiento que con valentía sea capaz de darle un nuevo significado al Sionismo, separándose de la corriente principal, no podrá ampliarse la izquierda en Israel. No se puede ser a la vez sionista y de izquierda únicamente de acuerdo con la definición de la derecha. ¿Quién decidió que los asentamientos son sionistas y legítimos, y que luchar contra ellos no lo sea?

Este tabú debe romperse. Es posible no ser sionista, tal como hoy se define comúnmente. Es posible creer en el derecho de los judíos a un estado y aún así oponerse al sionismo que participa en la ocupación. Es posible creer que lo que pasó en 1948 puede ponerse en la agenda, pedir disculpas por la injusticia y actuar para reparar a las víctimas. Es posible oponerse a una guerra innecesaria desde hoy mismo. Es posible pensar que los árabes de Israel merecen los mismos derechos –culturales, sociales, y nacionales– que los judíos. Es posible plantear las inquietantes cuestiones sobre la imagen de las Fuerzas de Defensa de Israel como un ejército de ocupación, y es también posible querer el diálogo con Hamas.

Si Ud. prefiere, esto es el Sionismo, y si lo prefiere, esto es el Antisionismo. En cualquier caso, es legítimo y esencial para aquellos que no quieren ver a Israel caer víctima de las locuras de la derecha por muchos años más. Cualquiera que desee una izquierda israelí debe decir “basta” al Sionismo, al Sionismo cuyo control total ha sido tomado por la derecha.